La sala Antonio, Bienvenida de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, fue el escenario perfecto para presentar el libro "Ponerse delante", escrito por Juan Antonio Hernández, en el que relata el alma torera del maestro Jorge Gutiérrez, a lo largo de lo que resultó un interesante encuentro cultural.
Porque a unos cuantos pasos está ese inmenso ruedo que en el año 1982, Jorge conquistó el triunfo el día que confirmó su alternativa de manos de Manolo Vázquez, en esos años en que ya apuntaba la trascendencia que iba a tener en el toreo con el paso del tiempo.
Con la presencia en la mesa del autor, y del reconocido aficionado William Cárdenas, el acto mantuvo un vibrante tono emocional, en gran medida porque la energía estaba fluyendo hacia Jurica, en Querétaro, donde el maestro Gutiérrez ha luchado con una gran entereza en contra del toro marrajo que desde hace 11 años le ha tocado lidiar todos los días: el cáncer.
Con la presencia de algunos matadores de toros, entre los que estaba Álvaro de la Calle, que ayer se vistió de luces como sobresaliente en el mano a mano de Antonio Ferrera y Román , además del padre del maestro, Julián, López "El Juli", amigos, familiares y otros personajes del toro madrileño.
El evento se desarrolló con la sencillez y cariño de las cosas bien hechas, sobrias, concisas y rotundas, en las que se echó de menos la presencia del gran periodista Fernando Fernández Román, quien estaba anunciado para participar en la mesa, pero no pudo venir por problemas de salud.
Por ello, quizás, la alegre y contagiosa presentación de William tuvo esa misma conexión afectiva con el viejo compañero de profesión, pues ayer mismo se cumplieron 50 años de la actuación que sostuvieron juntos en el nuevo circo de Caracas en 1976, donde George resultó el gran triunfador de aquel ciclo de novilladas al que había llegado de última hora.
Más tarde, Juan Antonio Hernández, contó los entresijos del proyecto que conclusiones en un libro de carácter humano, más que taurino, pero que viene a reflejar la intensidad y el aprendizaje de los toreros en esa gran universidad de la vida, que es el toreo.
Con su apasionado estilo de comunicación, Juan Antonio , que como William y Jorge , también ha sido toreo, cautivó al público, que casi llenó la sala, con una intervención sumamente emotiva, en la que, en varios momentos, se le quebró la voz.
Y creo que el mejor cometido fue mandarle esas buenas vibras, al torero de Tula, que cubrió toda una época en la Fiesta brava, con ese pundonor que lo llevó a ocupar planos importantes en la tauromaquia, sobre todo en esos años, a comienzos de los 90, en que Manolo Martínez, de alguna manera, le había pedido la estafeta en esa última mano a mano que torearon en la Plaza México el 4 de febrero de 1990.
Cómo un punto referencial y tras una breve intervención, el matador de toros Javier Tapia "El Cala", hizo una referencia de aquellos años en que alternó con Jorge como novillero, y también en las filas de los matadores, pues eran contemporáneos, los dos surgidos de abajo y con deseos de convertirse en figuras del toreo.
Finalmente, Juan Antonio Hernández, pidió que, Cobo , el auditorio gritara con énfasis, aquella frase tan popular en la Plaza México, la de "¡ Jorge, Jorge, y ya!", con la intención de enviarle, millas de kilómetros a la distancia, todo el cariño del mundo y el deseo de que siga adelante y termine la lidia de ese toro, tan difícil de manera brillante. Que así sea, maestro.