Aunque en muchas ocasiones las noticias no llegan hasta nuestro país, no son pocos los toreros mexicanos que luchan y batallan en territorio peruano, bello país suramericano en el que, sin mayores reflectores, la Fiesta constituye unas de las tradiciones más arraigadas en muchas de sus ciudades.
Y es que es un buen número de corridas las que son celebradas a lo largo del año en Perú. En este marco, es común a últimos tiempos que toreros mexicanos se busquen la vida por allá, en ausencia de oportunidades en nuestro país.
No es fácil emprender la aventura de llegar a Perú y buscar abrirse paso en aquella Fiesta. Muchos factores deben ser superados; por poner un ejemplo, corridas a una altura muy elevada sobre el nivel del mar, o en otras ocasiones la exagerada catadura y edad de varios de los toros lidiados, la poca difusión de los éxitos o adaptarse a un entorno muy diferente al nuestro.
Sin embargo, la experiencia de batallar por aquellas tierras sirve para forjar el carácter. Asimismo, permite verle la cara al toro y mantenerse o ganar sitio, aunque poca repercusión en el resto del planeta de los toros tengan los triunfos logrados en estas giras, salvo en caso de muy contadas plazas o ferias de categoría.
En este tenor, los toreros mexicanos han emprendido el reto como una opción de mantenerse en actividad y ritmo, sumar fechas y ganar en confianza. En épocas recientes, matadores como Antonio Bricio, El Poeta o Israel Téllez, han llevado a cabo extensas campañas en Perú, con un gran número de corridas; muchas de éstas, no obstante, poco conocidas en México.
No con temporadas largas, pero también espadas jóvenes como Salvador López han tomado parte en suelo peruano. Actualmente, Leopoldo Casasola abre camino por allá, con la ilusión que sus actuaciones y triunfos puedan llegar a repercutir, como lo hizo este mismo año Alfredo Gutiérrez, con buenos resultados.
Otros toreros, que ocupan actualmente un buen puesto en el escalafón mexicano y toman parte en las temporadas y ferias de plazas importantes, acuden a Perú en cosos muy concretos como punto de partida entrar al toreo suramericano. En este rubro estarían Uriel Moreno “El Zapata” y, recientemente, Fabián Barba.
Como becerrista y novillero, Michelito Lagravere contó con Perú como un buen aliado para su formación taurina, pues llevó a cabo periplos en este país y logró abrirse paso, sumando fechas.
La difusión, incluso por parte de las propias administraciones de los toreros, no debe quedarse atrás. Quizá no son plazas demasiado trascendentes para el mundo del toreo, pero los paisanos realmente se la juegan en ciudades y pueblos de aquel país, muchas veces en localidades alejadas y con pocos elementos a favor.
La Fiesta en Perú, para muchos alejada y desconocida, sigue latiendo con fuerza en una gran cantidad de rincones dentro de su territorio.