El pasado fin de semana la temporada taurina española cerró sus puertas tras tres trimestres de sostenida actividad; el intenso calendario comenzó en los últimos días del frío invierno del hemisferio norte con la realización de los espectáculos teloneros de la campaña. En la primavera las funciones taurómacas se expandieron adquiriendo jerarquía con la celebración de las ferias más importantes; a la llegada del caluroso verano las fiestas patronales de aquí y allá celebraron corridas para dar forma a lo grueso del registro y, hace poco, los vientos otoñales ambientaron el tramo final de la carrera que vivió sus últimas paradas.
Las estadísticas precisan los nombres de los toreros que acumularon el mayor número de compromisos y constituye una variopinta lista de lidiadores que por sus capacidades y resistencia se encumbraron como los mejores a la hora de sumar actuaciones, lejos de los números aparecen otros espadas que pese a no reunir mayor cantidad de paseíllos, dejaron en los ruedos su marca de diestros de calidad.
En uno y otro caso el denominado escalafón taurino europeo acoge a quienes logaron convertirse en protagonistas de una temporada que, como siempre, deja mucha tela de donde cortar e infinidad de cosas de que hablar.
A la cabeza del catastro de matadores de toros se encuentra Juan José Padilla con un total de 68 corridas; el espectacular David Fandila "El Fandi" sumó 66 tardes; Iván Fandiño es el tercero, con 51 comparecencias, Miguel Ángel Perera acumuló 46 festejos, el francés Sebastián Castella 42, Enrique Ponce, 41; Julián López "El Juli", 39; el joven Daniel Luque, 37; Miguel Abellán, 36; actuaciones al igual que Antonio Ferrera.
Este es el pelotón puntero a la hora de anotar las apariciones en la arena, en otros lugares encontramos a coletas de categoría que optaron por administrar la cuantía se sus comparecencias al seleccionar el rango de los escenarios, el caso de José Mari Manzanares, que terminó en el lugar doce con 33 tardes; Alejandro Talavante, 32; el mexicano Joselito Adame logró torear en 30 ocasiones, abriéndose un importante espacio en el lugar número 17. Morante estructuró su "Morante Tour", con 30 escalas; Finito de Córdoba se apuntó a 25 corridas, el galo Juan Bautista toreó en 24 tardes para colocarse en vigésimo lugar.
Explorando la extensa nómina hallamos a Diego Silveti ubicado en la posición 33, con meritorias doce tardes; el colombiano Luis Bolívar ocupa el casillero 64, con seis; Arturo Saldívar con cinco actuaciones está en el puesto 72; el extravagante Rodolfo Rodríguez "El Pana" es el 91, con tres corridas; Michelito Lagravere quedó en el lugar número cien con tres contratos. Y también constan en la recopilación Uriel Moreno "El Zapata" con una sola tarde, al igual que Sergio Flores, Brandon Campos y Alejandro Amaya, respectivamente.
Pese a no ubicarse en la parte superior de las anotaciones supieron ser noticia el rubio Rafaelillo y su tenaz lucha en 14 corridas; el riojano Diego Urdiales que en apenas 11 apariciones hizo el toreo de mayor verdad de la campaña; el sevillano Pepe Moral y sus seis inolvidables entradas; el genio José Tomás, que conmocionó al sistema en apenas tres demostraciones, y el gran Joselito Arroyo, que llamó la atención en su única y mágica tarde de Istres.
Se echa de menos en el sumario la participación de toreros suramericanos, impresiona también la mezquina apertura a nombres de profesionales de grandes aptitudes y cualidades expresivas, marginados por la industria o sentenciados a recoger las fallas o retazos de la desgastada maquinaria que elabora los carteles.
Para establecer una visión real de la situación de unos y de otros, el índice merece revisarse desde el apartado correspondiente a la trascendencia de los cosos, en ágoras de mayor renombre predomina el aspecto del toro, crece el rigor popular como la exigencia de la crónica y se impone el duro baremo de la autoridad.
En este mundo al revés cuesta trabajo abrirse paso, la campaña termina y con ella el desigual regateo en los despachos que de por sí ya deja demasiadas bajas; la temporada se salda marcada además por los sacrificios de decenas de héroes ignotos y la tragedia de muchos otros que cayeron en la lucha, el caso de David Mora gravemente herido la triste y célebre tarde madrileña del 20 de mayo, es el símbolo de la sangre derramada.
Lo cierto es que más allá de las ciencias exactas, lejos, muy lejos de los guarismos, en este duro oficio no existen ni vencedores ni vencidos pues un total de 185 matadores de toros recorrieron las arenas de las plazas para honrar a la profesión y engrandecer a la fiesta.