La corrida de Barralva mantuvo el interés del público, no sólo por el tipo de los toros de encaste Atanasio, tan distinto al del toro mexicano, sino por el juego que dieron en varas, los aparatosos tumbos que provocaron y la bravura que varios de ellos desarrollaron en la muleta.
Y aunque el lote más desigual en comportamiento le tocó al colombiano Luis Bolívar, que hacía su presentación en ruedos de México, su actuación fue muy solvente en una tarde de gran compromiso por la catadura que tenía la corrida.
Las miradas se centraron en el quite del colombiano, que fue por estrujantes saltilleras en las que le dio ventajas al toro porque sacó el capote detrás de la espalda en el último momento de cada lance, una creación del maestro Fermín Espinosa "Armillita" que se ve poco en la actualidad.
El toro llegó a la muleta con cierta debilidad, pero eso no fue impedimento para que Luis templara las embestidas con mucho pulso en muletazos mandones, sentidos, en los que se cimbró sobre la arena gallardamente.
La gente se metió por completo en la faena y le coreó olés con fuerza, mientras el caleño se enseñoreba y hacía gala de su bien aprendido oficio. Entró a matar por derecho y colocó una estocada entera, un tanto desprendida, que tuvo efectos fulminantes. Así fue como cortó la primera oreja de su carrera en suelo azteca.
Y si el tercero había sido un toro para aprovecharlo, como de hecho sucedió, el destino le puso en sexto lugar a un ejemplar muy complicado, que rebañaba con peligro y buscaba al torero de continuo.
Bolívar le robó pases de valía, saliéndole adelante para ganarle la intención, en otra faena emocionante, en la que el público reconoció su esfuerzo.
Ojalá que esta primera corrida sirva para abrir otras puertas a un torero honrado y profesional, al que le avalan sus recientes temporadas en cosos de España y Francia, donde se ha ganado un lugar a base de sudor y sangre.
Afortunadamente el juez de plaza no atendió la petición del público para devolver al segundo, que de salida hizo cosas inciertas, tropezaba y se emplazó. Sin embargo, fue calentándose en una conducta propia de su encaste y minutos más tarde derribó estrepitosamente al caballo del picador Cruz Prado, con el que se enceló de forma espectacular hasta asestarle dos fuertes cornadas.
Entonces ya nadie pidió que el toro fuera devuelto, y Fernando Ochoa hizo una entonada faena por el pitón derecho. La variedad de los pases y la alegría del moreliano contagiaron al público, que vio con agrado su disposición de hacer bien las cosas.
Cuando parecía que podía cortar una oreja, emborronó el trasteo con un deficiente manejo de la espada hasta escuchar dos amargos avisos. Cabe decir que nunca buscó aliviarse con una estocada baja, pues siempre se tiró a matar arriba.
Al quinto lo dejó ir al tercio y después a las tablas, en vez de torearlo en los medios, el terreno donde pudo haber desarrollado más continuidad en sus embestidas.
De mitad de faena hacia delante hubo más calado en el tendido y como mató de una estocada certera un sector del público le llamó a saludar y escuchó división de opiniones.
Federico Pizarro trazó una faena de meno a más al primero de la tarde, un ejemplar que embestía bien por el pitón izquierdo. El torero capitalino lo obligó a meter la cara y terminó toreándolo con temple en medio del contento general de al concurrencia.
Por el otro lado no era fácil, porque hacía hilo en la muleta y era preciso despedirlo con precisión para no verse rebasado por el toro, al que al final no consiguió matar con prontitud.
Contagiado por la presión de la gente, no lo vio claro con el cuarto, que apuntó excelentes condiciones. Los reiterados enganchones de muleta pusieron las cosas cuesta arriba, y perdió el rumbo de una actuación que había comenzado con buenos augurios.
Mención especial merecen los picadores Cruz Prado, Juan Pablo González, David Leos, Héctor Cobos y Bernardo Hernández "El Chivas", que se levantaron sin mirarse la ropa después de los impresionantes tumbos que sufrieron. ¡Un aplauso a los picadores valientes!
Domingo 1 de noviembre de 2009. Tercera corrida de la temporada. Un tercio de entrada en tarde espléndida. Toros de Barralva, bien presentados, varios clavados en tipo de Atanasio, buenos en general, salvo el 6o. que fue complicado. Sobresalió el 3o. por su calidad, y fue premiado con arrastre lento. Pesos: 555, 480, 480, 490, 515 y 520 kilos. Federico Pizarro (burdeos y oro): Palmas y pitos. Fernando Ochoa (azul purísima y oro): Pitos tras dos avisos y división al saludar. Luis Bolívar (sangre de toro y oro): Oreja y palmas. Destacaron en banderillas Alfredo Acosta y Gustavo Campos, que saludaron. Al final del festejo el ganadero Ramón Álvarez recibió una fuerte ovación.