La madrileña feria de San Isidro se abrió hoy con un público masivo que premió con excesiva generosidad a Alejandro Talavante, hasta hacerle pasear las dos orejas que le abrieron la Puerta Grande por una faena vistosa y jaleada, pero por debajo de la gran calidad de las embestidas de un toro de Núñez del Cuvillo al que se dio la vuelta al ruedo en el arrastre.
Por mucho que ese cuarto ejemplar de la divisa gaditana no terminara de empujar en el caballo, el panorama comenzó a cambiar cuando Talavante le abrió el trasteo de muleta con unos estatuarios que le hicieron romper a embestir con creciente entrega y poniéndole siempre las cosas fáciles a su matador al hacerlo abierto, sin apretar, y con el hocico a ras de arena en un largo y muy largo recorrido.
Frente a tan óptima condición, a la labor del veterano diestro extremeño le faltó una recíproca entrega y una mayor apuesta y sinceridad por el toreo hondo que el de Cuvillo le puso en bandeja, en tanto que en cada una de las tandas por ambas manos, hasta por el aún más profundo pitón izquierdo, nunca hubo más de dos o tres muletazos realmente asentados y profundos en vez de los cinco o seis ligados así por completo que requería la ocasión.
En cambio, Talavante, después de esos pases de mayor mérito e intensidad, optaba por empalmarlos desde la pala del pitón o por recurrir a adornos y remates superficiales que, por su continua espiral, calentaron al festivo público típico de los fines de semana isidriles, pero sin que en los tendidos surgiera el eco ronco de los olés al toreo más auténtico, ese con el que el torero de Badajoz debería haber cuajado realmente al de Cuvillo.
La cuestión es que tras una buena estocada, el presidente, atendiendo a la mayoría, concedió las dos orejas, pero también acertó a hacer justicia, pese a todo, sacando el pañuelo azul para el astado que había propiciado tanta euforia y una salida a hombros de similar generosidad a la que Talavante logró en la pasada edición de la feria.
El resto de la corrida tuvo un tono más plano, con los tendidos dedicados a las meriendas y las copas mientras en la arena Juan Ortega se dejaba ir, sin demasiadas ideas y con escasa fluidez a la hora de mover los engaños, no a un primero noble y algo afligido aunque con defectos de visión, sino a un quinto jabonero que repitió con fibra unas arrancadas en las que casi siempre acababa tropezando la muleta del sevillano.
Y si Talavante trató con cierta desidia al segundo, protestado por su escasa presencia y siempre rebrincado, Tristán Barroso puso, en cambio, un empeño casi excesivo con los dos de su lote, el primero de los cuales, el que abrió la feria, le sirvió para confirmar su alternativa en Las Ventas.
Excesivo, porque Barroso se alargó más de lo aconsejable con el de la ceremonia, que mostró sus opciones en un ajustadísmo quite por gaoneras del padrino. Y por eso el debutante le abrió el trasteo en los medios con una buena serie de derechazos con las dos rodillas en tierra que tuvo continuidad con una segunda en a la que el de Cuvillo acudió galopando con clase antes de ir a menos.
Mantenido demasiado tiempo en las afueras y estirando de más su juego, el toro acabó por no ayudar a Barroso en la suerte suprema, dando lugar a que sonaran hasta dos avisos en vez de una merecida ovación que tampoco escuchó después de matar al sexto, que, algo más áspero, le volteó en otra apertura de hinojos, ahora con pases cambiados, sin que en su esfuerzo acabara luego de llevarle con fluidez en la muleta.
Ficha Madrid.- Plaza de Las Ventas. Primer festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel de "no hay billetes" (más de 23 mil espectadores) en tarde fresca. Ganado: seis toros de Núñez del Cuvillo, de cuajo dispar aunque todos con buenas hechuras y seriedad en las cabezas. Los tres primeros adolecieron de falta de fuerzas, que no de nobleza, pero los últimos, aunque mansearon más o menos en varas, rompieron a embestir como mucha movilidad en la muleta, especialmente el cuarto, "Ganador" de nombre, que tuvo una clase y una profundidad excepcionales y fue premiado por ello con la vuelta al ruedo en el arrastre. Alejandro Talavante (blanco y plata con remates negros): Silencio y dos orejas tras aviso. Juan Ortega (celeste y plata): Silencio y silencio tras aviso. Tristán Barroso (turquesa y oro, que confirmaba alternativa): Silencio tras dos avisos y silencio. Incidencias: Barroso confirmó alternativa con el toro "Ventoso", número 224, colorado ojo de perdiz, con 528 kilos. Entre las cuadrillas, Jorge Fuentes bregó con precisión al tercero, y Mathieu Guillon saludó tras banderillear al sexto.