Su propia revolución le hace justicia (fotos)
Domingo, 05 May 2013
Zacatecas, Zac.
Juan Antonio de Labra | Foto: Felipe Pescador
Le tumbó las oreja sa un astado de obsequio
Juan José Padilla debutó en la Monumental Zacatecas con un triunfo de puerta grande. Pero no se crean que fue un triunfo fácil de conseguir. ¡Qué va! El jerezano tuvo que esforzarse al máximo hasta conseguir su objetivo final: tumbarle dos orejas a un toro y atravesar a hombros el redondel cobijado por el cariño de la gente.
Y si no hubiera sido por la inexplicable negativa del juez de plaza, Manuel Esparza –nuevo, por cierto, en el cargo–, otro gallo le hubiese cantado a Juan José prácticamente desde el principio del mano a mano con Antonio Romero.
Porque resulta ilógico que habiendo colocado una estocada deletreada, tras una faena aceptable, la autoridad le negara la oreja que pedía el público. La ejecución de la suerte fue impecable, pues Padilla marcó los tiempos y cobró un espadazo rotundo del que salió el toro muerto de la mano. Pero ni así pudo hacerse con un primer trofeo, no obstante que el público lo pidió con insistencia.
En el tercer toro de su lote ocurrió otro tanto igual, y ni siquiera porque la faena fue todavía más redonda. Tres cuartos de acero en buen sitio, petición de oreja y… nada; mutismo en el biombo. Me figuro que a estas alturas de la tarde, Juan José no daba crédito a lo que pasaba. Huelga decir que, en ambos casos, el público lo obligó a dar dos ovacionadas vueltas al ruedo. ¡Pero faltaban las peludas, caray!
Y como que el torero andaluz no podía marcharse así de Zacatecas y tampoco el público, que había disfrutado su histrionismo, sus quites, sus pares de banderillas, sus desplantes, sus detalles de toreo bueno, como un ramillete de verónicas de rodillas o distintas series de redondos o naturales. Y también había gozado con los cabezazos al toro en el lomo, mientras se escondía en la pala y giraba como en un volantín taurino, y otra suerte de excentricidades de su pirotécnica puesta en escena.
De tal forma que decidió regalar un toro de Pilar Labastida que se movió más que los de Lebrija, y aprovechó para sacar a relucir su arsenal de diversión; porque el toreo también puede ser divertido, aunque los más puristas lo duden. Y desde luego que toreros como Juan José tienen cabida en este caleidoscopio que es la Fiesta.
La faena a este ejemplar fue, de principio a fin, un dechado de conexión con el tendido y al final, como para hacer más evidente que iba a reventar al toro con la espada –y que el juez viera bien la suerte de suprema– se llevó al morito hasta la boca de riego y allí mismo lo tumbó de una estocada fulminante que provocó la explosión de júbilo en el tendido.
Ahora sí, a don Manuel no le quedó más remedio que sacar los dos pañuelos blancos, pasaporte directo al triunfo de Juan José Padilla, que terminó por encontrar justicia en su propio revolución, la que formó con capote, banderillas, muleta y espada.
Al lado de un torero de tanta experiencia, que a lo largo de su carrera se zumbó marrajos de mucho respeto, contrastó el verdor de Antonio Romero, que buscó afanosamente estar a la altura del compromiso y sólo en el último toro de su lote, el más hecho del encierro, consiguió torear con ese buen concepto que ha demostrado en ocasiones anteriores.
Los naturales, los redondos o lo pases de pecho tuvieron trazo y limpieza; lo malo fue que el de Lebrija duró poco y el zacatecano no pudo dar el acabado preciso al trasteo. Al margen de que hoy se fue de vacío en su plaza, se agradece el gesto de haberse sobrepuesto a una espeluznante voltereta de la que cayó de muy mala manera.
Y mientras Romero se marchaba de la plaza golpeado y cabizbajo, ahí iba Juan José Padilla en volandas, feliz de la vida, enseñoreando con orgullo la fortaleza de su espíritu y la grandeza de su persona.
Ficha Zacatecas. Zac.- Plaza Monumental. Corrida extraordinaria. Poco más de un tercio de entrada en tarde espléndida. Seis toros de
Lebrija, parejos de presentación y hechuras, de escaso juego en su conjunto, salvó 1o. y 6o., que fueron los más potables. Pesos: 460, 471, 510, 470, 481, 564 y 483 kilos.
Juan José Padilla: (nazareno y oro con remates negros): Vuelta tras petición, palmas tras aviso, vuelta tras petición y dos orejas en el de regalo. Antonio Romero (azul rey y oro): Ovación, palmas tras aviso y silencio. Incidencias: Padilla permitió hacer un quite en el 5o. al sobresaliente César Montes, que fue ovacionado. La corrida quedó finalmente en mano a mano debido al percance que El Pana sufrió el pasado miércoles en Aguascalientes. Destacó en varas Antonio Montoliú, de la cuadrilla de Padilla.
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