Una de las corridas estelares de la feria de Teziutlán se saldó con el indulto del toro “Yaqui”, de San Pablo, al que Zotoluco cuajó una gran faena, plagada de inteligencia que desembocó en el perdón de la vida del único ejemplar que funcionó a cabalidad del encierro del ganadero Paviche.
Y si miramos las cosas con positivismo, la decisión del juez de plaza, el matador Raúl García, fue atendiendo una petición que, minutos después, causó cierta confusión porque hubo protestas cuando el alguacilillo le entregó los trofeos simbólicos.
Al margen de esta consideración, cabe resaltar la ilusión con la que Arturo Macías y José Mauricio afrontaban este compromiso, en una feria importante y al lado de la figura consagrada. Pero hoy la suerte la tuvieron de espaldas porque sus toros dieron poca –o casi nula opción– de lucimiento y se vieron obligados a hacer un esfuerzo que no tuvo recompensa alguna.
"Yaqui" tenía hechuras para embestir y no falló seguramente porque su estirpe le permitió sacar el fondo de nobleza necesario para la lidia larga y exigente a la que fue sometido.
¿Qué si era de indulto? Hombre, pues, sinceramente, para que un toro sea indultado es preciso que sea muy bravo, cumplir cabalmente en el tercio de varas y desarrollar buen estilo y tener duración en la muleta.
A "Yaqui" sólo se le dio un puyazo medido, pues toda la corrida estaba acusando falta de fuerza, tal vez porque varios de los toros estaban excedidos de kilos, y desde la hora del sorteo se presentía que podían durar poco.
Y cuando Zotoluco comenzó la faena de rodillas, no adivinó que el toro iba a darse un batacazo tras la vuelta de campana, sinónimo de que sí metía el morro por la arena. Así que el mérito del trasteo fue cuidarlo, darle pausa a las series e ir construyendo, paulatinamente, una obra de buen toreo.
El mejor momento de la faena sobrevino cuando Lalo toreó al natural, pues relajó la planta de manera sobrenatural y cuajó pases de mucha soltura que le llegaron a la gente.
A partir de entonces empezó a gestarse la petición del indulto, y Zotoluco volvió a la mano derecha, por la que el toro siempre tiró un derrote incómodo y difícil de atemperar. No obstante, consiguió también por este pitón instantes de mucha reciedumbre hasta que llegó el premio para el toro, que regresó a los corrales en medio de una incomprensible división de opiniones. Bien dicen que los públicos suelen ser veleidosos.
Zotoluco dio la vuelta al ruedo con el buen amigo Paviche, que estaba feliz por haber conseguido el primer indulto de su trayectoria. Ojalá que en un futuro cercano hablemos de que en una corrida le salieron cinco toros buenos y uno malo, y no al revés, porque si el toro que abrió plaza apuntó ciertas cosas atractivas, lo cierto es que se apagó pronto, lo que no fue impedimento para que Zotoluco le cortara una oreja benévola tras una estocada caída que ejecutó a paso de banderillas.
José Mauricio pudo obtener un apéndice al tercero, pero no estuvo fino con la espada. A base de aguante, le hizo una faena interesante, de reminiscencias ojedistas, metido siempre entre los pitones, y con una gran decisión de ánimo de la que sobresalieron varias dosantinas con la mano izquierda.
El sexto, parecido en tipo a "Yaqui", engañó a más de algunos porque se le picó poco por orden expresa del matador, y llegó a la muleta con mucho genio, poniéndose por delante y con ganas de levantarle los pies de la arena José Mauricio. La faena, como era de esperarse, fue breve y, otra vez, no tuvo la rúbrica del acero.
Arturo Macías bosquejó una primera faena que parecía iba a ir hacia arriba, ya que el cárdeno, que manseó en varas, llegó a la muleta con un aceptable pitón derecho, lado por el que le dio series que agradaron al público. Pero un par de achuchones y la incomodidad del toro le impidieron redondear.
El quinto fue un inválido que cortaba el viaje por su falta de fuerza, y prácticamente no había forma de hacerle nada, así que el hidrocálido decidió abreviar pero sin eficacia con la espada, tal y como le había ocurrido a su joven compañero de cartel.
Domingo 8 de agosto de 2009. Segunda de feria. Más de tres cuartos de entrada. 6 Toros de San Pablo, bien presentados y de juego desigual. Sobresalió el 4o. por su transmisión y fue indultado entre algunas protestas. Pesos: 532, 475, 480, 495, 530 y 490 kilos. Zotoluco (azul rey y oro): Oreja y dos orejas y rabo simbólicos. Arturo Macías (granate y azabache): Palmas tras aviso y pitos. José Mauricio: Palmas en su lote. Destacó con las banderillas Sergio González. El toro indultado se llama \"Yaqui\", número 89, castaño salpicado.