La segunda corrida de la Copa Chenel, que tuvo lugar hoy en Miraflores de la Sierra, mantuvo el interés del público, gracias al nivel de los toreros, y si solamente Manuel Diosleguarde cortó una solitaria oreja, fue por la falta de rotundidad con la espada en el primero toro de su lote, mientras que Alejandro Chicharro también se dejó el triunfo en la punta del acero al final de la lidia del sexto.
Pero lo más rescatable es la actitud y buenas maneras de ambos espadas que, como tantos otros toreros de nuevo cuño en España, se agarran a este magnífico escaparate –con la televisión en vivo de por medio– para tratar de sacar la cabeza en un medio donde las oportunidades las pintan calvas.
En medio de la ilusión de dos que empiezan, también brilló el buen oficio del peruano Juan Carlos Cubas, que 21 años después de su alternativa en Acho, y tras haberse formado como torero tanto en España como en México, hizo su debut como matador de toros en territorio ibérico, donde hoy firmó una actuación muy digna con los toros de su lote.
Con el que abrió plaza hizo pausas, le dio su tiempo, y procuró afianzarlo para que no se cayera, en una faena estructurada de buen aire en la que demostró su concepto clásico del toreo. La del cuarto, ante un ejemplar de Pedraza de Yeltes, también tuvo una construcción adecuada, pero el toro aportaba poco ya que acudía a los cites del torero de Huancayo con la cara alta.
Diosleguarde regresaba a la Copa un año después, y fue por haber estado muy entonado –salvo con la espada– en la edición de 2025. El fantasma de aquello volvió a asomarse al concluir la lidia del segundo toro de la tarde, un ejemplar alto y basto de Pedraza de Yeltes, que fue noble. Y es que se dio a pinchar y no estuvo fino con el descabello hasta escuchar dos avisos, luego de que el tercero de su cuadrilla había levantado al toro con la puntilla, y estuvo a punto de irse vivo a los corrales.
Este final de lidia vino a emborronar una actuación muy torera, con personalidad y sentimiento en la que mostró su esencia, en una faena con estupendos pasajes con ambas manos, pues el salmantino toreó con ritmo y temple, siempre bien colocado, y con la cabeza despejada. Una lastimadura de la mano izquierda del toro le impidió descolgar la cara, y a pesar de su sosería al embestir, Diosleguarde le tuvo paciencia y lo entendió en todo momento para aprovechar el fondo de nobleza que tenía.
Así, bien colocado y con expresión, le dio muletazos de excelente factura que caldearon el ambiente de un público enterado que, como los toreros, tuvo que padecer las intermitentes ráfagas de aire frío, ese que tanto abunda en la Sierra de Madrid y que corta la cara.
Sabedor de que en el quinto no podía irse con las manos vacías, Diosleguarde volvió a estar centrado y decidido en otra faena de buen acabado delante de un toro de Flor de Jara que tenía voluntad de embestir, pero lo hacía sin ritmo. A pesar de ello, le dejó puesta la muleta en la cara y toreó de él con fibra, y de esa manera consiguió muletazos que entusiasmaron al público.
A la hora de perfilarse para entrar a matar se echó encima del morillo y se atracó de toro, y hasta sufrió un fuerte derrote en el costado izquierdo, pero dejó la espada arriba, un poco contraria, producto de la autenticidad que mostró en el embroque, y ahora sí pudo cortar una oreja de peso que lo pondrá en la pelea para seguir avanzando en el certamen.
Alejandro Chicharro, que toreaba en su pueblo, contó con el aliciente de sus partidarios, y eso siempre ayuda para animar al público. Con el primer toro de su lote, de Pedraza de Yeltes, hizo un emocionante quite combinado de saltilleras y gaoneras, y luego una faena maciza, con detalles encomiables, pero de poco calado en el tendido, previo a señalar un par de pinchazos ante de la estocada definitiva.
En el sexto, de Flor de Jara, Chicharro ofreció su mejor versión, la de un torero siempre asentado en la arena, toreando con más conexión desde el saludo capotero mediante unas verónicas de amplio trazo, y más tarde en una faena con muletazos que caldearon los ánimos de sus paisanos. Lo que pudo ser el corte de una oreja de peso se esfumó con su deficiente manejo de la espada, pues mató de un pinchazo y una estocada tendenciosa.
De momento, tanto Mario Navas hace dos semanas en San Agustín de Guadalix, como ahora Manuel Diosleguarde en Miraflores, han cortados sendas orejas y ya se verá cómo queda la votación del público a través de las redes sociales para ir configurando la fase siguiente de la Copa Chenel.
Entretanto, el certamen celebrará su tercera corrida el sábado 18 de abril en la plaza madrileña de Algete, donde están anunciados Javier Cortés, el francés El Rafi, y Álvaro Burdiel, con toros portugueses de Condessa de Sobral, así como españoles de Guerrero y Carpintero.