Dos toros dieron la nota, y dos toreros dijeron “aquí estoy”, y no precisamente predicaron en el desierto, porque ahora sí hubo más público para expresarse en la sexta corrida de la feria de Pachuca.
Fue una tarde de contenido, con las dos caras de la moneda también, y en la que los toreros tuvieron un acertijo importante, y en el caso de Ocampo, Ortas y Cortés, lucharon contra la adversidad climática… y, pese al mal tiempo, tampoco la gente se quiso ir y recompensó con entrega a los toreros.
El festejo fue a beneficio del DIF estatal, y por tal, quizá, fue un gran número de gente la que se vio en los tendidos. La tarde amenazaba lluvia, y al final cayó también, que empapó demasiado la arena, mas no los ánimos de nadie.
Se lidiaron astados de La Cardenilla, mejor presentados que los de la corrida anterior de esta divisa, todos cumplieron bien en varas, y en juego han sobresalido cuarto y quinto, mejor el quinto que fue aplaudido en el arrastre. El resto de ellos, más menos, cumplieron.
Rafaelillo no las tuvo consigo, parte no le ayudaron las facultades, parte que no se confió, y otro tanto, que enfrentó un animal que tuvo guasa, sentido, muy complicado en banderillas y que sabía, en la muleta, dónde estaba el torero. También hay que decirlo, el toro tenía dos cornadas. Nadie se la pidió, pero tampoco nadie se la protestó, arrancó a dar la vuelta al ruedo.
Se presentaba en este coso El Calesa, y no fue afortunado su debut. Si bien el toro tuvo guasa, era muy complicado y no humillaba, había que poderle si es que quería que pasara algo, y algo es decir, que trascendiera. Intentó quedarse quieto pero no lo logró, le ganaba el poder de la res que tiraba violentos derrotes cuando sentía el engaño. Por si fuera poco, estuvo mal con el acero y el animal se fue vivo, para el torero, porque fue apuntillado en el ruedo.
Ricardo Rosas vino a este coso de novillero y ahora se presentó de matador, con poca fortuna también. Le correspondió un astado con una salida emotiva y con poder y el mejor presentado de todos. Lo veroniqueó bien y al animal le pegaron fuerte en el caballo. Se hizo bien de la res en los primeros muletazos pero le faltó cruzarse después, y cuando apenas tuvo la oportunidad de empezar a correrle la mano con la derecha, fue volteado resultando con una contusión y tobillo derechos, yéndose a la enfermería de donde ya no salió. Rafaelillo tomó el acero y pasaportó al burel de media estocada.
Comenzaba a llover y Xavier Ocampo reaparecía aquí. Lanceó muy bien a un animal de salida emotiva y que galopó de igual manera al caballo. Gustavo Campos salió al tercio luego de clavar un comprometido par. Inició su trasteo citando en los medios y de largo al bicho, que así arrancó al engaño, estuvo firme, gustándose y con reposo, instrumentando muletazos de importante temple por ambos pitones, a un bicho que metió la cara con calidad y se desplazó con nobleza. Lo mató al segundo con decisión.
Miguel Ortas salió también a por todas desde que se abrió de capa, y con el toro que más se desplazó y metió así de bien la cara, al que aprovechó toreándolo bien, pero bien, con la muleta, por ambos pitones. Cuajó una faena estructurada, con cabeza y con afición también. El astado tenía una importante arboladura, cosa que al torero no le impuso, y menos las condiciones climáticas. Pese a los dos pinchazos que señaló, y tras una estocada caída, fue pedido con fuerza el trofeo.
El aguacero estaba en pleno, pero Mora y Cortés decidieron salir, y vaya la manera con que lo hizo Víctor, que ha toreado muy bien con el percal al burel, haciéndose ovacionar, así como en el quite por chicuelinas ajustadas que fueron buenas. En esta ocasión, todo lo hizo el torero. El animal rodó por la arena en varias ocasiones, y cuando ya no se cayó, se tornó un puntito violento. Por la manera en que le plantó cara, le extrajo muletazos importantes, con valor. Lo mató con contundencia, lo que le valió salir a hombros.
Paúl Cortés, otro debutante, no pudo templar la embestida de la res, que tuvo una emotiva salida. Se paró el animal en la muleta, aunque tenía cierta voluntad para querer repetir la acometida. No transmitió labor del torero pese a su voluntad por agradar. Pinchó y quedó su labor en palmas.