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Tauromaquia: Joselito Adame conquista Bilbao

Lunes, 25 Ago 2014    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | Opinión   
La columna de este lunes en La Jornada de Oriente

Subleva ver a Joselito Adame relegado a plazas españolas de tercer orden, como si de nada hubieran servido sus éxitos reiterados en Madrid y Sevilla. Claro que no se trata de algo casual, más bien a una ingrata tradición discriminatoria, históricamente verificable desde los tiempos de Gaona y machaconamente sostenida por las empresas hispanas a expensas de los mexicanos en general, con la única excepción de Pedro Balañá Espinós durante sus muchos años de patriarca de la fiesta en Barcelona.

Así las cosas, suspirábamos por que llegara Bilbao, la gran feria del norte, sabedores de que José estaba anunciado con la corrida de Alcurrucén, hierro de garantías, no importando que el cartel del pasado lunes 18 fuera de los más modestos de la semana de Corridas Generales. 

Alcurrucén envió un encierro que no solamente lucía un trapío imponente –a la larga la más cuajada y cornalona de la serie--,  sino además resultó bravo y en general de magnífico estilo. El mejor lote se lo llevó Juan del Álamo –cortaría la oreja del 6o. - y el más flojo Paco Ureña –doble salida al tercio--, sin que nadie pueda quejarse de falta de colaboración del ganado. Y Joselito Adame –que no acostumbra quejarse, así le toquen pregonaos—se revolvió como un león en cuanto aparecieron los dos suyos, saludó al primero –retinto--  con verónicas de mando amplio y planta muy quieta y entró con paso firme en Bilbao.

Los bilbaínos, que lo seguían con interés, ganados por la decisión del chico, lo estuvieron midiendo hasta que su primera faena hizo explotar los olés, hasta terminar convencidos de que ahí había un torero. Un torero decidido a dejarse la piel –es decir, a aguantar, templar y mandar lo que hiciera falta—con tal de cortarles las orejas a sus toros. Dos buenos mozos, repito, y con mucho que torear, aunque agradecidos con quien supiera hacerlo. 

A su primero, tras las verónicas de recibo, le hizo un quite ceñidísimo por chicuelinas –Del Álamo replicó con las suyas, más finas y ligeras--, lo remató con una larga afarolada con la marca de su despierta imaginación, y le cuajó una excelente faena de muleta, predominantemente derechista. Para que cayera la primera oreja faltó acompañamiento musical –que el juez se resistió al ordenar-, y sobró una tanda de manoletinas con el toro ya muy remiso. Pero mató bien y saludó desde el tercio una ovación de gala.

Oreja con petición de otra. El quinto fue un galán castaño con una percha imponente. Salió pidiendo guerra y Adame lo fijó con una brega sabia y templada, y continuó cuidadoso de su lidia durante los dos primeros tercios. Pero desde los muletazos iniciales –doblones rodilla en tierra, muy plantado y mandón para ganar las afueras—la faena tuvo peso, poso y emoción. Lo mejor llegaría con la zurda, ya a los acordes de la banda, en dos tandas al natural de exacto pulseo, trazo generoso y compás muy abierto. A veces, el encastado animal se revolvía en un palmo, pero José siempre resolvió con gallardía y nunca perdió la compostura.

Esta vez no faltó ni sobró nada, y brilló por todo lo alto la entrega y maestría del de Aguascalientes, con el aguante y el temple como ingredientes clave. Estocada arriba, atacando con la misma invariable decisión, que cayó un poquito trasera. Y tendidos nevados en demanda de las orejas. Don Matías Rodríguez, viejo lobo, aguantó un buen rato antes de mostrar el pañuelo, y finalmente dejó en una el premio. 

Pero la vuelta y el sabor de un triunfo fuerte y auténtico se reflejó en el entusiasmo del público y se retrataba en la cara feliz del de torero de Aguascalientes.

43 años en blanco. Bilbao es, sin discusión, la feria del toro. No del toraco destartalado y aparatoso, sino de ejemplares que aúnan a un trapío irreprochable buenas hechuras y excelente nota. No obstante, ver anunciado a un mexicano en su cartelería es garbanzo de a libra. Creo que el último fue, allá por el 2002, Eulalio López El Zotoluco, que no hizo mal papel ante los miuras. Pero en 43 años, solamente Curro Rivera consiguió tocar pelo en el Bocho. No sólo eso, suyo fue el capote recamado de oro y bordado con piedras preciosas que el Club Colavidas destinaba cada año al triunfador de las Corridas Generales.

No era para menos, porque Currito le cortó las orejas al primero de Arranz que le soltaron (17.08.71), y repitió la hazaña a los dos días, con una faena que, para la mayoría de los críticos presentes, fue aún mejor, y que le reportó dos apéndices del 3o.  murube de Carlos Urquijo.   Regresó, en tono menor, al año siguiente. Y hasta nunca, Bilbao.

En los años que van de esos primeros setentas a la fecha, solamente partirían plaza en el coso vizcaíno Jorge Gutiérrez, Manolo Arruza –su padre sólo actuó una vez en la antigua Vista Alegre, con poca suerte--, y Chuchito Solórzano, que en el 79, sin rodaje previo, se apuntó al encierro de Miura con magro resultado. Total, que en 43 años ningún mexicano había tocado pelo en Bilbao.

Previamente al triunfo arrollador de Curro Rivera habían logrado cortar oreja allí Juanito Silveti (22.08.53: le brindó un Pablo Romero a Ava Gardner y tuvo doble petición), Capetillo (24.08.63) y José Huerta (19.08.64), antes de caer seriamente herido por un Santa Coloma, el día 22. Por cierto que Manolo Martínez también sufrió una cornada grave al presentarse en el Bocho (20.08.69), infligida por un burraco de Osborne al que se estaba arrimando en serio, delante de Ordóñez y Camino.

Fermín, el amo. Pero sin duda, el mexicano con más cartel y victorias en Bilbao ha sido Fermín Espinosa Saucedo “Armillita Chico”, como aún se anunciaba en los años de la república, coincidentes con su ascensión a favorito absoluto del público bilbaíno. Una racha que arranca en 1932, alcanza la cúspide en el 35 –con los faenones a “Mocito” y “Arrempuja”, de Domecq (21.08.35)—y se prolongará cuando, al reanudarse el intercambio taurino con España, vuelva Fermín al Bocho en 1945 y 46. Siempre en plan de triunfador absoluto.

Botones de muestra. Comentando las corridas de 1932, el cronista vasco Alfonso de Aricha señalaba que “si Ortega suma cien corridas por temporada, Armillita debería torear setecientas…” y más adelante, al referir el momento culminante de aquella feria, que “En Bilbao no se saca a nadie en hombros… salvo esta vez, como pedestal de este inmenso lidiador. Vuelta al ruedo en hombros. Y en hombros, general Concha abajo hasta el Arenal… en vilo por Bidebarrieta ¡¡Armillita Chico!!”. (La Fiesta Brava, semanario, 2 de septiembre de 1932).

En cuanto al desempeño de Joselito Adame el pasado lunes, escribe el imparcial y docto Barquerito: “Adame lo vio claro y fácil, y lo hizo todo sencillo: el regalo de un par de caros detalles a pies juntos, tres tandas muy bien tiradas, excelente colocación, decisión más que suficiente. La gracia tan del repertorio mexicano de ligar el circular con el molinete y el de pecho… Cae de pie en Bilbao el torero de Aguascalientes.”  (Colpisa, 18 de agosto de 2014).


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