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La alternativa de Joselito Huerta en Sevilla

Lunes, 28 Sep 2026    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | La Jornada de Oriente   
Había llegado a España de la mano de Alberto Alonso Belmonte
De los cuatro matadores mexicanos con alternativa en Sevilla, el que más airoso salió del trance trascendental fue sin duda Joselito Huerta, a quien Antonio Bienvenida le cedió muleta y estoque con el toro "Servilleto", de Felipe Bartolomé, en un tercio cercano.

Era la víspera del día de San Miguel de 1955 y la Maestranza ofrecía un aspecto a la altura de la solemnidad, ya que el anterior joven desempeño en ella del poblano (Tetela de Ocampo, 17-01-34) había despertado fundadas esperanzas de que pudiera cuajar en figura del toreo.

Huerta , uno de los triunfadores de la temporada chica mexicana del verano del 54, había llegado a España de la mano de Alberto Alonso Belmonte , que manejaba varias plazas andaluzas además de representar a la empresa de Las Ventas. Alonso Belmonte lo llevó enseguida a la finca de su tío Juan,  y en Gómez Cardeña fue recibido y tratado con suma cordialidad, lo cual incluía la posibilidad de probarse como torero ante los ojos del Terremoto de Triana, quien le auguró grandes cosas si lo que hacía con las becerras de su hierro era capaz de repetirlo con novillos hechos y derechos.

Y efectivamente, José Huerta cayó de pie ante los públicos españoles, y encontró en la de Sevilla una plaza a la medida de su afán de superación y su desnuda valentía, la característica principal que, de momento, lo distinguía. Fueron cuatro las novilladas que ahí toreo, y todas triunfales en mayor o menor grado. Hacia el final de la temporada, sus mentores lo juzgaron apto para tomar la alternativa, y les pareció que la tradicional feria sevillana de San Miguel sería el momento y el lugar apropiado para que el mexicanito aquel, tan callado y formal, se hiciera matador de toros.

La feria de San Miguel

En los anales de la metrópoli andaluza, las fiestas de la vendimia septembrina tenían primacía sobre la feria de abril, que es actualmente el emblema taurino de Sevilla. Nombres tan señeros para la historia del toreo como José Gómez Ortega "Gallito" (28-09-1912), Manuel Jiménez "Chicuelo" (28-09-1919), Manuel Granero Valls (29-09-20) o Jesús Solórzano Dávalos (28-09-1930), dan fe de esa preferencia del mundo del toro y de los propios sevillanos por su feria más antigua, cuando aún era bastante corto el número de corridas de ambas.  

Ese sabor tradicional de alguna manera persiste e incluye lo que para los conocedores del público maestrante es un rigor mayor con los toreros a finales que a principios de temporada, particularidad igualmente válida en el ciclo del Arcángel que serviría de marco al ascenso de categoría de José Huerta. Para apadrinar la ceremonia fue contratado un clásico como Antonio Bienvenida , y como segundo espada Antonio,  el último hermano torero de la familia de los Vázquez de San Bernardo. Toros de Felipe Bartolomé, de sangre santacolomeña y ubicación en campos de la cercana Lebrija.         

Un gallo con espolones

Decidido salió el poblano y no dejó escapar la ocasión. "Servilleto", reportan las crónicas, no parecía propicio al lucimiento, frenado de salida y probón, pero con poder, en el último tercio. Mas el catecúmeno lo fue transformando con movimientos de muleta suaves y persuasivos, hasta conseguir la continuidad necesaria para ligarle varias tandas cortas de naturales y derechazos  – cortas para México, normales para España – cabalmente rematadas con pases de pecho de trazo largo y mandón. Faena sobria y torera, con música de fondo y el premio de la oreja tras contundente volapié.

Con el sexto, tachado de ilidiable por uno de los críticos consultados, lo aconsejable era la brevedad que, muleta y espada en mano, aplicó sin pérdida de tiempo el flamante matador. 

Los alternantes de José

El padrino, Antonio Bienvenida, que no había tenido ocasión de lucimiento con su primero, se encontraría en cuarto lugar con el único astado boyante y repetidor de Felipe Bartolomé y supo aprovecharlo. Discreto y lidiador en el primer tercio, iba a cuajar una faena suave y elegante, sin mayores apreturas pero con la clase y el sabor que ponía cuando se confiaba el hijo caraqueño del Papa Negro. Dos pinchazos se llevaron la presentida oreja, pero la vuelta al anillo la dio Antonio bajo un aplauso unánime. 

