Liber taurus: Los colores de los toreros
Viernes, 08 Nov 2013
Quito, Ecuador
Santiago Aguilar | Opinión
La columna de este viernes
Las corridas de toros como la mayoría de creaciones humanas con valor estético, cuentan con la luz y el color como elementos que le dan sustancia y personalidad, al punto que los contrastes, es decir las luces y las sombras, expresan con enorme fuerza la alegría y el drama de la vital lucha entre el toro y el hombre.
El espectáculo taurino, organizado como está, en diferentes episodios que se repiten tarde a tarde con la puntualidad de un rito, entraña momentos en los que la riqueza visual activa los sentidos y alimenta las emociones; es que en la corrida, sin solución de continuidad, minuto a minuto, se suceden escenas en las que el color, siempre el color, reclama la admiración popular.
Esa maravillosa exhibición de tonalidades, en primer lugar se ubica en los tenidos de la plaza minutos antes de la iniciación del festejo, miles de personas, hombres y mujeres vestidos para la ocasión, –poco a poco- encuentran sus asientos con la ilusión y la expectativa dibujadas en sus rostros; de hecho, los instantes previos al toque de clarín que anuncia el despeje de la arena son el multicolor y vibrante prólogo de la jornada taurina.
Una exclamación general sintetiza el sentir y pensar de los aficionados al momento en que se abre la puerta de cuadrillas y da inicio el paseíllo, el mágico desfile inicial de los toreros encabezados por los matadores que con gesto entre solemne y preocupado, paso a paso, recorren el ruedo exhibiendo vistosos y ceñidos trajes, bordados en oro en el caso de los diestros y en plata o pasamanería al tratarse de los subalternos, claro está que las figuras, es decir los espadas consagrados, muestran las mayores galas por su condición de actores estelares. Sin embargo, el pelotón de lidiadores de apoyo, banderilleros y picadores, visten trajes de luces de diversos tintes que enriquecen la inigualable imagen.
En las gradas los comentarios se concentran en tratar de fijar con claridad y exactitud el color de la indumentaria que porta la terna de coletas, discusión ésta tan antigua como el toreo, pues desde los orígenes de la fiesta los toreros marcaron diferencia por las muy especiales características de su ropa de trabajo, cabe señalar que este vestimento, de mano de la moda fue cambiando en el tiempo hasta adquirir su forma actual en las primeras décadas del siglo pasado, recibiendo la influencia y aportes de genios de la pintura desde Goya hasta Picasso, además de la creatividad de señaladas figuras de cada época.
El terno de los oficiantes de la lidia se compone de la chaquetilla que es, claro está, la chaqueta, la taleguilla como se conoce al pantalón, el chaleco, la camisa, el corbatín, la faja delgada -cinta que se ata en la cintura-, las medias, las zapatillas, la montera -que es el tocado de los lidiadores- y el capote de paseo, especie de capa con distintos bordados, algunos que llevan imágenes religiosas, que se utiliza para el referido paseíllo.
Volvamos al graderío y al debate sobre la moda taurina y la cromática en el que frases como: el vestido de fulano es verde botella y oro, -que no, que es verde esmeralda-, ni lo uno ni lo otro, -yo creo que en realidad es verde oliva- se repiten en varios escaños del escenario; confirmado por que a las corridas se les califica como fiesta de luz y color.
Lo cierto es que a la hora de las combinaciones, la variedad de colores se ajusta al rico espectro lumínico del arco iris, para lograr los diferentes tonos y matices en cuya concepción participan en forma directa el gusto particular del torero y las recomendaciones de los sastres, notables artesanos que ofrecen vida y forma al traje de luces.
Con propósitos de denominación los colores de los vestidos se han dividido en cinco grupos de acuerdo a sus gamas, pero en realidad existen un sinfín de tonos que encuentran nombre e identidad en una interminable lista de semejanzas. A las ya descritas diferencias de verdes, a manera de ejemplo, podemos agregar el rojo o grana y sus variantes, sangre de toro, cardenal, corinto, geranio, amaranto, etc.
En el caso de los que provienen del azul mencionamos al noche, pavo, cobalto, rey, añil, prusia, entre otros; con matices más claros el aguamarina, turquesa, azulina, marbella y el purísima, por su parecido con el color del manto de la virgen. Los nombres surgen de la imaginación de los actores taurinos como es el caso de los trajes marrones como el tabaco, tierra, tinta, pasa, castaño, canela, avellana, en fin.
Más allá del buen vestir de los toreros y del inacabable listado que conjuga tonalidades y nombres, lo verdaderamente trascendente es que llevar el traje de luces significa formar parte de un selecto grupo de hombres que se viste de gala para enfrentar a la muerte.
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