Con la disposición mostrada toda la tarde Angelino recibió a su segundo en el tercio de rodillas, siendo breve después su labor con el percal, el toro después de un puyazo perdió las manos pero el matador logró instrumentar un quite por mandiles aseado. A petición del torero se cambió el tercio de banderillas con dos pares tras lo cual fue a brindar este ejemplar a la gobernadora Lorena Cuéllar.
El toro empezó yendo bien por el derecho lo que aprovechó el matador para trazar series de ayudados al son de Las Golondrinas, esbozó algún natural volviendo pronto al lado derecho, empezó a salir suelto el toro por lo que se perfiló para entrar a matar dejando espadazo muy contrario que hizo efecto. Nos pareció que el premio de dos orejas a todas luces excesivas se debió al cumpleaños del matador que lo celebró ayer, manteniendo ese criterio en la premiación, al toro se le dio vuelta al ruedo totalmente fuera de cacho.
Sin embargo el que abrió plaza empujó en varas, tuvo calidad en la embestida y fue emotivo, con ese, decidió clavar banderillas sin lucimiento pues dejó solo dos palos; el brindis fue para su señora madre y supo aprovechar las repetidas embestidas del animal en series fundamentalmente derechistas sin estrecharse, dejó estocada honda que hizo doblar recibiendo el primer apéndice de la tarde.
Se quedó quieto Diego en el saludo capotero con buenas verónicas y tras un puyazo se hizo aplaudir en un quite por gaoneras. Una serie de estatuarios fueron el prólogo del trasteo al que siguieron aceptables naturales quedando inconclusos ya que el toro se empezó a escupir y a perder gas. Una serie empeñosa logró con la derecha, para terminar de dos pinchazos y estocada entera retirándose en silencio.
Un extraño le hizo de salida su segundo al que Diego fue metiendo en vereda; el varilarguero apenas le dio un pellizco y así se cambió el tercio. Ya con la muleta vimos muletazos suaves caminándole bien al castaño, intentó torear por ambos perfiles en la zona de tablas, desluciéndose la labor silvetista con el toro saliendo suelto. Agregó luquesinas para cerrar su trasteo y tras sus fallas con la toledana todo quedó en una ovación.
Sin lugar a dudas la entrada se debió a la expectación que había por ver a Juan Ortega quien con un lote deslucido dejó constancia a cuentagotas de su arte y buen quehacer taurino. Con suavidad veroniqueó a su primero recreándose en la suerte arrancando los olés del tendido; trasero fue el puyazo y sus lances patijuntos en el quite le jalearon. Brindo al público su trasteo que tuvo momentos muy bellos como unos pases del desdén para pintarse. Su labor acertada fue breve rematando con doblones toreros, la espada le jugó una mala pasada y le sonaron un aviso tras el que escuchó palmas.
Apretado de encornadura fue el que cerró plaza, Ortega dejó de nuevo constancia de su arte al lancear no hubo quites. El inicio de faena fue doblándose con mucho sabor, posteriormente se empeñó en sacarle muletazos llevándose incluso un susto cuando fue cogido sin consecuencias; siguió con deseos de agradar consiguiendo poco volviendo a pinchar terminando en silencio.