Antonio Vázquez , testigo de la alternativa de Huerta , tuvo a su disposición un tercer toro toreable sin más con el que estuvo más voluntarioso que acertado, por lo que se le ovacionó con ese afecto de paisanaje tan propio de los sevillanos -según el ABC dio la vuelta al ruedo, que otras fuentes no consignaron-, pero perdió lastimosamente los papeles ante el muy serio y cornalón quinto de la tarde, al que le hizo ascos desde su aparición, bailó mucho en la faena y terminó con él de cualquier manera, sin encontrar esta vez ningún apoyo en los tendidos y sí abundantes protestas.

Deficiente encierro

En esto sí coinciden todas las crónicas: la de Felipe Bartolomé, lejos de parecerse a la corrida esperada, resultó mansurrona, ofreciendo más regates que entrega desde los primeros tercios. Don Celes, corresponsal de El Ruedo, la juzgó así: 

"Las reses de don Felipe Bartolomé estuvieron bien presentadas. Arrojaron en canal una media de 310 kilos (unos 520 en pie). No tuvieron torcidas intenciones pero no embistieron, mostrándose muy quedados y cobardones. El mejor fue el cuarto, aplaudido en el arrastre." (El Ruedo, 6 de octubre de 1955)

Crónicas Seguimos con Don Celes:

"La plaza estaba llena. Era lógico, tratándose del doctorado de un novillero que ha interesado a la afición sevillana como pocos en estos tiempos. Por otra parte, la alternativa venía de buenas manos (...) A ellas también fue fiel el neófito, dando lo que él podía dar, especialmente arrojo y elegancia de buena ley. 

El bicho de la alternativa era grande, cobardón y con poder. No era lo más apropiado para lucirse. Pero más vale mañas que fuerza, y el artista las tuvo para que su alternativa -que sobre el papel, con aquel morlaco en la arena, se presentaba mal- no se hundiese en el foso de las vulgaridades. Empezó por lancearlo con sal y pimienta, dando la nota de la suavidad elegante y mandona, y siguió por encararse, dispuesto a todo, con la muleta, para hacer faena. Y claro que la hizo, tan bella como justa, dosificando técnica e inspiración, majestad y denuedo. Primero fue un trasteo templado y exacto. Y después vinieron las tandas de naturales, alegrando a la res y llevándosela al centro para lucimiento máximo. 

El repertorio de los adornos llegó también en el momento preciso, después de aguantar un disparate y de hacer lo indecible para que el toro tomase el engaño y no se quedase. La música, las flores, el clamor de la vuelta y el corte de la oreja rubricaron la faena. En el sexto no repitió, no podía repetir, la hazaña. Era decididamente ilidiable y el torero, inteligentemente, tendió a abreviar, matando con eficacia y prontitud". (íbid).

Vayamos al texto publicado en el ABC, edición de Andalucía, bajo rúbrica de G. Gómez Bajuelo:

"Desde ayer hay un nuevo doctor en tauromaquia. Es mexicano, del país que guarda con España (...) el culto intenso de su afición a los toros. Llega Joselito Huerta a la categoría máxima con todos los honores, tras una campaña novilleril brillantentísima, en la que ha obtenido resonantes triunfos en los cosos taurinos españoles (...) Llega, además, con el sello de una clara personalidad definida (...) Del otro lado de los mares hace mucho que no llegaba una artística de tanta y tan bien definida entidad La campaña de Joselito Huerta , de cauce hondo y contenido magnífico, ha desembocado donde por ley física tenía que confluir: en la plaza señera de la Maestranza, y recibiendo la transmisión de mandos de un maestro del toreo como Antonio Bienvenida (...) Y consciente de ello, el nuevo matador de toros cortó la oreja de la res de su alternativa (...) El bicho era grande, con poder y cobardón se picado ya en los. vuelos del capote, el mejicano. lanceó con finura (...) y abandonó con el mismo estilo al salir el toro del peto del caballo (...)

Brindó a toda la plaza, como era obligado (...) Combatió la molestia del aire con un trasteo suave (...) Y porfiando a la obstinada queda del toro, fudtigando la cara con el estoque, ligó cuatro naturales preciosos, que hicieron brotar al unísono los sones de la música y el olé del graderío (...) Se llevó la res a los medios, alegrándola. Continuó con la izquierda, en plan grande. Y aunque parezca contradictorio, que mno lo es cuando hay en la plaza un torero de su categoría, el animal se iba y se quedaba. La faena, cerca, con aguante, en la que esplendieron los de pecho y varios altos, la coronó con una estocada. Huerta había triunfado en el toro de su alternativa. Barrera, con sus famosas peroraciones, le entregó la oreja, que el diestro besó. En la vuelta al ruedo cosechó flores, ovaciones y unas banderitas mejicanas. El toro, que hizo poco por el lucimiento del mejicano, fue silbado camino del desolladero.

