Remembranza: Tras los pasos de Curro Rivera
Jueves, 21 Ago 2014
México, D.F.
Juan Antonio de Labra | Opinión
Así saboreó sus dos triunfos el gran Curro Rivera en Bilbao en 1971
El significativo triunfo de Joselito Adame en Bilbao viene a ser un recordatorio de que sigue haciendo historia en las plazas de primera categoría de Europa y, una vez más, parece que la ambición del hidrocálido lo encamina hacia los pasos que dejó por allá esa gran figura que fue Curro Rivera.
Curiosamente, al igual que ocurrió en la Feria de Sevilla de 2012, en la que Joselito cortó una oreja 41 años después de que el carismático Curro saliera por la Puerta del Príncipe de La Maestranza, ahora obtuvo un valioso trofeo en la Feria de Bilbao a más de cuatro décadas de distancia de la apoteosis del maestro Rivera en 1971, cuando triunfó clamorosamente en "Vista Alegre" y salió a hombros dos veces en el mismo ciclo.
Esta interesante conexión de acontecimientos pone de relieve los logros de los nuestros en cosos europeos, y sirve para dar su verdadera trascendencia a los hechos que se consignan a continuación, referidos de las actuaciones de toreros mexicanos exclusivamente en la actual plaza de "Vista Alegre" de Bilbao, y en tiempo de sus llamadas "Corridas Generales".
La presencia de espadas mexicanos en Bilbao ha sido muy escasa, supongo que por tratarse de una feria relativamente corta –muy cerrada, con una gestión hasta cierto punto restrictiva–, así como la falta de consistencia de los matadores mexicanos en temporadas europeas que tengan el dinamismo y la visibilidad suficientes para entrar en un cartel bilbaíno, precisamente como lo está haciendo Joselito en la temporada 2014 en la que ha participado en ferias muy importantes como son la Feria de Fallas de Valencia; la de Abril de Sevilla; la de Pascua en Arles; la de San Isidro en Madrid (tres tardes); la de Pentecostés de Nimes; la de Bayona, la de Mont de Marsan o la de Santander, hasta llegar, precisamente, a ese reto que siempre representa actuar en Bilbao.
De esta suerte, los toreros mexicanos, de 1962 a la fecha, sólo han toreado un total de 18 corridas en "Vista Alegre", lo que se traduce, sinceramente, en un escaso balance en una plaza que se encuentra enclavada en el mismo lugar donde estaba la plaza vieja, que fue destruida por un incendio en septiembre de 1961. Así concluyó, de manera accidental, la historia de un escenario taurino que había sido inaugurado el 13 de agosto de 1882 y tuvo una permanencia de 83 años.
El flamante y cómodo coso, de 14 mil 800 localidades, fue construido en cinco meses por el arquitecto Luis María de Gana. Su primera corrida se celebró el 19 de junio de 1962 con un cartel compuesto por Antonio Ordóñez, César Girón y Rafael Chacarte, que cedieron la mitad de sus honorarios. Lidiaron toros obsequiados por los ganaderos Juan Pedro Domecq, Urquijo de Federico, Atanasio Fernández, Antonio Pérez de San Fernando, marqués de Domecq y Ricardo Arellano Gamero Cívico.
Cabe mencionar que los planos de esta nueva plaza de "Vista Alegre" sirvieron de guía para construir la otrora Monumental de Jalisco –obra del prestigioso arquitecto tapatío José Manuel Gómez Vázquez–, hoy conocida como "Nuevo Progreso" de Guadalajara. Es por ello que ambas plazas son tan parecidas en su concepto arquitectónico, y también en algunos de sus acabados.
Capetillo, la primera oreja en la nueva plaza
El año en que se dio la feria por vez primera en el nuevo escenario, hay que anotarle una comparecencia a Alfredo Leal, el 19 de agosto de 1962, la primera de un mexicano en las "Corridas Generales". Alternó con Juan García "Mondeño" y Antonio Ortega "Orteguita", con toros de Fermín Bohórquez, y bosquejó detalles de su acusada elegancia.
Al año siguiente, Manuel Capetillo cortó una oreja la tarde del 24 de agosto de 1963, en presencia de dos monstruos del toreo: Paco Camino y Manuel Benítez "El Cordobés". Se la tumbó a un ejemplar de la ganadería de Antonio Martínez Benavides al que hizo una faena destacada que remató de una estocada entregándose. Fue el primer apéndice concedido a un torero mexicano en esta plaza, en el marco de la Feria de Bilbao.
En la misma feria de 1963, Antonio Campos "El Imposible" se quedó anunciado y no pudo torear, pues resultó herido de manera accidental, el 12 de agosto en la Feria de San Sebatián, por un toro de la ganadería de Antonio Ordóñez –que lidiaba El Viti –, cuando lo arrolló al salir del picador.
