Anecdotario de Giraldés: Uno muy poderoso
Viernes, 26 Ago 2016
Tijuana, B.C.
Giraldés | Opinión
La huella de Heriberto García
El viernes pasado se quedó en el aire la pregunta de ¿Quién fue Heriberto? y hoy voy a tratar de plasmar, en unas cuantas líneas, la personalidad y el carácter de este torero de los años veintes y treintas, que tuvo una historia singular en los albores de la Época de Oro del Toreo de México.
Para no dejar de anotar algunos datos biográficos elementales, les contará que Heriberto García nació en Singuilucan, Hidalgo, el 10 de marzo de 1907. Después de una campaña importante como novillero, con grandes triunfos en El Toreo de la Condesa, tomó la alternativa en este mismo escenario el 28 de octubre de 1928, siendo su padrino Juan Espinosa "Armillita", y el testigo Pepe Ortiz, con toros de Zotoluca.
Ratificó este doctorado en la Monumental de Barcelona el 31 de marzo de 1929, alternanto con Victorano Roger "Valencia II" y Félix Rodríguez, con toros de Santa Coloma. Posteriormente, confirmó en Madrid con una corrida Miura, y el primer ejemplar de la tarde se lo cedió Diego Mazquiarán "Fortuna", en presencia de Luis Fuentes Bejarano. Ese año ganó la Oreja de Oro en México tras unas valerosas actuaciones en las que se distinguía por el poder de su muleta.
El 20 de abril de 1930 recibió una gravísima cornada en Madrid. No obstante, sumó 22 corridas a lo largo de esa temporada.
Heriberto García se hizo torero de la mano de Alberto Cosío "Patatero", que a su vez había aprendido a torear por enseñanza de Samuel Solís, que había sido pareja de Rodolfo Gaona y se había formado con el inolvidable Saturnino Frutos "Ojitos".
Era un hombre temperamental y trato difícil, y en su época retó al maestro Armillita a enfrentar toros duros, en una época en que quería hacerse notar con las figuras que estaban en candelero. A pesar de que tenía una gran técnica y le podía mucho a los toros, no tenía tirón de taquilla y esto le ocasionaba dolores de cabeza, pues los empresarios no querían respetarle el dinero que él quería cobrarles.
En ese afán de demostrar su valía y su poder con los toros, éstos lo castigaron muy duro y poco a poco se fue apagando. Pero ahí queda esta interrogante plasmada la semana anterior, y luego de que con todo y lo que sabía, que era muchísimo, siempre estuvo dispuesto a aprender, tal y como me lo dijo aquella vez en La Laguna hace ya tantos años.
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