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México internacionalizó el toreo

Sábado, 20 Jun 2026    CDMX    Antonio Casanueva | Foto: Archivo   
"...No pertenecían a una nacionalidad determinada..."
En junio de 2026 los taurinos mexicanos celebramos 500 años de la primera corrida de toros documentada en lo que hoy es México. Como parte de esta serie sobre las aportaciones mexicanas a la tauromaquia, hemos hablado ya de la ganadería brava y del temple. Corresponde ahora detenernos en otra contribución decisiva: la internacionalización del toreo.

Durante siglos, el intercambio taurino siguió una dirección casi única. España exportó a América sus toros, sus ganaderías, sus toreros y sus formas de entender la lidia. En cambio, pocos imaginaban que un torero nacido en América pudiera llegar a convertirse en figura indiscutible en la Península. La influencia viajaba de España a México, pero no al revés.

Aquella idea estaba arraigada desde hacía generaciones. El Conde de las Navas definió al toreo como "el espectáculo más nacional". Antes que él, José Daza había sostenido que el toreo era una actividad "privativa de los españoles". No se trataba solo de una opinión taurina. Reflejaba la convicción de que el toreo pertenecía a España del mismo modo que otras naciones se reconocían en su lengua, su historia o sus símbolos.

La irrupción de Rodolfo Gaona alteró por completo esa percepción. No fue el primer torero americano que llegó a España. Antes habían cruzado el Atlántico otros matadores y novilleros. Lo que distingue a Gaona es que no acudió como una curiosidad exótica ni como una figura pasajera. Llegó para disputar el mando del toreo y terminó ocupando un lugar entre los más grandes de su tiempo.

El mérito adquiere mayor dimensión si recordamos el contexto. Cuando Gaona desembarcó en España, el ambiente taurino era un mundo cerrado, dominado por figuras locales y poco dispuesto a reconocer méritos venidos de fuera. Abrirse paso no fue sencillo. Tuvo que enfrentarse al escepticismo, los prejuicios y las intrigas de una profesión donde nadie regalaba un puesto. Sin embargo, terminó obligando al público español a juzgarlo como torero antes que como extranjero.

Gaona no solo compitió con las figuras españolas. Llegó a ocupar su mismo rango y muchas ocasiones, las superó. Primero rivalizó con Bombita y Machaquito. Después logró mantenerse en la primera línea durante la Edad de Oro del toreo, alternando con Joselito y Belmonte. Ningún otro torero nacido fuera de España había alcanzado semejante posición.

Pepe Alameda observó que quienes afirman que Gaona universalizó el toreo mexicano se quedan cortos. Su aportación fue mayor. Lo que hizo fue ensanchar los límites mismos del toreo. Demostró que los valores fundamentales de la tauromaquia —el valor, el temple, el mando y la estética— no pertenecían a una nacionalidad determinada. Pertenecían al toreo.

La historia ofrece pocos ejemplos comparables. Algo parecido ocurrió con el idioma español. Nació en Castilla, pero terminó convirtiéndose en patrimonio de millones de personas a ambos lados del Atlántico. Nadie sostiene hoy que la lengua española pertenezca en exclusiva a quienes nacieron en España. La expansión no la debilitó. La enriqueció. Con el toreo sucedió algo semejante.

A partir de Gaona, la tauromaquia dejó de ser contemplada como una expresión reservada a España y comenzó a adquirir una dimensión internacional. El flujo de influencias se volvió recíproco. México ya no era receptor de formas taurinas. También se convertía en generador de ideas, estilos y figuras capaces de influir en España.

Por eso la importancia de Rodolfo Gaona va mucho más allá de sus gaoneras, de sus faenas memorables, de su elegancia o de sus triunfos. Su verdadera aportación consistió en abrir una puerta. Detrás de ella llegarían Armillita, Arruza, César Girón, César Rincón y otros. En nuestros días, la trayectoria de Andrés Roca Rey confirma que aquel camino sigue abierto.

La historia suele recordar a quienes llegan primero a la cima. Con menos frecuencia recuerda a quienes amplían el horizonte de lo posible. Rodolfo Gaona hizo ambas cosas. Fue una figura extraordinaria y, al mismo tiempo, el hombre que convirtió al toreo en una expresión abierta a toda la comunidad taurina. Y ahí reside la verdadera dimensión histórica de Gaona.

Las tradiciones sobreviven cuando son capaces de salir de su lugar de origen sin perder su esencia. Gaona demostró que el toreo podía seguir siendo profundamente español y, al mismo tiempo, pertenecer a una comunidad mucho más amplia. Entre las grandes aportaciones de México a la historia de la tauromaquia, pocas resultan tan decisivas como haber abierto esa posibilidad.


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