La maestría de Zotoluco y la raza de Diego (video)
Domingo, 03 Nov 2013
México, D.F.
Juan Antonio de Labra | Foto: Sergio Hidalgo
El torero de Azcapotzalco cortó la oreja al toro que abrió plaza
La tarde fue un vaivén de emoción y tedio, casi a la par, en medio de la expectación que había generado un cartel muy atractivo. Y una vez más los toros, en este caso de dos hierros distintos –Julián Hamdan y dos sobreros sustitutos de Celia Barbabosa– dieron al traste con las buenas intenciones una terna muy esforzada que trató en todo momento de remontar la cuesta arriba.
En medio del esfuerzo de los toreros y también de las protestas del público, que una vez más se erigió como "veedor a posteriori" (si cabe este singular término) del ganado que suele lidiarse en La México, obligó al juez de plaza Gilberto Ruiz Torres a echar para atrás a dos ejemplares del hierro titular de Julián Hamdan debido a su aspecto anovillado.
Del resto, cabe destacar tres faenas puntuales, firmadas por cada uno de los diestros de la combinación: la primera de Zotoluco con el toro que abrió plaza; la de Morante de la Puebla con el quinto, y la de Diego Silveti con el sexto. Y si Zotoluco no cosechó una segunda oreja de ese ejemplar que abrió plaza (al que mató de una excelente estocada) y Silveti del sexto (al que pinchó), fue cuestión del destino que los privó de salir a hombros.
Cabe resaltar la maestría de Eulalio con ese primer toro de la función, un ejemplar noble, con clase, algo flojo, al que consintió mucho en un trasteo de gran pulso y suavidad. Los pausados procedimientos de Zotoluco y la seguridad en todo lo que hizo se tradujeron en una faena maciza, sobria, en la que enseñó su bien aprendido oficio y un regusto grande al torear al natural.
Porque fue una seria con la zurda la que prodigó el de Azcapotzalco, reunido, asentado, gustándose y provocando profundos olés por parte del público que hizo una buena entrada.
Que si la estocada valía en sí mismo la concesión de un apéndice es posible, y otras más la faena. Sin embargo, el juez no valoró la petición del segundo trofeo tal vez porque a veces resultad difícil cortar dos orejas al toro que abre plaza y algunos jueces pensarán que no conviene comenzar dando un doble trofeo para que el resultado no se les salga de las manos.
Consciente que don el soso tercero no había pasado nada, Silveti arreó con mucha vocación cuando se planto decidido delante del sexto, un toro noble que lo dejó colocarse muy cerca de los pitones y al que le robó naturales largos, sabrosos, en los que demostró actitud y ambición, dos atributos fundamentales para seguir escalando peldaños.
La gente, que aguantó la tormenta, disfrutó mucho el arrimón del torero de Guanajuato, que estuvo muy centrado y firme en un trasteo recio que culminó de unas bernadinas sin espada (¿sería propio llamarlas "silvetinas"?, puede ser) en las que Diego se pasó los pitones del toro a milímetros del cuerpo. Lástima que no pudo rematar la faena con la espada, pues requirió de un pinchazo, media estocada y un golpe de descabello para dar cuenta del ejemplar de Julián Hamdan.
Y esa lluvia purificadora, similar, aunque sin granizo, a la que cayó con furia en Las Ventas de Madrid el día que cortó la oreja en la feria de San Isidro, fue un bálsamo para la gente que aguantó la incomodidad de la lluvia.
Morante no tuvo ninguna opción con el descastado segundo y abrevió. Sólo dejó para el recuerdo un ramillete de arrebatadoras verónicas de recibo, todo un poema al arte del toreo. Más tarde se enfibró con el quinto, que embestía topando con la cara alta, cosa que no importó al torero sevillano, que trató de taparle la cara en una faena con muchos detalles de ese sello tan suyo, de torero caro, con un mayestático empaque, que cautiva tanto al público.
Un airoso molinete a pies juntos, ligado con una vitolina, y otros adornos, fueron esos toques de sevillanía que dejaron el ambiente impregnado de pellizco. Así que ayer en Aguascalientes con los toros de San Martín (otrora ganadería propiedad de Pepe Chafik y Marcelino Miaja) y hoy con los de Julián Hamdan (propiedad del sobrino carnal de Chafik), el torero de La Puebla del Río se estrelló por partida doble. Hay que agradecerle, muy sinceramente, el gran esfuerzo que desplegó en el quinto aunque la faena no terminara de redondearse.
Ficha México, D.F.- Plaza México. Segunda corrida de la Temporada Grande. Media entrada (unas 21 mil personas) en tarde agradable que terminó con lluvia a partir del 6o. Cuatro toros de
Julián Hamdan (dos devueltos por anovillados), y dos de
Celia Barbabosa (3o. y 4o., sobreros sustitutos), algunos flojos y descastados en su conjunto. Pesos: 482, 480, 488, 485, 483 y 475 kilos.
Eulalio López "Zotoluco" (berenjena y oro): Oreja con petición y palmas. Morante de la Puebla (obispo y oro): Palmas y palmas tras aviso. Diego Silveti (verde esperanza y oro): Silencio y ovación. Incidencias: Destacaron en la brega Rafael Acosta y Diego Bricio, que además saludó en banderillas, lo mismo que Cristhian Sánchez.
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