Bartolomé Bennassar nos obsequia este libro, como remembranza entrañable de uno de los grandes toreros de todos los tiempos, Antonio Ordóñez, a quien admiró profundamente y a quien, por su dominio del temple, pieza esencial del arte de torear, coloca en el Olimpo Taurino del último siglo junto a los dos protagonistas de la edad de oro y junto a Pepe Luis y Manolo Vázquez, a Curro Romero y a José Tomás,
Libro que refleja particularmente la memoria personal que del diestro ha conservado el escritor, donde la realidad está matizada, transfigurada por la "magia del recuerdo", como subraya el subtitulo de esta obra profundamente lúcida y emotiva en que conversan con raro equilibrio el cerebro y el corazón.
No se trata, por tanto, propiamente de una biografía de Antonio Ordóñez, aunque se deje constancia de sus datos principales, aunque se hable de sus grandes faenas o de su amistad con Ernest Hemingway y Orson Welles, sino de una selección de aquellos aspectos de la personalidad y del arte del maestro de Ronda que mayor impacto han causado y más duradera impresión han dejado en el autor del libro.
Así, para empezar, Bartolomé Bennassar se pronuncia a favor de considerar la época de Antonio Ordóñez como la "segunda edad de oro de la tauromaquia". En primer lugar, por el elenco de figuras que le rodeó en sus años de esplendor (los cincuenta y los sesenta), pero también porque el maestro de Ronda propuso siempre un toreo de una “belleza grave y melancólica”
El libro pone mucho énfasis en la dramática sucesión de cornadas que sufrió Antonio Ordóñez a lo largo de su carrera, especialmente en una de las más terribles que tuvo en la de la plaza de Tijuana y que le tuvo apartado de los ruedos durante tres años, probablemente hasta que pudo empujar el recuerdo al fondo de su memoria.
Sin embargo, pese a tal tributo de sangre, Antonio Ordóñez siempre tuvo una complicidad con su adversario que a veces rozó una especie de comprensión casi fraternal. Por eso, en alguna ocasión solicitó el indulto del toro y en otras prefirió matar recibiendo como si pidiese la colaboración de su contrincante, como si desease que fuera el toro el que se le entregase en el instante supremo, llegando a declarar de forma hierática sobre la innecesaria la muerte del astado:
"Una corrida suscita un conjunto de bellezas, y este conjunto no necesita la muerte del toro. Un artista debe lamentar mucho tener que matar a un toro". Y terminaba afirmando que la lidia, para ser perfecta, requería una afinidad entre toro y torero que tenía mucho que ver con "la pasión amorosa".
Sin entrar en la controversia sobre la suerte de matar, la opinión del maestro de Ronda puede añadirse a los argumentos de los partidarios de la concepción de una tauromaquia laica, despojada de las gangas sacrificiales y religiosas con las que se la cree sublimar.
Un libro de Bartolomé Bennassar, donde transmite su inteligencia y su entusiasmo, en una prosa con temple, con pureza, con densidad. Y, sobre todo, trasmite de ese sentimiento de calidez espiritual, de afecto universal, de amor hacia la vida y hacia el mundo que le rodea.
Bibliografía:
Bennassar, Bartolomé. "Antonio Ordoñez. La magie du souvenir". Editions de Fallois. París. 2017.