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El comentario de Juan Antonio de Labra

Jueves, 08 Jun 2017    Madrid, España    Juan Antonio de Labra | Opinión     
...sabe que para trascender hay que torear bien, entregarse sin...
Joselito Adame ya está en capilla, velando armas para su segunda comparecencia en la Feria de San Isidro, prevista para este jueves 8 de junio, a las siete de la tarde. Y está tranquilo, sereno, con la moral a tope después de la genialidad de su actuación anterior, cuando estructuró una faena muy torera con la mano izquierda, la misma que arrojó la muleta a la arena para rubricar aquella inolvidable estocada de la que todos siguen hablando.

En los días que han seguido a esa corrida, sólo se ha tomado dos de descanso. El resto han sido de una intensidad física y taurina que lo mantiene ocupado todo el día. Hay que considerar también el tiempo que requiere desplazarse entre una ganadería y otra, haciendo base en su piso de Madrid.

Apenas el lunes 29 de mayo tenía previsto el primer entrenamiento en la finca de Sotillo Gutiérrez, pero le cedió las vacas a su hermano Luis David, pues todavía le dolía un poco el golpe recibido en la cadera derecha. Pero a partir del martes 30 comenzó a torear y no ha parado. Ese día estuvo en El Risco, cerca de Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, casi frontera de Portugal. Ahí toreó dos vacas.

El miércoles 31, don Paco Medina, ganadero de El Montecillo, y gran amigo del torero, le echó un toro y dos vacas en la finca que tiene pasando Toledo. El jueves 1 de junio, don Alberto Bailleres lo invitó a Zalduendo, donde toreó dos toros y dos vacas, allá en la finca extremeña de Cáceres. Y el viernes 2 se desplazó hasta Salamanca, a la ganadería de Los Bayones, donde enfrentó dos cuatreñas muy fuertes, de más de 370 kilos de peso, en un tentadero que representó una exigente prueba.

Después, el sábado 3 estuvo en Los Eulogios, toreando a campo abierto en la sierra de Madrid con motivo de la grata comida anual de la famosa peña "Los de José y Juan", que lo tuvo como invitado de honor en una fiesta campera familiar que resultó muy bonita. El maestro se encargó de entregar los premios a los niños ganadores del certamen de pintura taurina.

El domingo se dio tiempo para organizar una comida en su finca vecina de Mora, Toledo, donde atendió a varios amigos mexicanos que están por aquí, y ahí toreó dos becerras de El Montecillo: una muy encastada y otra con gran clase. En ambos casos, Joselito disfrutó el toreo y departió con amabilidad con sus invitados, fiel a esa sencillez que forma parte de su personalidad.

El lunes 5 fue a Talavera de la Reina, a la finca de Fernando Peña, donde toreó un toro, mientras que el martes 6 estuvo en Salamanca otra vez, en la ganadería de Valdefresno, donde lidió otro toro, y el miércoles 7, apenas ayer, se quedó por ahí para ir a la finca de Manolo Jimeno, donde toreó otro toro.

Joselito Adame es consciente de la importancia que supone reafirmar la imagen que dejó en Madrid, pues le ayudará a allanar el camino de la temporada europea, donde tiene un panorama bueno, pero que podría ampliarse todavía más si consigue ratificar un triunfo en Madrid.

Y no sólo eso. Ahora que vive en figura del toreo, que disfruta a tope de su profesión, de sus amigos, y de los magníficos beneficios económicos que le ha reportado su esfuerzo, sabe que sobre sus espaldas recae el peso de la tauromaquia mexicana.

Esperemos que la corrida de Alcurrucén que se lidia hoy en Madrid salga tan buena como la del día del triunfo de Ginés Marín, el pasado 25 de mayo, y podemos transmitir un triunfo grande de Joselito en Las Ventas a través de la magia de la radio.

Porque, independientemente de las ganas de abrir la Puerta Grande, y terminar con esa sequía de 45 años para los toreros mexicanos en este escenario, él sabe que para trascender hay que torear bien, entregarse sin reserva, como el otro día, y dejar huella. Esa es su prioridad.


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