En el nuevo reglamento taurino de Tlaxcala queda estrictamente prohibido el toro de regalo en todas las plazas del estado. No obstante que la disposición ya había entrado en vigor en julio, apenas el pasado 10 de agosto incomprensiblemente el juez Mario Sosa autorizó un toro de obsequio en Huamantla. Era de La Soledad y lo toreó Fabián Barba. Para más señas, tenía un pitón flojo.
No debe extrañarnos el proceder permisivo de usía en un país donde es común que no se cumplan las leyes ante la vista gorda o la complacencia o la complicidad de las autoridades.
Pero más allá de esa excepción, el veto que apareció en el Periódico Oficial de Tlaxcala es una buena noticia que busca dar mayor seriedad al espectáculo.
Si bien es cierto que con la susodicha modalidad festivalera el público disfruta de uno o más toros por el mismo boleto y que hemos visto faenas importantes con ejemplares de regalo en las últimas décadas, el recurso se desgastó hasta llegar al cachondeo y los festejos kilométricos.
Toros extra a destajo, corridas eternas, extenuantes, que terminan bien entrada la noche con los pocos espectadores que quedan en los tendidos. Un espectáculo interesante debe ser ágil y su duración no debe exceder las dos horas.
El torero que regala un toro lleva ventaja sobre sus alternantes porque tiene una oportunidad más que ellos para triunfar. Ese ventajismo atenta contra la esencia de un espectáculo donde el matador no sabe qué le deparará la suerte. El misterio del azar alimenta la esencia de la tauromaquia y en cierta forma le da sentido. A veces, los tres integrantes del cartel le entran al "regaladero".
Se ha llegado al extremo de que varios diestros, principalmente los extranjeros en la Plaza México, abusivos como ellos solos, incluyen en el "paquete" de su contratación su propio astado de regalo.
En España no se regalan toros, y eso es lo más justo. Ojalá que los empresarios de la Plaza México tomen nota de la prohibición tlaxcalteca y corten de tajo una práctica chabacana que en poco ha contribuido a dar formalidad a la Fiesta en nuestro país.
La finura de José Mauricio
Justamente ahí en Huamantla, el sábado antepasado se vio una faena extraordinaria, de esas que dejan huella, confeccionada por José Mauricio.
Mixiote se llamaba el buen toro de San Miguel de Mimiahuápam, que a la postre fue indultado. Mauricio, que siempre ha tenido buen corte, salió inspirado y bordó el toreo con una naturalidad cautivadora.
No se cansa uno de ver la repetición de una pieza torera de 24 quilates donde el fino diestro entreveró muletazos de antología, relajada la figura, abandonándose con una calidad artística exquisita.
Como la mayoría de los toreros mexicanos, José Mauricio ha tardado muchísimo en desarrollarse, pero está muy a tiempo de ser considerado para llenar de aroma los carteles.