Sí, ya uno pasó a la siguiente novillada, pero sin rivalidad y con compañerismo, ambos salieron a darlo todo esta tarde en la “Vicente Segura” de Pachuca, en lo que ha sido la segunda novillada del certamen “Descubriendo un torero”, que a la postre ha sido un festejo de sumo interés, porque las reses no “les dejaron claras” las cosas a los muchachos, eso sin decir las malas condiciones del ruedo por un aguacero que cayó previo al festejo y que por poco hace que se suspenda la función.
Y ya decimos, sin promoción ni publicidad, seguirá sin ir la gente, porque es un público difícil el de Pachuca para cualquier actividad, y no se diga para los toros.
Así, Luis Ignacio Escobedo se enfrentó al novillo de La Gasca, escurrido en carnes y con voluntad para embestir. Tardó en acometer al picador y apenas iniciada la faena de muleta rodó por la arena, tardando en recuperarse más que levantarse. El animal tenía fijeza y voluntad, pero no le ayudaba la condición en la que estaba. De todas maneras, el novillero se esforzó, logrando algunos ayudados con aseo, y bien pudo haber logrado algo más, de no ser por la debilidad de la res.
Cayetano Delgado repitió de la novillada anterior, por lo hecho ante un novillo muy bravo de Torreón de Cañas. Hoy, ante uno de Huichapan, complicado, no se vino a menos. Al muchacho le falta “placearse”, y a su trasteo le faltó consistencia, estructura, pero corazón tiene. Cumplió en varas la res y nunca abrió el hocico, es cierto que repetía y tenía fijeza, pero lo hacía sin estilo, a veces incluso violento, terminando con la cara arriba luego de que el novillero, también es cierto, le faltara templarlo. Así, le pegó pases por ambos lados, algunos en los que se dejó enganchar el engaño.
Carlos Pereda se fue a los medios a saludar a otro novillo (como el de la semana anterior), avacado de hechuras, de Juan Huerta, que apenas se pudo ver en el tercio de varas y al que banderilleó con gusto y decisión por lo que fue ovacionado. De muleta el animal humillaba, es verdad, pero lo hacía de manera violenta, y regresando en dos manos, y al final, tratando de orientarse. Este muchacho se llevó una maroma pero siempre regresó, tratando de de estar a la altura de las circunstancias, lo que el público se lo agradeció siempre. Por el pitón izquierdo pasaba mejor la res, pero su acometida siempre fue incómoda. De no haber fallado con el acero hubiera paseado un trofeo, pero en cambio dio una vuelta con fuerza.
Cerró plaza Pablo Vite con el novillo de La Muralla, abanto de salida con el que cumplió bien al torearlo con el percal. De muleta mostró las carencias propias de la falta de experiencia, pero, se le vio sereno, con buen valor, y eso le ayudó a completar tandas meritorias pues la res no perdonaba no estar bien colocado, en su distancia y que no le dieron el toque con el engaño, tan es así que se lo echó a los lomos en dos ocasiones, mismas que el muchacho no “anotó” y se paró siempre para extraerle los muletazos con decisión. Los pases que le pegó tuvieron eco en el tendido, siempre quedándose quieto. También falló con el acero, que no fue al final pretexto para que diera la vuelta al ruedo y pasara a completar el cartel de la tercera novillada.
Ya casi a puerta cerrada, a Alejandro Lomelín le echaron un novillo de Coaxamaluca que en el entorilamiento se despitorró del cuerno derecho. El animal tuvo mucho poder pero también genio, desarrollando sentido (quizá por la condición de estar lastimado), con el que estuvo digno, lidiando de manera eficaz porque no había otra que hacerle, y al que despachó de estocada caída al segundo viaje con el acero