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El Payo pega primero, y Castella lo borda

Sábado, 24 Oct 2009    Guanajuato, Gto.    Juan Antonio de Labra / Foto: Landín-Miranda           
El Payo, buen triunfo

El esfuerzo que hizo la empresa no tuvo la recompensa económica que merecía, pues la organización del evento mantuvo un excelente nivel, en gran medida por la buena corrida que envió Fernando de la Mora y el despliegue de casta ofrecida por El Payo y el faenón que realizó Sebastián Castella a su primero.

La historia medular de la corrida discurrió durante la lidia de estos dos toros, pues si por una parte se pudo ver la capacidad y el refinamiento técnico al que ha llegado el francés, por otro vimos a un torero mexicano que avanza en la profesión.

Y a base de entrega, colocación y raza, El Payo entusiasmó al público en una faena completa, con dos partes bien diferenciadas. Los péndulos del inicio, repletos de emotividad, fueron la clave para encender la mecha.

Lo más valioso fueron varios redondos con asentamiento y temple, toreando bien de verdad, llevando al toro detrás de la cadera con ritmo hasta que se sintió podido y se rajó.

Entonces, el queretano se enrabietó en pasajes de mucha reciedumbre, que también forma para de su tauromaquia, hasta que le endilgó muletazos que la gente agradeció. Mató de estocada entera, un tanto desprendida y delantera, y le tumbó dos orejas al toro.

Al tercero de la tarde le pesaron los kilos y no tuvo fuelle en la muleta de Octavio, que estuvo aseado y mató pronto, mediante una estocada habilidosa para escuchar una cariñosa ovación en el tercio.

Castella enseñó una nueva dimensión en su toreo. Y no estoy descubriendo el hilo negro, sino que a una figura que ya está cuajada siempre es grato poder verle algo más; es decir, un plus, sobre todo en su técnica, su colocación, sus toques, las alturas de de los engaños, el pulso, el ritmo, la cadencia…. son tantas cosas.

Y lo más sobresaliente de esta actuación fue la faena al segundo, un toro de hermoso trapío, al que cuajó de principio a fin. Los lances de recibo tuvieron donaire, y una gran majeza el quite por verónicas, que remató de una media soberbia.

Con la muleta se puso a la distancia precisa y toreó como los ángeles, pues hizo una faena de plaza grande, con una seguridad apabullante y una asombrosa medida del ritmo y el tiempo, la naturalidad y el relajamiento.

Así desgranó naturales de excelso trazo, reponiéndose suavemente sobre los talones y ejecutando unos toques de muleta tan precisos como preciosos, en un trasteo que el público no terminó por aquilatar en toda su profundidad.

A la hora de matar colocó una estocada deletreada, antecedida de un pinchazo arriba, que sólo le sirvió para cosechar un apéndice que no refleja la magnitud de esta obra maestra.

El quinto era un toro quizá normalito para una corrida en una portátil, pero como antes se habían lidiado toros para cualquier plaza de primera, pues un sector del público lo protestó, así que ya no fue lo mismo porque Sebastián no le dio importancia al toro, quiso verse sumamente fácil y no se acopló a unas embestidas descompuestas y sin entrega.

Zotoluco dejó escapar al cuarto, un toro bravo y emotivo, al que se empeñó en torear en el tercio, como en otras tantas corridas de los últimos meses.

El toro tuvo una excelente duración y metía la cara con calidad. No sé qué pasó, pero no hubo hegemonía en las series y tampoco calado en el público.

Terminó sacándolo a los medios y al dar un molinete de rodillas, una banderilla lo golpeó en el ojo derecho, afortunadamente sin consecuencias.  A partir de entonces la faena tuvo momentos de entrega, aunque sin el grado de calidad que exigían tan magníficas embestidas.

Al primero le hizo una faena más entonada, de poder y valor, pues el toro tenía mucho que torear. A base de taparle muy bien la cara le dio naturales de magnífica factura, de esos a los que tiene acostumbrado al público cuando se funde de verdad.

A ver si en la Segunda Corrida Cervantina, programada para el sábado 7 de noviembre,  y con la presencia de Enrique Ponce, Arturo Macías y Mario Aguilar en el cartel, se compone la entrada y esta interesante labor de devolverle la fiesta de los toros a Guanajuato cobra sentido.

Ficha

Primera Corrida Cervantina. Plaza de toros “El Pilar”. Un tercio de entrada en tarde fresca. 6 toros de Fernando de la Mora, bien presentados salvo el 5o., protestado por chico. Con mucha toreabilidad, de los que destacaron 2o. y 4o. por su nobleza. Pesos: 485, 490, 525, 500, 487, 490 kilos. Zotoluco (ciruela y azabache): Silencio y ovación. Sebastián Castella (lila y azabache): Oreja y ovación. El Payo (grana y azabache): Ovación y dos orejas. Sobresalió en banderillas Sergio González.


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