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Aarón Palacio se reivindica con valor y raza

Viernes, 16 Oct 2026    Zaragoza, España    Paco Aguado | Foto: ZT         
Salió a hombros durante la quinta corrida de la Feria de Zaragoza
El joven diestro aragonés Aarón Palacio, que salió a hombros de la plaza tras cortarle las dos orejas al áspero y complicado sexto toro de la tarde, se reivindicó hoy ante Morante de la Puebla y Sebastián Castella derrochando valor y raza en el quinto festejo de la feria del Pilar de Zaragoza.

Todo sucedió en ese último capitulo, cuando la tarde ya se iba casi vacía y el público que abarrotó los tendidos del coso de la Misericordia ya parecía conformarse con el intrascendente efectismo de Sebastián Castella, al que se concedió en su primero y se le negó en su segundo una oreja, en ambos casos, de escaso mérito y justificación.

Pero sí que tuvieron esas condiciones las dos que prácticamente le arrancó a ese sexto, otro feo astado con el hierro de Olga Jiménez, el novel maño, que desde que lo saludó a portagayola se las ganó a pulso en un derroche de valor y entrega con el que se  reivindicó como firme promesa entre las figuras en una tarde señalada, de las que piden un triunfo infalible si se quiere ser "gente" en el toreo

Y a demostrarlo salió Palacio, que había perdido ya otro trofeo al pinchar al tercero, el de mejor hechura y condición de la tarde dentro de su justo fondo, ante el que también puso firmeza y decisión aunque, demasiado encimado en los cites, su templado toreo no terminara de fluir.

De ahí ese despliegue con el sexto, al que aún pegó tres largas más de rodillas en el tercio antes de fajarse con la capa y optar por que el alto y descompensado ejemplar no recibiera más que un escaso castigo en el caballo, único forma en que, visto lo visto con los anteriores, pudiera tener algo de duración en la muleta.

Pero con tan poca sangría, más que aguantar, lo que hizo el toro de Matilla fue desarrollar más violencia en su reservona condición, midiendo y escarbando antes de soltar sus bruscas oleadas, con las que Aarón Palacio ya se fajó en otro arrojado inicio de faena con las dos rodillas en tierra, pasándose muy cerca del pecho los pitones y poniendo en pie, ahora con verdadera emoción, a todo el tendido.

Y aún siguió haciéndolo con idéntica firmeza en tres series con la mano derecha, no solo aguantando y conduciendo con temple las nada claras y ceñidas arrancadas sino también adornándose con variedad, alternando valor y alegría dentro de todo un derrocha de raza y ambición.

Un inoportuno desarme, tras otra sufrida serie de naturales y con el toro cada vez amenazante, no fue óbice para que el nuevo matador aún levantara el ambiente con unas manoletinas ajustadísimas y otro desplante, también desarmado, al que el de Olga Jiménez respondió con una aviesa oleada en con la intención de cornada que andaba buscando pero que no consiguió.

Por todo eso, tras una estocada, aunque algo defectuosa, volcándose sobre el morrillo, se desató la petición de esas dos orejas que llevaron a hombros a Aarón Palacio hasta la puerta grande y que esta vez la presidencia no tuvo reparo alguno en conceder, al revés que sucedió en el toro anterior con la pañolada en favor de Sebastián Castella.

En este caso, aunque obligaba la petición claramente mayoritaria, la autoridad del palco se negó a atenderla después de una labor tan larga como intrascendente del francés a otro toro zancudo y descompensado al que repitió constantes muletazos cortos y abiertos para intentar alargar su poco fondo de raza previos a un arrimón no menos insustancial pero que animó al agradecido y festivo público que llenó la plaza.

Muy similar, y esta sí orejeada, había sido la labor de Castella con el segundo, un mostrenco chochón al que le costó rematar sus débiles arrancadas hasta que acabó acobardándose para que el galo, después de muchos pases enganchados y sin estructura, se metiera otra vez entre los pitones en busca de la más demagógica y sencilla conexión con el tendido y de esa oreja barata.

Por su parte, Morante de la Puebla no perdió demasiado tiempo con un basto sobrero de Domingo Hernández excesivamente sangrado en varas, pero lo compensó dilatando su empeño ante el cuarto, otro cinqueño grandón y con más de seiscientos kilos de descompensadas hechuras y que, por eso mismo, tuvo muy poco empuje de riñones.

Si el toro duró fue únicamente por la perfecta, y poco evidente, técnica con que lo ayudó el artista sevillano, esperándolo y conduciéndolo con un ajustado temple con ambas manos, casi siempre ajustado y embraguetado, aunque sin posible ligazón, hasta llegar así a la misma querencia de chiqueros a la que desde el primer momento quería irse el animal. Sólo un feo bajonazo de remate impidió que también el de la Puebla "tocara pelo" en este primera aparición zaragozana.

Ficha
Zaragoza.- Plaza de "La Misericordia". Quinto festejo de la feria del Pilar de Zaragoza, con cartel de "no hay billetes" (unos 11 mil espectadores) en tarde de calor. Cinco toros de Hermanos García Jiménez (el sexto con el hierro de Olga Jiménez) y un sobrero, en  primer lugar, de un titular devuelto por flojo, de Domingo Hernández. En conjunto, corrida de varios cinqueños, con volumen y peso aunque la mayoría de muy descompensadas hechuras, y de escaso juego por su medidas raza y fuerzas, salvo el sexto, que se defendió con brusco sentido. Morante de la Puebla (corinto y oro): Silencio tras aviso y ovación. Sebastián Castella (carmesí y oro con remates negros): Oreja tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso y fuerte petición de oreja, con bronca a la presidencia. Aarón Palacio (negro y oro: Silencio tras aviso y dos orejas. Incidencias: Entre las cuadrilla, José Chacón, Alberto Zayas, Juan Sierra y Sánchez Araujo saludaron en banderillas.


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