El rejoneador Fauro Aloi abrió el festejo a caballo y marcó pronto el tono triunfal de la noche al cortar una oreja al primer toro de Pepe Garfias, después de una actuación de entrega y conexión con los tendidos.
Después apareció "Papalote", de 450 kilos, primero del lote de Fermín Rivera. El potosino buscó el trazo largo y templado por el pitón derecho ante un toro al que le faltaron transmisión y fondo. Rivera puso oficio y madurez para sostener una faena que no pudo rematar con la espada.
Con "Pelayo", de 514 kilos, corrido en cuarto lugar, la historia fue todavía más cuesta arriba. El toro, aplomado y sin recorrido, negó prácticamente cualquier posibilidad de triunfo. Sin embargo, Rivera insistió, le buscó las vueltas y terminó escuchando división de opiniones.
Pero la noche cambió con "Colón", de 448 kilos. El toro tuvo bravura y Leo Valadez respondió con la misma moneda, pues lo recibió de rodillas y luego tomó las banderillas y encendió definitivamente al púbico.
De hinojos inició una faena vibrante que luego creció en variedad, hondura y verdad. Toro y torero se encontraron en un pulso de entrega que sostuvo el interés hasta el final. Las manoletinas cerraron una obra importante que el acero impidió premiar con mayor contundencia. Aun así, la petición fue mayoritaria y cortó una oreja. "Colón" fue ovacionado en el arrastre.
Bruno Aloi dejó una grata dimensión con "Caporal", de 500 kilos. Hubo finura con el capote y un elegante quite por saltilleras antes de brindar al matador Fabián Barba. El toro buscó pronto la huida, pero Aloi acortó terrenos, se plantó con firmeza y construyó una faena de valor. Una gran estocada provocó una petición de oreja que no fue atendida por el juez de plaza.
El punto culminante llegó con "Veletero", de 500 kilos. Antes de la muleta quedó escrita una de las estampas de la noche: Eduardo Noyola "El Morucho" ejecutó un soberbio puyazo y la plaza se puso de pie para despedir a un hombre que cerraba así su trayectoria profesional.
Valadez comprendió el significado del momento. Volvió a cubrir el segundo tercio y brindó la faena a El Morucho. Después tomó la muleta y mandó. Hubo poder, solvencia y la seguridad de un torero que atraviesa por un gran momento. Esta vez no hubo concesiones con la espada: una soberbia estocada puso dos orejas en sus manos y abrió de par en par la Puerta Grande, convirtiéndose en el máximo triunfador en lo que va de feria, que aún le queda la corrida del próximo viernes.
"Tequilero", de 454 kilos, cerró plaza sin apenas opciones para Bruno Aloi, quien estuvo por encima de un toro aplomado, agarrado al piso y remiso para embestir, manteniendo hasta el final la firmeza y la buena disposición de agradar.
La noche de San Luis Rey terminó con Leo Valadez sobre los hombros y con El Morucho llevándose una última y sentida ovación. Uno conquistó la noche; el otro se despidió de una vida a caballo, como picador de toros, entregada a su profesión.