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Evocación: Una entrevista a Conchita Cintrón

Jueves, 19 Feb 2009    México, D.F.    Carmen Madrazo / "Diálogos"   
Siempre habló con entrega

Conchita Cintrón, La diosa rubia del toreo

Dedicada al hogar, sus hijos, sus pensamientos, sus caballos y perros, vive quien fue la mejor rejoneadora que ha tenido La Fiesta de Toros.

-¿Desde cuando empezó Conchita Cintrón a tener afición por rejonear?

-Bueno, mira, primero nació en mi la afición por todos los animales: caballos, perros, lo que fuera. De eso, a la equitación a la alta escuela, concursos hípicos y después el toreo. Ya cuando descubrí la maravilla que es el torear, me interesó mucho más el toreo a pie. ¿Te cuento un detalle? Siempre a todas las ganaderías que iba, jamás llevé un caballo; una vez llegué a torear 80 vaquillas y en ningún momento pedí que me trajeran un caballo.

Toda mujer merece…

Por el año de 1939, a petición del matador Jesús Solórzano, llegó de Lima una jovencita rubia, de ojos claros, con escasos 17 años, acompañada de su maestro y gran amigo Ruy Da Cámara y de su gentil esposa, Asunción. Jesús Solórzano la había conocido en uno de los viajes que el matador había hecho al Perú y siempre pensó que Conchita Cintrón gustaría mucho en México. Su destreza para montar, su manera de rejonear y, sobre todo, su valor en el toreo a pie, eran cosas que los aficionados mexicanos deberían ver. Fuero años gloriosos para la encantadora jovencita y su presencia en los ruedos siempre fue muy grata. Gustaba, entusiasmaba a la gente y la gente salía contenta de haberla visto y aplaudido.

-¿Te tenían consideración los matadores por el hecho de ser mujer?

-Creo que sí me la tuvieron, porque toda mujer merece la consideración de un caballero.

-Me parece a mí que es muy difícil ver a una mujer torear y que ésta no pierda feminidad. Es algo que uno piensa y no va. Pero en tu caso eso nunca pasó. Tu juventud, tu belleza, tu hermosa figura femenina siempre la mostraste en los ruedos.

-No sé la razón por la cual no perdí la feminidad. Pero me supongo que una mujer…. ¿será muy difícil que deje de serlo  por el hecho de torear?, ¿o por hacer lo que sea?... Es una cosa tan natural en mí que no te puedo comentar a qué se debió.

-¿Consideras importante el rejoneo dentro de la Fiesta?

-Considero que son importantes todas las artes, e igualmente importante, que sean bien expresadas. O sea, el mal artista no interesa, haga lo que haga.

La Fiesta se descalabra

-¿Cómo ves ahora a la fiesta de los toros?

-Muy mal. Pésima. Sobre todo aquí en México. En España se ve al toro; las autoridades defienden la Fiesta. Ellos son los únicos que pueden defenderla. Las autoridades de España se imponen. No es difícil ver en la plaza de toros de Madrid un toro con 500 kilos. Claro que esto no quiere decir que no haya toros que caigan, pero eso… no sé, es una degeneración propia de la selección que se está haciendo a favor del torero. Las autoridades, te repito, son las únicas que pueden defender a la Fiesta Brava en México. Si éstas no intervienen, la Fiesta se descalabra. Pero mira, todo está viciado. Ya viste el otro día que se lidió un novillo de La Punta, con trapío y bravura, la gente se vuelve loca, pero los novilleros no saben qué hacer; pero además, para qué se van a exponer con este tipo de novillos si con el becerro tienen éxito y la gente está feliz.

-¿Hay algún torero que te emocione?

-Hay varios, pero depende de sus enemigos. Me fascinaba ver a Antonio Bienvenida; me encanta Curro Romero; pero es más fácil para mí hablar de Pepe Luis Vázquez o de Domingo Ortega.

-¿Y de los toreros actuales?

-Le he visto cosas deliciosas a Chuchito Solórzano; he visto torear con la mano izquierda a Manolo Martínez, una gran faena de Mariano Ramos, pero en realidad hay muy poca seriedad en los toros de México, pese a todas las opiniones contrarias, que son muchas. Los toreros no saben colocarse en la plaza, no tienen autoridad sobre sus cuadrillas; éstas son una vergüenza. La vergüenza es, precisamente, una cosa que falta. No hay afición, ni nada. Pero te repito, eso es un mal general; y está en todos los ambientes. Por ejemplo, en el ambiente armado, ¿cuándo se usaron las guerrillas? Ya no se da la cara por nada.

-¿Crees que la única meta del torero es ganar dinero?

