Un año más -¿36 tal vez?- y Olivenza es una ilusión renovada. El sueño de Marceliano Ortiz, un oliventino de desbordante afición, se cumplió aquel 1991. No vivió mucho para disfrutar de su querida plaza y de las corridas de toros que durante tantos años se han dado en ese hermoso coso, pero él fue el artífice de lo que hoy todos vivimos en Olivenza. Por eso le recordamos.
Y como siempre, la feria, de cuatro festejos, muy cuidada en cuanto a toros y toreros, se inicia con una novillada, que suele ser triunfal. En ella se anuncian los novilleros más prometedores, con toros de una acreditada ganadería. Este viernes hicieron el paseíllo Tomas Bastos, Olga Casado y David Gutiérrez, ante astados de Talavante.
David Gutiérrez ha sido el triunfador tras cortar sendas orejas a cada uno de sus novillos. Lo suyo ha sido llegar y besar el santo. Debutaba con picadores el joven cacereño y ha ofrecido una tarde esperanzadora por lo que apunta. Especialmente un concepto clásico del toreo y unos fundamentos técnicos estimables. Le faltan cosas, y si no fuera así estaríamos ante una figura consagrada. Que se aplique este joven torero, en el que depositamos esperanzas.
Tuvo David los dos mejores novillos del encierro de Alejandro Talavante, que se anuncian con el apellido a secas. Pues bien, los novillos de Talavante resultaron todos manejables, algunos enclasados, y en su débito cabe situar la falta de fuerzas. Los dos de Olga Casado se dieron sendas vueltas de campana que minoraron su fortaleza. Y Tomas Bastos también tuvo un novillo para triunfar, y fue el cuarto.
Lo mejor de David Gutiérrez ante su primero fue lo que apuntó: su forma de llevar a los novillos en el comienzo de faena con templados muletazos por ambos pitones en los que llevaba al animal hacia delante; y las series en redondo de buen trazo, asentado el torero, luciendo en los remates.
De las mismas virtudes dio cuenta ante el sexto, especialmente el temple y la ligazón que priman en sus faenas, al que mató de una estocada fulminante.
Tomas Bastos es un novillero muy cuajado. De fina estampa -como dice la canción de María Dolores Pradera-, su figura destila delicadeza pero también hay en él a un torero muy puesto. Asentado y bien colocado, corre la mano con suavidad y compone muy bien con el novillo.
Tuvo un primer novillo, noble pero muy blandito, por lo que no se dio importancia a su buen hacer. Y al cuarto, que embestía muy humillado y despacito, le hizo una faena muy larga, sin que decayera, gustándose y sintiéndose como torero, todo con una buena colocación y cadencia. Tardó en doblar el astado y el premio se esfumó.
Olga Casado repetía en Olivenza tras debutar el pasado año. Si entonces se la vio muy nueva, ahora se ve en ella otro poso. Su primero, aunque noble, se vino muy a menos tras una vuelta de campana. Se cruzaba en el cite y corría la mano hasta donde daba el brazo. Todo bien pero allí no había transmisión.
Al quinto, que tampoco estaba sobrado de fuerzas, le aplicó muletazos lentos y cadenciosos. La muleta de Olga hacía de bálsamo y componía la figura con elegancia, hasta que el novillo se vino a menos. Cortó una oreja.
Mañana sábado más. El tiempo parece que mejorará y comienzan las corridas de toros. Carteles más rematados y expectación a tope.