El matador de toros en retiro Jorge Ávila envió una carta a nuestro colaborador Horacio Reiba, para ejercer su derecho de réplica sobre algunos puntos expuestos en su artículo publicado el pasado 12 de octubre, titulado: "El adiós de Manolo Vázquez, un referente del arte".
Una carta que se hace pública para el conocimiento de los aficionados, tomando en cuenta la sana divergencia, sustentada en la investigación y el respeto a las opiniones. Luego de las consideraciones anteriores, Jorge Ávila aclara lo siguiente del texto antes mencionado.
Señor Reiba, usted escribe:
"... de un memorable jueves de Corpus, recordado también por los quites en cadena de Curro Romero, Rafael de Paula y el propio Manolo, que fue quien se llevo el premio mayor de las dos orejas (18.06.81). En La Música callada del toreo (Edit. Turner Madrid.1981), Jose Bergamin recrea las impresiones y sentires que lo conmovieron dicha tarde."
Aclaración de Jorge Ávila:
En La Música Callada del Toreo, no aparecen ni las impresiones ni los sentires que usted menciona que conmovieron esa tarde a Bergamín. Don Manuel Vazquez Garces, desbordaba clase y arte a raudales de manera tal, que sin despeinarse podía conmover a Bergamin y a quien hiciera falta. Asi que si asistió esa tarde al ruedo de la Maestranza, seguramente se debe haber conmovido como le sucedió a la gran mayoría de los asistentes a esa corrida. Sin embargo, para que Bergamín recreara sus impresiones en el libro que usted menciona, hubiera sido necesario que el ilustre escritor y Poeta madrileño fuera adivino, porque La Música Callada del Toreo, se terminó de imprimir en los talleres madrileños de Miguel y Alfonso Ramos el 14 de abril de 1981, cuando faltaban cincuenta y tres días para el 6 de junio, jueves de Corpus de ese año.
Reiba escribe:
"O incluso los Belmonte, pues los hermanos del Terremoto de Triana, Manolo y Pepe, crecidos a la sombra de Juan, resultaron unas auténticas birrias como toreros".
Opinión de Jorge Ávila:
Todos los toreros que profesionalmente se visten de luces, merecen respeto, máxime Manolo y Pepe Belmonte, ambos matadores de toros, por lo que referirse a ellos describiéndolos despectivamente como "auténticas birrias", me parece una pésima y desafortunada calificación.