Aquella fue la tercera cornada de una temporada aciaga para el poblano, que ese año de su confirmación en Madrid, también había regado su sangre el 9 de junio en Plasencia y el 25 de julio en Palma de Mallorca, en sendas cornadas consecutivas que antecedieron a la última que lo quito de Bilbao, ya cuando la cornada mortal y traicionera del cáncer había invadido su cuerpo y terminaría con su vida el 29 de diciembre de ese año, cuando contaba 35 años de edad.
En la feria de 1964 compareció un torero que ya conocía muy bien a los públicos de España: Joselito Huerta, que nueve años antes había hecho una destacadísima temporada como novillero que desembocó en una alternativa de categoría en La Maestranza de Sevilla, durante la feria de San Miguel.
El de Tetela de Ocampo toreó en Bilbao dos corridas: la primera el 19 de agosto, al lado de Diego Puerta y El Cordobés, que ese día conquistó a la afición vasca con su entrega y cortó tres orejas. Los toros que se lidiaron pertenecían a la ganadería manchega de Samuel Flores, y al cuarto del festejo Huerta le tumbó una oreja de peso tras haberle hecho un magnífico quite por gaoneras y una faena donde brilló su toreo poderoso y valiente con la mano derecha.
Tres días después, el 22 de agosto, el maestro Huerta cumplió con su segundo contrato y dio una vuelta al ruedo tras lidiar al toro que abrió plaza, del hierro de Joaquín Buendía, de origen Santa Coloma. Esta es la única corrida de este encaste que han lidiado los mexicanos en “Vista Alegre” hasta la fecha. Lamentablemente, en el cuarto resultó herido de gravedad en la región perineal. Ese día alternó con Curro Romero, que pegó un petardo gordo, y El Viti, que fue ovacionado.
En la temporada de 1965 regresó a España, pero ya no tocó Bilbao, de tal forma que aquella fue la última vez que el aguerrido espada mexicano pisó por última vez la grisácea arena del coso de la ciudad del río Nervión.
La grave cornada de Manolo
Un lustro más tarde se presentó en Bilbao un torero que iba ganando terreno en México: Manolo Martínez. Y debutó al lado de las mismas figuras que lo habían flanqueado en el paseíllo de la famosa Corrida del Corpus de 1969: Ordóñez y Camino, con reses lusitanas de Patricio Cunhal.
En este caso, la terna enfrentó toros de José Luis Osborne de triste recuerdo en esa tarde para el de Monterrey, pues el primero de su lote, que desarrolló genio en la muleta, le infirió una grave cornada de 20 centímetros de profundidad, localizada, por extraña coincidencia, en la misma zona perianal donde fue herido Joselito Huerta años antes. Aunque el pitón le disecó la pared del recto, Manolo permaneció en el ruedo gallardamente hasta dar muerte al toro, antes de pasar por su propio pie a la enfermería.
Este doloroso percance lo quitó de la segunda corrida que tenía contratada en la feria bilbaína, el sábado 23, con Paco Camino y El Viti, y toros de Antonio Pérez de San Fernando. Y también le impidió torear otras doce fechas, aproximadamente, de esa temporada europea en la que el de Monterrey actuó en un total de 48 corridas de la mano de su paisano Álvaro Garza, que entonces lo apoderaba tras la trágica muerte del matador Pepe Luis Méndez, su primer mentor.
Manolo reapareció el 2 de septiembre en la plaza de Palencia, donde le tumbó dos orejas a un toro de María Cruz Gomendio, y en su siguiente corrida, que tuvo lugar el 7 de septiembre en Murcia, pagó un nuevo tributó de sangre al resultar herido en el escroto y el pene, lo que no le impidió continuar la lidia.
No obstante, y para rematar esta mala racha, antes de que concluyera el mes, el día de San Miguel, un toro muy bravo de Juan Pérez Valderrama le pegó otra cornada en Cáceres, en el muslo derecho, al entrar a matar, la tercera y más grave de aquella temporada española de 1969 en la que luchó contra todo y contra todos.
Al año siguiente toreó en Bilbao otra corrida de José Luis Osborne, al lado de Miguel Márquez y Manolo Cortés, con la que para Antonio Díaz-Cañabate no estuvo bien, pues en el diario ABC lo tacha de "torero insulso", con ese soberbio desdeño que el rancio escritor costumbrista ostentaba en contra de los toreros mexicanos.
