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El Apunte: La México es una plaza poncista

Lunes, 09 Nov 2009    México, D.F.    Ceci Lizardi   
Un torero consentido

Las puertas se volvieron a abrir, y los acordes de "Cielo Andaluz", de la inspiración del maestro Rafael Gascón, volvieron a escucharse en la Plaza México al tiempo en que los más de 25 mil aficionados entonaron el olé tan propio de la afición capitalina; ése que hace que la piel se ponga de gallina.

Y comenzó la Temporada Grande con buen ambiente, buena entrada, y entre el tumulto que se formó en la puerta principal del coso por aquello de que ahora hay que esperar a que una maquinita verifique la autenticidad de los nuevos boletos emitidos por Ticketmaster.

Ya decía don Jacobo Zabludowsky hace algunos días en su programa de radio, que había que empezar a atesorar los tradicionales boletos con motivos taurinos, que ahora yacen extintos. Ni modo.

Aunque lo cierto es que al parecer se han aligerado las cargas de los taquilleros de la plaza pues las filas disminuyeron considerablemente, y ahora será más fácil y seguro, sobre todo para la gente de provincia, conseguir sus entradas.

Y como era de esperarse las luminarias aparecieron en los tendidos. Para empezar, partiendo plaza  –nunca mejor dicho-  llegó Paulina Rubio con su esposo Colate,  y se sentaron en una barrera de primera fila a un lado de la familia a Manolo Arruza.

También estuvieron el senador priísta Manlio Fabio Beltrones, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas, y don Alberto Bailleres que salió homenajeado por partida doble, pues tanto Manolo Arruza, que fue  torero de su casa, como Fermín Spínola, le brindaron sendos toros.  "¡Ahí nos invita a la cena!" le gritaban de guasa algunos gorrones cerca de él.

La corrida resultó triunfal numéricamente hablando, no hay duda de eso. Fermín Spínola se gana a pasos agigantados el cariño y el respeto del público. Manolo Arruza derrochó carisma y simpatía; la gente lo quiere y fue bien recibido en esta última aparición vestido de luces. Mientras lidiaba su segundo toro el público pidió con fuerza "Las Golondrinas" y fueron coreadas mientras éste ejecutaba sus últimos lances.

Emotiva despedida. Fue su hijo menor quien  le cortó el añadido, ahí, en el centro del ruedo, hincado y con las mejillas húmedas. Fue ovacionado y disfrutó de un sonoro grito de "torero, torero" mientras daba la vuelta al ruedo.

Y si bien Ponce estuvo espectacular, creo que la gente se quedó con ganas de un poco más; algo que nos recordara el pasado 8 de febrero en que lo vimos cortar, por fin, el tan anhelado rabo que  faltaba en su suculento currículum plagado de triunfos.

Hoy, más que nunca, La México es una plaza poncista. Y no es para menos. La gente vino a verlo triunfar y el valenciano hizo hasta lo imposible por conseguirlo. Regaló el toro que la gente tanto le pidió y luego se lo pitaron hasta regresarlo.

Cabe decir que el Reglamento Taurino para el Distrito Federal prevé que el toro de regalo debe ser escogido por el matador conjuntamente con el representante de la ganadería responsable del encierro, y que si por alguna razón éste debe ser devuelto, no será sustituido por otro a menos que el matador que lo regaló decida obsequiar otro más. ¿Pues que no dicen por ahí que a caballo regalado no se le mira el diente?

En fin, buen prólogo para esta interesante temporada que apenas comienza y que promete reavivar la afición de muchos. Ojalá y así sea. 


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