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Ruedo: Antitaurinos

Miércoles, 31 Mar 2010    México, D.F.    Heriberto Murrieta / Récord   
La columna de hoy

Interesado en todo, Leonardo Curzio, ese informador que desde hace varios años representa una excelente opción radiofónica de equilibrio y claridad de ideas, nos   preguntaba por los enemigos contemporáneos de las corridas de toros.

Sin contar a los propios taurinos que suelen ser los primeros en restarle grandeza al espectáculo y evitar a toda costa su profesionalización, existen numerosas agrupaciones que se oponen a la prevalencia de los festejos tanto en España como en Francia, Ecuador, Perú y México, entre otras naciones.
 
Una de las más activas es PETA (Personas por el Trato Ético a los Animales), que cada año realiza un encierro humano para manifestarse contra la Pamplonada.

En cada aniversario de la Plaza México, un puñado de antitaurinos se amotina afuera del embudo capitalino para abollar carrocerías, lanzar huevos y piedras a los aficionados, pintar paredes con aerosol y hasta causar destrozos en las instalaciones de la Asociación de Matadores, vecina del coso, como sucedió el 5 de febrero de 2009.

El rechazo al arte del toreo ha existido desde siempre pero hay que reconocer que ha crecido en los últimos años. Ya en 2003, cuando tuvimos la oportunidad de ver corridas de toros en 18 ciudades españolas, notamos un decremento considerable en la asistencia de público. ¿Era consecuencia de una nueva cultura que considera que el toreo es puro maltrato animal? 

A principios del mes que hoy termina, Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, aseguró que el toreo es un arte y que merece la pena declararlo Bien de Interés Cultural (BIC). "A nadie le debe extrañar -agregó Aguirre- porque la cultura taurina es algo que desde tiempo inmemorial está en la cultura española y en la mediterránea".

Desde hace dos años, la Comunidad de Madrid impulsa iniciativas en defensa de la llamada Fiesta Nacional. Pocas horas después de la declaración de Aguirre, los gobiernos de Valencia y Murcia también hablaron de proteger las corridas de toros “para evitar un motivo más de rechazo a lo español".

Estas manifestaciones a favor de los toros llegan en tiempos donde el Parlament catalán está debatiendo la iniciativa legislativa popular que busca prohibir las corridas de toros en Barcelona.

Oponiéndose a ello, José Tomás, el torero más importante de esta época, ha llevado su arte personalísimo a la ciudad condal, desafiando a los centenares de enemigos de la Fiesta que gritaban consignas antitaurinas afuera de la Monumental; revoltosos que se quedaron estupefactos y con el ojo cuadrado cuando el periodista mexicano Rafael Loret de Mola, apasionado defensor del toreo, fue el único que se atrevió a sublevarse y arrancó de sus manos y destrozó una pancarta en la que llamaban "asesino" al Príncipe de Galapagar.

Acá también hace aire. Hace algunas semanas en la Ciudad de México, un asambleísta del PRI, que no es más que un chiflado sin credibilidad, nos llamó "psicópatas" a los partidarios de las corridas de toros.

En 2005 salió a la luz pública el resultado de un estudio veterinario que el toro no sufre en la plaza. El doctor Juan Carlos Illera, director del departamento de Fisiología Animal de la Universidad Complutense de Madrid, explica en su estudio que los toros en el ruedo liberan betaendorfinas que bloquean totalmente los receptores de dolor. Illera señala que el toro es un animal especial desde el punto de vista endocrinológico, con un umbral del dolor altísimo:

"Durante la lidia, los toros liberan diez veces más betaendorfinas que un ser humano y siete veces más que durante el transporte de la ganadería a la plaza. Si al toro no lo picaran ni le clavaran banderillas, posiblemente seguiría con el alto nivel de estrés con el que sale al ruedo. La puya le provoca estrés y dolor, y por consiguiente, al sentir dolor, comienza a liberar las betaendorfinas que lo matizan. En cuanto avancemos en la investigación y confirmemos que todos los receptores del dolor están bloqueados, podré afirmar perfectamente que el toro no tiene ninguna sensación de dolor".

Hasta aquí, Leonardo, la exposición somera de un amante del toreo sobre los que lo odian en el siglo XXI, los que dicen que lo quieren y únicamente lo vejan, y sobre un veterinario destructor de mitos que han abanderado durante décadas, burdamente, a metiches mal informados.

h.murrieta@diariorecord.com


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