En cambio, en las páginas de El Ruedo, el argumento del cronista Vicente Martínez Zurdo, es que Manolo estuvo por encima de las condiciones de sus toros, y al segundo de su lote le hizo una faena que el público no entendió. En su relato dice que el torero de Monterrey “no cayó en gracia en Bilbao, e ignoro el porqué el público estuvo de uñas con él”. Lo cierto es que en ninguno de los dos toros estuvo fino con la espada.
Seguramente, y dado el temperamento que tenía Martínez, debió sentarle muy mal la actitud de la gente, así que de un plumazo se quitó de la segunda corrida que tenía contratada en ese ciclo bilbaíno, la del domingo 23, y dio por concluida, de manera abrupta, la segunda temporada europea de su carrera.
En ese año toreó 14 corridas en Europa en dos etapas. A su regreso a México, el 30 de agosto de 1970, se encerró en Tijuana con una corrida de Tequisquiapan, la sexta de las 29 tardes que toreó en solitario a lo largo de su brillante carrera, aquella que marcó toda una época.
La apoteosis de Curro Rivera
Resulta incomprensible que un torero de la importancia de Antonio Lomelín, que triunfó de manera clamorosa en las ferias de San Isidro de 1970 y 1971, con sendas salidas a hombros, no haya sido considerado nunca para torear en Bilbao.
Por su parte, Curro Rivera toreó en 1971 dos tardes: el 17 y 19 de agosto, respectivamente. En la primera alternó con Diego Puerta y Dámaso González, con toros de Manuel Arranz; y en la segunda, con El Viti y su tocayo, Francisco Rivera "Paquirri", con toros de Carlos Urquijo. Cortó dos orejas por tarde –y dio dos vueltas al ruedo en los respectivos segundos toros de su lote– y abrió la puerta grande de manera consecutiva.
Cabe señalar que en la primera comparecencia enfrentó un toro de Manuel Arranz "alegre y boyante", según explica Díaz-Cañabate en las páginas del diario ABC, y añade que la faena de Curro "es la mejor de cuantas le he visto desde las Fallas de Valencia. El toro iba franco y noble y el torero se acopló a su embestida. No es esto fácil. Estos toros descubren a muchos toreros. No descubrió a un torero más reposado, sin tanta rapidez en su toreo y por lo tanto con temple. Menos retorcido, y, por lo tanto, con buen gusto. Los pases eran largos, armoniosos, ligados y los adornos muy en su punto. Una faena de torero hecho que me complazco en elogiar, por lo mismo que en otras ocasiones opuse mis reparos al torero mexicano-bilbaíno, quien mató de un pinchazo y una estocada".
Se trata de los dos triunfos más importantes de un torero mexicano en la plaza de "Vista Alegre" desde que se estrenó hasta la fecha. En esa temporada europea de 1971, Curro toreó un total de 58 corridas en Europa y quedó en el sexto lugar de un escalafón que encabezó El Cordobés, con 87 paseíllos.
Al año siguiente, en la feria de 1972, Curro recogió el trofeo como triunfador y ese fue el único sabor grato que le quedó en las horas previas a una corrida que fue un fiasco por el deslucido y flojo juego que dieron los toros de Manuel Arranz en su primera corrida, lo que contribuyó al titular de Díaz-Cañabate en ABC, con aquello de “Un toro borracho”. Esta era una de las corridas de mayor expectación, pues alternaban con el mexicano dos figuras de época: Luis Miguel Dominguín y Paco Camino.
Y en su segunda tarde ya no pudo remontar esta cuesta arriba en un festejo en el que estuvo esforzado pero sin redondear sus dos faenas, mientras que Julio Robles cuajó al sexto, le cortó dos orejas y salió a hombros, mientras que El Capea cortó una oreja a su primer toro y solvento la papeleta con mucho oficio delante de un sobrero de Pérez Angoso, un morlaco muy complicado que pesaba 580 kilos. Con esta actuación terminó la historia de Curro Rivera en la tierra de su madre, ahí donde siempre lo trataron con cariño y lo sentían como paisano, y donde la plaza de "Vista Alegre", la de sus grandes triunfos, está asentada en el domicilio correspondiente a la "calle Martín Agüero número 1".
La sequía de triunfos
En ese mismo año de 1974 en que Mariano Ramos hacía temporada en España, y ya había confirmado su alternativa en Las Ventas, acudió a Bilbao a sustituir a Rafael de Paula. Toreó el 20 de agosto acompañado de Antonio José Galán y José Mari Manzanares, en una corrida que estuvo a punto de suspenderse por la fuerte lluvia que cayó horas antes del festejo. Se lidió una corrida de Carlos Urquijo, la ganadería de encaste murubeño que más veces han enfrentado los mexicanos en esta plaza, y el torero de La Viga estuvo discreto y sólo cosechó palmas en el sexto del festejo tras una faena encomiable que no remató con la espada. El triunfador fue Manzanares, que cortó orejas benévolas, según la crónica de El Ruedo firmada por el crítico Ricardo Díaz-Manresa.