El sexto, de buenas defensas, fue aún peor (...) No obedeció al trasteo de castigo, colándose y mostrándose incierto (...) Y la faena, breve, cerca de la res, tuvo el final de una buena estocada. Huerta, que en el cuarto había realizado un estupendo bastante por gaoneras, fue ovacionado y alzado sobre el pavez humano de sus admiradores (curiosa manera de describir una... ¿salida en hombros?) En abril, cuando el azahar embalsame las calles de Sevilla, la arena de la Maestranza le esparará, gozosa." (ABC de Sevilla, 30 de septiembre de 1955).

Alternantes

De los dos Antonios del cartel el que mejor estuvo fue Bienvenida a favor de la boyantía del cuarto toro, el único propicio del encierro, cuya faena fue cantada en tono alto por los dos cronistas referidos. 

Para Don Celes, "Antonio Bienvenida nos regaló su lección de finura artística en el cuarto (...) Lo mató de dos pinchazos y una estocada (...) El público le hizo dar la vuelta al ruedo (...) Antes, en el segundo, se lució en un bastante exquisito por chicuelinas, haciendo faena de aliño." (ibídem). 

Los elogios de Gómez Bajuelo tuvieron un tono tan rebuscado como pasado de almíbar: "La alegría, la suavidad, la gracia, el garbo, la inteligencia, el arte en suma, fue como una sapiente teoría que pasó como una estela luminosa por el aire sutil de la plaza sevillana (...) La música llegó con retraso, porque no acostumbras a percibir la calidad cuando esta llega tan presto (...) Siguió la gama preciosista de los pases por bajo, el cambio de muleta de mano girando con admirable precisión, quieta la planta (sic), parsimonioso el seguro andar (...) Antonio dibujó la elegancia del molinete cuando no es forzado, y acarició los lomos de la res en unos muletazos formidables (...) El público, venciendo la modestia de Bienvenida , demasiado exigente consigo mismo, le hizo dar la vuelta al ruedo (ibídem).

Y aunque no lo consiguieron del todo, ambos reseñistas tuvieron que esforzarse para evitar referirse con crudeza a la espantada de Antonio Vázquez ante el imponente cierraplaza, optando por encomiar sus esfuerzos ante el tercero de la tarde, en el que el menor de la dinastía Vázquez Garcés logró a ratos al respetable: “La música y los olés subrayaron la faena, en la que valor hubo y buen estilo”, señala el cronista del ABC en relación con su primera faena, y hasta le atribuye una vuelta al ruedo no consignada, en cambio, por Don Celes, para quien Antonio Vázquez "no tuvo lo que se dice su tarde".      

Apuesta fallida y compás de espera

Tan ilusionada estaba Sevilla en ver incorporada a Huerta a la primera fila del toreo que, para la feria abrileña del año siguiente, celebró por anticipado que su nombre apareció en cuatro de los seis festejos anunciados. Y hasta dos veces encartelado con Antonio Ordóñez y César Girón, las dos figuras máximas del elenco. Pero el hecho de que no lograra tocar pelo el mexicano, ya fuese por falta de suerte, que no de valor, pero también en razón de sus inevitables limitaciones de novato, resultó contraproducente para el golpe de audacia de sus mentores: visto con realismo, Joselito no podía ser, recién alternativo, el mismo novillero que cortaba orejas todas las tardes, ni era lógico esperar un encumbramiento exprés estando tan cercano su cambio de escalafón. 

Tendría que pasar un tiempo prudencial para que el futuro León de Tetela pudiera dar certeza, y probablemente superar, los halagüeños augurios que saludaron su triunfal doctorado. Un primer paso en firme lo daría en la misma Maestranza al año siguiente, con corte de oreja en dos de sus tres tarde en la feria de abril.

Pero la ruptura del Convenio hispanomexicano en octubre del propio 1957 privaría a España de certificar el ascenso de Huerta hacia la madurez y la cima del toreo. Sólo pudo comprobarlo al reanudarse el intercambio, cuando en 1964 y 65 regresó como figura central de la baraja mexicana para justificarse plenamente ante los principales públicos de la península.


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