-Por supuesto que sí. Eso es todo. Afición, definitivamente ya no hay. Una vez, el padre de los Bienvenida, porque antes eran los viejos banderilleros, padres o tíos, los que preparaban a los muchachos y no había aquello de ganar dinero. Pues te contaba, que entonces El Papa Negro, con uno de sus hijos, un chavalillo de 17 años, toreando una señora corrida de Miura, en Bilbao, salió asustado detrás del burladero, pues apenas acababa de tomar la alternativa, y su padre le dice: “Híncate de rodillas, que el toro no vale nada”. Eso, hoy día, ¿cuándo se lo dicen? Otra cosa muy desagradable son los apuntadores. Yo escribí un artículo que dice: “en el teatro del ruedo, el apuntador tiene un papel muy importante”. Aunque esto de los apuntadores viene desde Manolete, pues él tenía su apuntador: Camará. No hacía nada sin que éste no se lo dijese.

El toreo exige

-De haberte casado con alguien del ambiente taurino, ¿hubieses seguido toreando?

-No. Yo creo que no. No dejé los toros por el hecho de que mi marido no fuese del ambiente taurino, sin porque creo que el toreo exige la presencia total de la persona, física, espiritual e intelectualmente. La entrega tiene que se total. Cualquier arte al que una mujer se dedique, creo que es muy difícil compaginar la vida de casada con la vida del artista.

-Qué opinión tiene tu familia sobre La Diosa Rubia del Toreo?

-No sé, nunca se los he preguntado. Jamás hablamos de toros. Con decirte que en casa no hay una sola fotografía taurina. Así que no sé que opinión tengan.

-Después de haber tenido una juventud llena de emociones y peligro, no te pareció aburrida la vida hogareña?

-Sinceramente, nunca me he aburrido en mi vida.

-¿A qué lo atribuyes?

-Pues el día que me aburra te lo digo. Aunque mira, un artista que ha tenido contacto con el público, es muy difícil que se aburra. A mí, por ejemplo, toda la vida me ha gustado escribir. Desde que toreaba ya escribía. Y eso ha seguido en mi vida, no se ha detenido. Me gusta mucho hacerlo. También me gusta observar el mundo, me encanta todo. Un libro, un concierto, una obra de teatro, una buena corrida de toros, una tertulia, una poesía, todo eso me parece fascinante. Luego, si tiene uno hijos, pues los problemas de ellos, la ilusión de verlos crecer. En fin, que considero muy difícil el que uno se aburra.

-¿Conservas todo lo que has escrito?

-¡Ay!, hija, no me hables de eso… Sí, se supone que sí. Llevo una temporada que estoy recopilando todo. Tengo un infierno de papeles y todo lo que he escrito ahora ya me parece aburrido; pero lo estoy haciendo, pues me lo van a publicar en un libro. Ya estoy en tratos con una editorial para hacerlo.

Es más fácil

-A lo largo de tus estancias en Guadalajara, has hecho amistad con muchas personas, ¿qué supone para ti que al familia Vergara haya bautizado su hípico como “Hípico Portugués Cochita Cintrón”?

-Ellos compraron unas yeguas de un amigo mío y las trajeron para acá. Más tarde tuvieron la encantadora idea de ponerle al hípico ese nombre en honor de mi maestro Ruy, y de mí, y yo les estoy muy agradecida por ello.

-¿Has pensado en impartir clases de equitación?

-Te voy a contestar con sinceridad: es más fácil para mí adiestrar un caballo, porque lo puedes montar cuando tú quieras, como quieras, en silencio absoluto, y tienes la seguridad de que está en la cuadra dispuesto y listo para cuando lo quieras adiestrar. En cambio, el alumno, te lo digo por la experiencia que tengo, es un problema. Viene una vez, pasan diez días y no vuelve; regresa al mes. En fin, mil dificultades. De 500 o más alumnos que tuvo mi maestro, sólo sacó a tres: otros dos y yo. Hace falta mucha dedicación; una dedicación absoluta del jinete, sin eso no se puede hacer nada. Teniendo un alumno que quiera y le interese, es delicioso trabajar con él. Entonces, sí estás con el alumno todo el tiempo que es necesario, pues sabes que él realmente desea aprender.

-¿Y has pensado en dar clases de rejoneo?

-No. No estoy hecha para eso. Nunca lo he pensado, soy más introvertida para eso. Además, tiene que haber contacto personal y agradable. No, definitivamente no, es muy difícil. ¿Qué artista ha tenido un alumno? Casi siempre éstos van a los profesores de música, al que se dedique a eso. Es muy distinto ser rejoneador o torero a ser profesor y pienso que ser maestro es sumamente difícil.

Agradable mujer. Su conversación es fluida, sincera. Sería muy grato poder estar unas cuantas horas más charlando con ella, pero es el momento de despedirme. Dejo a Conchita Cintrón en el picadero, montada sobre una yegua. Observo su figura; la seriedad que pone a la doma. Miro su cautivadora feminidad. Y mientras ella sigue adiestrando a la yegua, pienso en la poesía que ella escribió de cómo quisiera irse:

Quisiera irme

Quisiera irme con la tarde,
entre aromas de jazmín y madreselva,
Con el luto en los horizontes, y el pájaro cansado
En el crepúsculo de mis horas, quisiera irme.
quedo, muy quedo, en busca de la aurora.
Quedo, muy quedo, como se va la tarde.


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