Después de Mariano, Eloy Cavazos compareció en Bilbao en la feria de 1975, tras haber pasado por dos tardes por Sevilla, Madrid (donde cortó una oreja), Zaragoza (también obtuvo un apéndice) y Pamplona, en una temporada que toreó un total de 21 corridas.
En su actuación bilbaína, enfrentó toros andaluces de Carlos Urquijo, ganadería que ya atravesaba por un bache, que resultaron complicados y ofrecieron pocas posibilidades de triunfo a la terna que completaban Dámaso Gómez y Rafael Torres.
El desaparecido cronista Vicente Zabala escribió en ABC que "el mexicano conoce bien las triquiñuelas del oficio. Sabe andar por la cara del toro, lo que le fue muy útil el domingo para salir airoso de la nada fácil papeleta. Consiguió que los aplausos le acompañaran en diversos momentos de su actuación. Al final de las dos faenas de muleta volvió a ser ovacionado y salió a saludar hasta el tercio".
Por su parte, Manolo Arruza hizo lo propio el 21 de agosto de 1975, al lado de Rafael de Paula y El Capea, con toros de Ramón Sánchez (antes Manuel Arranz), que resultaron mansos y correosos en líneas generales. El hijo del Ciclón, que apenas iba a cumplir dos años de alternativa, estuvo muy bien con el toro de su debut, con el que dio una aclamada vuelta al ruedo tras estar muy dispuesto y valiente.
Un telefonazo a Manolo Chopera
Siguiendo con esta retrospectiva, quizá pocos aficionados recuerdan que Jesús Solórzano también se apuntó a la corrida de Miura, tres años antes, en 1979, luego de que el panorama se le había complicado al verse marginado varios años de la Plaza México.
A Chucho se le hizo fácil coger el teléfono y llamar al emblemático empresario Manolo Chopera para decirle que lo pusiera con la de Miura, corrida que, por cierto, se transmitió en vivo por radio para México el domingo 26 de agosto. En esa tarde, el hijo del Rey del Temple sólo mató un toro de la legendaria divisa andaluza por haber sido parchado el encierro con dos toros de Lisardo Sánchez que, paradójicamente, uno de los que enfrentó Solórzano resultó un galimatías que dio peor juego que los miuras de esa tarde, que fueron manejables y con los que Ángel Teruel cosechó una solitaria vuelta al ruedo.
En la feria de 1982 tocó turno a Jorge Gutiérrez, que venía embalado y toreó dos tardes: la primera en compañía de José Antonio Campuzano y Emilio Muñoz, con toros lusos de Murteira Grave. Le negaron la oreja del segundo toro de su lote, al que le hizo un faena importante, y dio dos vueltas al ruedo. Al día siguiente toreó al lado de Ruiz Miguel y Tomás Campuzano, con ejemplares de Miura, aunque no sucedió nada relevante.
Zotoluco, también con miuras
Parece increíble, pero después de esta comparecencia de Jorge Gutiérrez en Bilbao, pasaron ¡20 años! sin que un mexicano hiciera el paseíllo en "Vista Alegre". Y fue Eulalio López "Zotoluco" el que volvió a representar a México en este escenario en la feria del año 2002, cuando se apuntó a la corrida de Miura que tuvo lugar el 25 de agosto, en aquella histórica temporada en la que mató la camada entera de la temible divisa andaluza.
El de Azcapotzalco encabezó un cartel de corte internacional, al lado del francés Fernández Meca y del español Juan José Padilla, para dar cuenta de los toros de la legendaria divisa de Miura, de la que salió con nota sobresaliente. Su balance fue de ovación con saludos tras aviso y dos vueltas al ruedo. Al final sólo enfrentó un toro de Miura, pues el cuarto fue devuelto por inválido y sustituido por uno de Juan Manuel Criado, cuya faena malogró con la espada.
Tras esta actuación llegó otro extenso período de inactividad para los nuestros en Bilbao, comprendido entre 2002 y 2014, hasta que Joselito Adame retomó la historia de triunfos de Curro Rivera en la plaza de "Vista Alegre", en una actuación que marca el firme paso de una temporada europea en toda forma.
Así que valga este breve relato sobre la participación de los toreros mexicanos en la actual plaza de Bilbao, donde el reciente triunfo de Joselito reviste una relevancia especial, que viene a dar a su persona una dimensión de figura de exportación que es consciente de la importancia que tiene volver a poner el nombre de México en su sitio dentro del panorama taurino internacional.
Noticias Relacionadas
Comparte la noticia