Primero el chubasco que cayó previo al festejo. Luego, el afanoso trabajo del personal de plaza para dejar el ruedo en condiciones aceptables para la lidia. Un poco más tarde, un toro despitorrado, y torero de mal humor y, después, una nueva llovizna, inoportuna y molesta. ¿Eso es todo? No, pues hay que sumar a la lista y el desánimo colectivo el pobre juego del encierro de Torrecilla. Así que no faltó detalle a la contra.
Por todo ello, una de las dos tardes más representativas de la Feria de Zacatecas, como es el 8 de septiembre, fecha en que se conmemora la fundación de la ciudad y se venera a la virgen del Patrocinio, la llamada "Corrida del Gobernador" fue literalmente ingobernable. Aunque eso sí, sin el mandatario estatal como testigo de estos hechos. Por lo menos. Porque él tampoco hubiera disfrutado la tarde.
El encierro de Torrecilla era una escalera de hechuras, y comenzó con un primer toro que tuvo su picantito, y al que Juan Pablo Sánchez trató de convencer a embestir por el pitón derecho, pues por el izquierdo, al parecer no tenía un pase. Pero eso no se pudo constatar fehacientemente porque por ese pitón, nanay, el acalitano no se puso.
Si le robó algunos pases meritorios, fueron más de trámite que de compromiso, y para salir avante y esperar que el cuarto tuviera mejor condición en sus embestidas. Y no se equivocó el muletero de dinastía porque ese otro ejemplar fue manejable y tuvo un momentito en que le permitió templar y gustarse a su manera, mientras que el público, ya calado hasta los huesos a esas alturas de la corrida, se animaba a aplaudir quizá para sacudirse la humedad.
Al final, no pasó la cosa a mayores y Juan Pablo le dio vuelta a otra página en una plaza donde todavía se recuerda aquella gran faena de 2016 al extraordinario "Borrachito", de Santa Fe del Campo, en la que toro y torero se fundieron en una obra “a la mexicana”, y a propósito de las Fiestas Patrias.
El segundo de la tarde se estrelló violentamente en uno de los burladeros y se partió el pitón derecho a mitad de la cepa, por al parte de arriba. Sin embargo, la fractura no era muy notoria, por lo que el juez de plaza, con buen criterio, espero a ver qué sucedía en la suerte de varas… y sucedió lo que se temía: el pitón se le aflojó mucho más y ya era muy notoria la desgracia, por lo que hubo necesidad de cambiarlo.
El tímido cabestro que saltó al ruedo con la finalidad de acompañar al de Torrecilla, acabó pegándole una embestida al entusiasta y dinámico monosabio Fabián de Ávila, que no tuvo más opción que tomar el olivo entre la carcajada jocosa de la gente. Posteriormente, fue imposible devolverlo y la autoridad le solicitó a Sergio que le diera muerte lo que, ciertamente, no era su obligación.
Pero las circunstancias así lo obligaban y apechugó de muy mala gana para despenarlo de un pinchazo a la trágala y un infame bajonazo, de los que ni el maestro Curro Romero se hubiera atrevido a firmar. Cuando Sergio iba a la barrera se encaró con un espectador durante algunos segundos, ya cuando la tarde tendía a desbarrancarse.
El toledano Álvaro Lorenzo, que hoy debutaba en México, sorteó un primer toro agarrado al piso que no le permitió sino tratar de sacarle algún muletazo de mérito, antes de estar desacertado con la espada para retirarse entre los pitos de la gente, que seguía acumulando amargura.
El cuarto de la aciaga función, segundo del lote de Juan Pablo Sánchez, dio muestras de tener voluntad de embestir, pero sólo en contadas tandas que le dio con su característico temple, llevándolo sometido y muy en la línea, pero sin que la faena alcanzara vuelo y no pasó nada más.
Y menos mal que Sergio salió con otra actitud en el quinto, un zapatito, que fue bravo en varas y embistió al caballo del picador Omar Morales metiendo los riñones, con la cara debajo del estribo y mucha nobleza, lo que aprovechó el hijo del "Güero de la Capilla" para darle un buen puyazo. Ese instante tuvo emoción, pero luego el toro vino a menos y por más intentos que hizo Sergio por agradar, con el público y la banda tocando a su favor, tampoco consiguió que el trasteo remontara.
Así estaban las cosas cuando saltó a la arena el sexto, un toro alto, cárdeno, agradable por delante, que salió soseando al capote de Álvaro Lorenzo. Después de banderilleado, el de Torrecilla empezó a embestir con nobleza, y la cara a media altura, por lo que el toledano le dio muletazos elegantes, con soltura y seguridad, en lo que parecía que aquella iba a ser la mejor faena de la corrida.
Pero a mitad del trasteo el de Torrecilla se desentendió de la muleta del torero español y la emoción se vino a pique. Para colmo de males, Álvaro volvió a estar errático con la espada y también con el descabello, por lo que escuchó dos avisos y los pitos de la gente, que salió de la plaza decepcionada, sin conceder siquiera un voto de confianza a la famosa divisa de Torrecilla.
Esta histórica divisa hoy está en manos de Sergio Bonilla, quien está tratando de rescatarla y hace pocos años comenzó a recorrer un camino largo y sinuoso, pero con la ilusión y el cariño de sacarla adelante, lo que, seguramente, se podrá constatar todavía de aquí a algunos años gracias a la inyección de simiente de Santa Bárbara, cuyas vacas y sementales ya viven en El Sauz.
Desde luego que esto al público no le interesa, y quiere ver torear, disfrutar, jalear las faenas y salir contenta del coso, lo que hoy no pudo ser. Ah, y del Escapulario de Plata que estaba en disputa no se dijo nada, porque era evidente que se iba a quedar en su estuche.
Esperemos que la corrida de Guadiana anunciada para el sábado 12 de septiembre, la siguiente en la cartelería, devuelva la alegría a la gente con la presencia de tres diestros zacatecanos: Antonio Romero, Luis Ignacio Escobedo y Ángel Espinoza "Platerito", quienes buscarán revertir la tarde de hoy, que fue tan irremediablemente complicada.