La cuarta edición acalitana de la Corrida de la Insurgencia, que hoy llegó a su décimo capítulo desde que se hizo institucional en la plaza "Oriente" de San Miguel de Allende, no tuvo la brillantez de otras ocasiones, en gran medida porque sólo dos toros de cada uno de los hierros anunciados -La Asunción y Santa Inés- dieron buen juego, y también porque Román y Octavio García "El Payo", estuvieron erráticos con la espada.
De Juan Pablo Sánchez, que pechó con un lote que no ofreció ninguna posibilidad de triunfo, poco se puede contar, salvo que estuvo esforzado y trató, a toda costa, de resolver la problemática que le plantearon sus toros.
Lo más destacado fue su habilidosa estocada al segundo, que se acabó refugiando en tablas, luego de estar terciándose, y prácticamente pegado a la barrer, ahí lo tumbó de la única estocada eficaz colocada al primer viaje en toda la tarde-noche de este festejo temático que siempre tiene una atmósfera muy especial, y una producción hecha con inmenso cariño.
El quinto de la tarde, de Santa Inés, se parecía mucho a aquel famoso "Vidriero", de Pepe Garfías, al que Miguel Espinosa "Armillita" le cortó el rabo en la Plaza México hace 30 años. Pero sólo en capa y tipo, porque en comportamiento fue la antítesis de aquel ejemplar.
Desde que apareció en el ruedo manseó y no hubo forma de meterlo en la muleta, por lo que, en un exceso de confianza, al estar metido entre los pitones, le echó mano a Juan Pablo, levantándolo por una corva y tirándolo a la arena para terminar arrollándolo.
Una vez que solventó este desaguisado, trató de acosar el toro para sacarle algún provecho, y al rematar un muletazo rebañó con fuerza y le prendió por la entrepierna, en la parte trasera de un glúteo, por lo que la paliza que llevaba no era cosa menor. Se lo quitó de enfrente como pudo y tuvo que tragarse la amargura de que hoy las cosas no le salieron como esperaba. Así es esto. Ni hablar.
Sus compañeros de cartel protagonizaron las únicas dos faenas relevantes de la noche, tanto con el toro que abrió plaza como el sexto, de ambos hierros anunciados, respectivamente.
El primero de la tarde fue el del debut como ganadero de Joselito Adame y su socio, Luis Morán "Gary", como le apodan, y fue bravo y emotivo. El Payo lo toreó con suavidad y elegancia, al compás de la música interpretada por la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, dirigida por el maestro Román Revueltas.
Ya desde los lances a la verónica y las medias que le dio había mostrado cuál iba a ser el tono expresivo de aquella lidia, y así siguió, andando con personalidad en el ruedo, y dejando ver ese concepto artístico del que forma parte de su quehacer, que lo ha convertido en un torero para los buenos paladares.
Los fallos a espadas le privaron del triunfo, y aunque en el cuarto de la noche entrada quiso resarcirse, el de Santa Inés se rajó pronto y no hubo posibilidades de redondear nada, por lo que únicamente dejó esa estela de la lidia a su primer toro, que fue un deleite.
Román no había podido hacer nada con el tercero, del hierro de La Asunción, pues apenas y le regaló unas cuantas embestidas humilladas hasta que empezó a salir suelto de la muleta, por lo que el valenciano abrevió.
Pero en el sexto, un toro clavado en el tipo de Teófilo Gómez, sangre con la que está formada la divisa de Santa Inés, encendió la noche con una faena vibrante, en medio de la algarabía del público, que se puso a su favor con ganas de que aquello terminara en un triunfo.
Tras el saludo de capote con unas chicuelinas de bonito trazo, luego inició la faena con unos estatuarios, para luego seguir toreando en los medios, en redondo, con la enjundia que exigía el toro y bajo los acordes del aria "Nessun dorma", de la ópera "Turandot" de Puccini, bellamente interpretada por el tenor Kassem Liévanos.
Y aquel fue el punto de inflexión de la noche, que se había desbarrancado con el juego de los cuatro toros anteriores, hasta que surgió nuevamente la magia del toreo.
Pero en un afán de alargar de más la faena, sin necesidad alguna, y ya cuando el toro le pedía la muerte, Román terminó emborronando su obra con media docena de pinchazos para retirarse con la cara gacha, en medio de las protestas del público que, un tanto injusto, sintió que todo se había torcido.
Al final, el "Huapango" de Moncayo los fuegos artificiales, iluminaron la noche acalitana, en la que el toreo se hizo sin el colofón del triunfo, ése que siempre devuelve la alegría a la gente. No obstante, la Corrida de la Insurgencia demostró que es el festejo temático mejor organizado de cuantos se llevan a cabo en México, y que esta noche también incorporó un piano con el que se interpretó un movimiento del famoso concierto "Emperador" de Beethoven, en manos de Aarón Juárez.
Música y toreo; toreo y música, dos artes vinculantes en los que la inspiración apareció de manera especial, en una noche en la que el resultado final se quedó a un tris de llegar con éxito, si las espadas de El Payo y Román hubiesen tenido la puntería adecuada.