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El Payo o la casta de los toreros grandes (video)

Domingo, 29 Nov 2015    México, D.F.    Juan Antonio de Labra | Foto: Sergio Hidalgo           
El queretano cortó sendas orejas tras una sólida actuación
La corrida de Barralva exigió a la torería estar muy alerta, y aunque sólo un toro rompió a embestir con mucha clase, el primero, todos los demás tuvieron distintos matices de bravura en su comportamiento. De tal guisa que el festejo mantuvo un alto nivel de interés, y fue así, con el toro por delante, como cada uno de los toreros del cartel hicieron su parte para solventar la papeleta.

Esta conjugación de elementos provocó emoción, que es a fin de cuentas lo que se pretende ofrecer en este maravilloso espectáculo, y esos valores que encarnan al torero como un ser que viene aquí a dejarse la piel sobre la arena en aras de una mística vocación.

Así que habiendo cosas de suma relevancia en varias de las faenas, calaron hondo tres de ellas, a cargo de cada uno de los alternantes, que en menor o mayor medida se vieron obligados a estar a la altura de las circunstancias.

El Payo estuvo como se espera de un torero de esta dimensión: centrado, firme, valiente y profundo. Y a pesar de que todavía durante la madrugada de hoy estuvo vomitando, aquejado de este severo tratamiento de antibióticos con el que busca erradicar la bacteria que lo envió al hule hace unos días, él sabía que hoy tenía que pasar algo importante en La México en su segunda comparecencia dentro de la Temporada Grande.

Su andar por la plaza, la serenidad de ánimo, los terrenos que pisó, y la manera en que tiró la moneda al aire varias veces, fueron la enseña de un torero con personalidad y sello, que cada día torea mejor, con más hondura, y un concepto integral que le permite hacer uso de esas dos facetas sobre las que se sustenta su tauromaquia: la clase y el valor.

Y a los dos toros de su lote les dejó la muleta en la cara, tiró de ellos, más aún del primero, e hizo el toreo recio, ese que llega al público por la verdad de sus procedimiento y la sinceridad de su esencia.

En ambas faenas, Octavio desplegó una amplia capacidad para resolver en los momentos de apremio, y si al tercero, que tenía transmisión pero no es entregaba, le hizo las cosas por nota, al sexto se lo zumbó con un abandono total que hasta le echó mano de muy fea manera y le propinó una voltereta terrible. Este toro se lastimó una mano al saltar al callejón, porque de otra forma es posible que hubiera llegado con más ritmo a la muleta.

La primera oreja que le tumbó al tercero, así como la otra que le arrancó al sexto, inexplicablemente protestada por un sector del público, fueron para sentirse orgulloso de que el camino por el que avanza es el definitivo, el único, aquel que le llevará a ocupar el sitio que merece. Porque aquí nadie le ha regalado nada, y hoy quedó de manifiesto.

Diego Urdiales regresaba a la México ya convertido en un torero de culto también a este orilla del Atlántico. Y el riojano sintió suya a La México, porque la afición de esta plaza tiene un sensible paladar para el toreo bueno, como el que intentó bosquejar con un primer toro que fue tardo y que terminó defendiéndose, punteando con violencia.

El quinto, de nombre "Bilbalero", colorado, de Atanasio Fenández, fue un toro encastado, con más temperamento que bravura, pero con una forma de embestir muy emocionante de cara al público. 

Y vaya que Diego requirió estar atento a cada palmo de una faena recia, torera, con esa fuerza que emana de la sensación de peligro que tenía el toro en sus formas de acudir a la muleta. Los naturales tuvieron intensidad, y le fueron coreados con ese olé que sale de adentro cuando hay casta de toro y de torero.

Sin cortar orejas, la honradez profesional de Diego Urdiales, y sus exquisitas sello, lo han impulsado ya a ocupar un lugar especial en el cariño de la gente, del aficionado entendido que tanto disfruta con el toreo cuando se hace con el corazón en la mano.

De Federico Pizarro hay que apuntarle la serenidad y el temple con el que toreó al toro más agradecido y noble de la corrida, que fue el primero. Quizá este toro debió haber salido en cuarto lugar, y dejar como primero al grandón cuartó, que, sin emplearse, fue un toro manejable a secas.

Los mejores muletazos los consiguió el capitalino con ese primero, un ejemplar cárdeno que tenía un gran fondo de nobleza, más por el pitón izquierdo, por el que le Pizarro le dio varios naturales tersos que gustaron al público a lo largo de una faena que no pudo rematar con mayor contundencia a la hora de matar.

En el cuarto dio la impresión de que había perdido concentración, y ya no pudo remontar una tarde en la que había cifrado muchas esperanzas. Al margen de ello, su madurez como torero dejó un buen sabor de boca.

Al final de su valerosa y artística actuación, El Payo se negó a salir a hombros, tal vez por evitar así que algunos inconformes le chillaran, pero con la conciencia tranquila y la moral en alto tras haber superado las vicisitudes de unas semanas de incertidumbre alrededor de su mermado estado de salud. Ahí está ya enfilado para volver el domingo 17 de enero, cuando actuará con Morante y Armillita IV, con toros de Teófilo Gómez, en otro de los carteles estelares de la campaña. Y ojo con el queretano, porque en su interior bulle el carácter y el arte de los toreros grandes.

Ficha
México, D.F.- Plaza México. Séptima corrida de la Temporada Grande. Poco más de un cuarto de entrada (unas 11 mil personas) en tarde espléndida. Seis toros de Barralva, de encaste Llaguno,salvo el 5o., que era Atanasio Fernández, bien presentados, de interesante juego en su conjunto, con diversos matices de bravura en su comportamiento, de los que destacó el 1o. por su clase y el 5o. por su raza. Pesos: 480, 522, 514, 533, 477 y 515 kilos. Federico Pizarro (gris perla y oro): Ovación y silencio tras aviso. Diego Urdiales (verde botella y oro): Silencio y ovación. Octavio García "El Payo" (azul celeste y plata): Oreja y oreja con algunas protestas. Incidencias: Las cuadrillas lucieron en distintos pasajes de la lidia. Saludó en banderillas Gustavo Campos,mientras que Juan Ramón Acosta, El Víctor, de la cuadrilla de Urdiales, y Diego Martínezbregaron con temple y éste último siempre estuvo muy bien colocado. En varas picó con arrojoCarlos Domínguez y con enjundia, César Morales.


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