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Espectro Taurino: El valor de un triunfo

Sábado, 13 Dic 2014    México, D.F.    Jorge Raúl Nacif | Opinión   
El espacio de cada sábado
En medio de una sociedad que cada vez con mayor fuerza define sus parámetros con base a cifras estadísticas, priorizando lo numérico sobre cualquier otro aspecto, consideramos que el valor del triunfo de un torero no va de la mano necesariamente de la cantidad de orejas.

Nos parece que lo más importante de la actuación de un torero no deberían ser los apéndices cosechados. Como cifras están bien y tienen cierto valor, pero dejar huella debe ser el principal objetivo de todo aquel que se pone delante de un animal bravo.

El toreo es un espectáculo que tiende hacia el terreno de los artístico, más que al deportivo. Aquí no se trata de goles, anotaciones o tiempos... sino de sentimientos. No es el torero que corta más orejas el que necesariamente trasciende y pasa a un plano superior, ni el que suma mayor cantidad de paseíllos.

Inteligentemente, El Payo nos comentaba hace poco tiempo, en una entrevista muy reflexiva, que el público no pierde tiempo buscando estadísticas, ni contabilizando las orejas de un torero, para decidir ir a verlo a una plaza de toros. La gente acude a ver a los diestros que le generan sensaciones positivas e intensas.

Ahora bien, entendiendo a las orejas como ese trofeo que reconoce la labor de un torero en el ruedo, su concesión debe ser lo más objetiva y equilibrada posible, siempre de la mano -como lo marca el reglamento en el caso de la primera oreja- de la petición democrática del público.

Más allá de los pañuelos de la afición, resulta necesario que los jueces de plaza cuenten con un criterio bien establecido y apegándose a lo que sucede en el ruedo. Esto viene a colación por la cantidad de orejas que han sido exageradamente concedidas en lo que va de la Temporada Grande de la Plaza México.

Finalmente cuando la autoridad concede premios excesivos, resulta contraproducente para el torero. Siempre hemos pensado que es mejor dar la vuelta al ruedo con una oreja bien ganada y con fuerza, que darla con dos "peludas" en medio de protestas.

Sobre todo tomando en cuenta que la Plaza México, por su naturaleza de coso de capital del país, no debe perder la exigencia en todos sus rubros. En este particular nos parece que el juez Gilberto Ruiz Torres puso la muestra al no otorgar la oreja a Zotoluco tras liquidar al primero de su encerrona con una estocada baja, haciendo uso, en ese preciso instante, de buen criterio.

Y es labor de todos los que de alguna manera formamos parte de la Fiesta, como nuestra labor profesional o aficionados, el saber aquilatar en su justa dimensión lo que hace un torero en el ruedo, sin dejarnos llevar por lo que en ocasiones son vacíos estándares numéricos.


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