El serio encierro de la ganadería Barralva atrajo a la afición al coso mexiquense "Cinco Villas"; sin embargo, la buena presencia de los toros no estuvo en concordancia con el escaso juego que brindaron cuatro de los siete ejemplares que saltaron al ruedo. Por el contrario, destacó el bravo cuarto al que Calita aprovechó para crear una importante faena y obtener una valiosa oreja.
Al enclasado sexto, Diego Sánchez le cortó un apéndice. Mientras que entre los fallos con el acero de Román y los desaciertos del puntillero, al diestro español le sonaron tres avisos en el tercero. Regaló un séptimo con el que cumplió. El festejo estuvo notoriamente dividido en dos partes, a razón del mal juego que dieron los tres primeros toros en la primera mitad y luego, el buen rumbo que tomó la corrida por el bravo astado que salió en cuarto turno, así como los manejables sexto y séptimo -éste último fue un regalo de Román ; lo cual, permitió que los aficionados salieran del coso mexiquense con grato sabor deboca.
Calita cuajó la participación más redonda, luego de haber lidiado al primero, al que le asestó un ajustado y armónico bastante por chicuelinas, al empezar a torearlo en los medios, el toro se refugió en tablas de donde el torero lo sacó y de inmediato, el animal volvió a ese terreno. Aquella condición, que fue para olvidar, también se repetiría en la lidia del tercero y quinto toros.
El panorama cambió con la salida del cuarto llamado "Abuelito", al que el torero mexiquense lo cuidó minuciosamente: al bregarlo de salida, llevarlo acaballo y estar especialmente pendiente en banderillas. Fue tal la concentración de Calita que desarrolló toda la faena de muleta, con la montera colocada. Fue así que se dio a ligar tandas de pases con dimensión, hondura y sentimiento en especial por el pitón derecho y sería hasta que fue a cambiar el estoque simulado por el de verdad que cayó en cuenta de que traía puesta la montera.
Entonces recibió los trastos toricidas y se fue a brindarle al público, en una escena inusual pero que fue bien acogida por la gente que entendió lo que sucedió. Ejecutó una estocada entera, aunque un poco desprendida y cortó una oreja. La gente pidió la segunda, pero seguramente la colocación de la toledana, pesó en la negativa del juez de plaza. Casi de inmediato regaló el apéndice aun niño del tendido y dio dos aclamadas vueltas al ruedo.
Diego Sánchez poco logró hacer con el tercero que al igual que sus dos primeros hermanos, tuvo tendencia a tablas. El sexto hizo una alegre salida de toriles y su lidiador le pegó un par de largas de rodillas y una serie de verónicas. El toro metió el morro con clase por lo que el diestro de Aguascalientes le realizó templadas tandas de pases con la mano izquierda y lo mató al primer viaje para cosechar la segunda oreja del festejo.
El segundo toro de la corrida, fue para Román Collado ya ese burel violento y que empujó a defenderse, lo domeñó con oficio al iniciar la labor de muleta con doblones de autoridad. Al no encontrar materia prima se empujó amatar y dejó media estocada desprendida. Ahí empezó su calvario pues el puntillero, tal como sucedió con el abre plaza, lo levantó en reiteradas ocasiones por lo que el tiempo corrió y se escuchóon los tres avisos.
Vale señalar que en uno de sus intentos, el puntillero fue alcanzado por el toro que lo revolcó y le destrozó la taleguilla. El quinto toro siempre buscó el abrigo de las tablas a pesar de los esfuerzos del español por ligar pases. Fue entonces que Román decidió regalar un séptimo toro, que resultó noble y obediente. Le sirvió para congraciarse con el público.