¡De los kilómetros de líneas y los litros de tinta que escribieron sobre la tragedia de Linares el 28 de agosto de 1947 a lo ocurrido en Puebla, plaza El Relicario hay 62 años de distancia; la similitud es importante, la diferencia, el gran desarrollo de las artes quirúrgicas.
La crónica detallista de quienes lo vieron relata que el celebérrimo doctor Garrido Arboleda que atendió a Manuel Rodríguez, se limitó a mover la cabeza de un lado a otro al tiempo que decía: “Grave, muy grave” En Puebla, el viernes 6 de junio, ya amaneciendo sábado después todos los médicos que de alguna manera u otra habían intervenido en la atención de Enrique Espinoza el llamado “Cuate”, también gesticulaban de la misma manera, diciendo ¡”Gravísimo”!
La intervención quirúrgica concluyó pasadas las cuatro de la mañana y una hora después, el paciente fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Betania de esta ciudad.
Ante la gran confusión despertada por el tipo de lesión, su gran parecido con el accidente que costó la vida a Manolete.
El momento: a la hora de entrar a matar al concluir la suerte. Los errores: él de Córdoba permaneció demasiado tiempo frente al pitón derecho de "Islero", toro con el hierro de Miura, de esté, el pitón ya estaba penetrando la ingle del torero, quién aún permanecía en el último tiempo de la suerte suprema.
El de Cadereyta perdió el paso al ocupar un tiempo de más en corregir la errada distancia en que se tiró a matar a "Doctorado", con hierro de José Maria Arturo Huerta, dando la impresión que resbaló, frente al pitón también derecho que ya lo hería, penetrando por la parte superior e interna del muslo derecho, para seccionar totalmente la vena safena, obvio, se encuentra en un plano más superficial que la arteria femoral; las arterias siempre van en un plano más profundo que las venas -afortunadamente para los toreros, Dios que es muy taurino, así lo diseñó- pero aún así la arteria femoral también fue seccionada, y el pitón penetró rodeando la estructura ósea del hueso fémur hasta llegar curveando, rodeando, tal cómo es su conformación y fue la trayectoria de la cornada, en este caso más de 30 centímetros, hasta la parte posterior del muslo, afortunadamente, sin penetrar a cavidad abdominal, destrozando estructuras de la ingle y de paso la Iliaca anterior, de ahí la impresión emitida y por tanto el pronostico: “Lesión gravísima”, por eso, la intervención concluyó a las 4.00 a.m.
El equipo médico que le operó y atiende merece todo el reconocimiento y el crédito del mundo, laboriosamente realizaron la reconstrucción de los arterias y venas con cirugía de alta tecnología encabezados por el cirujano vascular Juan Rodríguez Angulo, realizándose además de la revascularización y la reconstrucción por planos, un llamado “Bay pass” o puente utilizando Gorotex, material sintético, puente vascular como circulación accesoria; técnica similar a la usada para el manejo del taponamiento de las arterias del corazón las llamadas coronarias, que garantizará la buena circulación de esa pierna que muestra ya muy buena coloración. Repetimos, afortunadamente, Enrique está en manos de un muy buen cirujano vascular.
El sábado el paciente permanecía entubado recibiendo ventilación asistida para ayudarle y como medida ante posibles, esperadas y prevenidas complicaciones, el trabajo médico ha sido estupendo. A las cuatro de la tarde del domingo se retiró la entubación.
El viernes por la noche, durante la lidia del tercer toro, en el momento de entrar a matar Enrrique sufrió la lesión; del sitio del encuentro a la enfermería su sangre dejó un verdadero sendero, en la enfermería, durante las maniobras de estabilización control de hemorragia, ahí perdió, por vez primera el conocimiento logrando ser reanimado; durante el traslado en la ambulancia otra vez ocurrió esto, y a su llegada al hospital, a su ingreso por urgencias nuevamente, siendo reanimado ya con manejo intra-hospitalario.
Al momento de dejar la ambulancia la enfermería de El Relicario gente, verdaderos aficionados, que muchos lo son, asomándose por la parte alta del graderío le tributaron tremenda ovación con gritos de "¡torero, torero!" a los que Enrique todavía pudo responder con una señal. Antes, al momento de caer el torero herido, un tercio de la plaza, todo el público sentado frente al sito, casi enfrente de la puerta de cuadrillas, simultáneamente se puso de pie con un verdadero alarido de sorpresa y terror al ver la sangre que a borbotones brotaba del muslo del torero regio. Además, gran cantidad de sangre que perdió en la enfermería se habla de que prácticamente “se vació”.
En total se utilizaron doce paquetes globulares, fracciones de sangre seleccionados, ocho de plasma, más unos seis de soluciones diversas. Esto equivale a 13 litros de líquidos endovenosos. Los médicos que lo atendieron, lograron alcanzarle, así se dice en términos médicos ante tanta pérdida y por tanto, del manejo del shock hemorrágico que puso en grave, gravísimo, peligro su vida.
Al terminar la corrida de drama y triunfo, los matadores Eulalio López "Zotoluco" y Rafael Ortega se negaron a salir a hombros, pese a que ambos habían cortado sendos rabos a los bureles de José Maria Arturo Huerta que ante la verdad imperante de lo ocurrido nadie podrá negar que han sido emotivos, y que los hechos han puesto nuevamente en evidencia el gran dramatismo de la fiesta, la sustancia de su existencia: Sangre y gloria.