Tan interesante como amplia luce la propuesta del Nacional de Novilladas que fue presentado el jueves pasado, ciclo del que ya se ha hablado demasiado, por lo que en esta columna quisiéramos reflexionar sobre los novilleros que habrán tomar parte y dirigirnos a todos ellos
Cierto es que los carteles están por definirse, tanto con los novilleros "A" como los "B", éstos últimos que saldrán de una convocatoria y prueba en vacadas. Y es que, sin duda, nos parece que tienen la obligación de aprovechar y apostar fuerte si es que de verdad quieren ser toreros.
A lo largo de los últimos tiempos se ha pugnado por abrir espacios novilleriles. Ahora que surgen y empatan temporadas con los 71 festejos que habrá, es momento para que los muchachos se tomen en serio la grandeza que representa enfundarse en el vestido de luces.
Lo anterior no es algo obvio, desafortunadamente. A lo largo de tiempos recientes hemos tenido la oportunidad de acudir a varios festejos menores y con pena hemos observado que no son pocos los novilleros que salen al ruedo solamente "a cumplir", sin mostrar esa hambre de gloria y pasando de largo las oportunidades.
Los novilleros con poses de "figurines" terminan por aportar poco. De suyo, el camino para ser matador de toros es largo y espinoso como para que un novillero no deje hasta la última gota de sudor en el ruedo, a pesar de las condiciones adversas que sus novillos puedan desarrollar y el poco oficio desarrollado.
Decía el siempre bien recordado Valente Arellano que el público le perdona todo a un novillero, menos que no muestre hambre. Y vaya que lo dijo el que, por excelencia, es el prototipo de lo que debe ser un novillero en el ruedo.
Por supuesto que la obligación de aprovechar incluye también prepararse con constancia y no "aburguesarse" o "marearse" en un ladrillo, situación que es común suceda entre los miembros del escalafón novilleril. Ahora, más que nunca, deben "echar pa lante" y apostar de verdad.
Nuestro deseo más profundo es que todos los novilleros que van tomando parte sean conscientes de lo que se juegan, de su proyecto de vida y de que los años pasan, inevitablemente. Por ende, también el ciclo debe ser una especie de filtro y que los mismos chavales hagan una profunda reflexión sobre si de verdad éste es su camino.