El diestro Román paseó la única oreja concedida este miércoles en la tercera de las Corridas Generales de Bilbao, en la que se lidió un encierro santacolomeño de La Quinta que ofreció a la terna bastantes más opciones de triunfo que las que finalmente aprovecharon.
En realidad, salvo el primero de la tarde, un serísimo cárdeno que, a punto de cumplir los seis años, mostró un vacío total de casta, los otros cinco, más o menos claramente, ofrecieron a la terna, con general nobleza y su distinta entrega, una oportunidad que sólo aprovechó, y no con rotundidad, el diestro valenciano.
Porque ese toro de la oreja, lidiado en segundo lugar y con luz artificial para compensar el oscuro nublado sobre la plaza, rompió a embestir en la muleta bastante mejor que lo había hecho en los estimables lances de saludo de Román y en el tercio de banderillas en el que se lució su cuadrilla.
De hecho, ya mostró el toro toda la dimensión de sus embestidas en los dos muletazos por bajo de la apertura, ligados directamente a una serie de derechazos en los que siguió con recorrido y entrega los vuelos del engaño del animoso torero de Valencia.
Así comenzó Román una faena a la que, aun siendo meritoria y estimable, le faltó un punto más de lentitud en el trazo de los pases, más allá de las largas pausas entre las tandas. Es decir, que le faltó reducir algo más la velocidad de tan buenas embestidas, poniendo más mando y menos acompañamiento a unos pases que, aun así, llegaron al tendido y que, tras un espadazo trasero de efecto fulminante, le valió ese único trofeo de la tarde.
Pero al ferruginoso ruedo bilbaíno aún salió un toro mejor, como fue el terciado sexto, que fue un dechado de clase y de calidad en sus entregadas embestidas, con un ritmo pausado y profundo, como ya pudo descubrir Tomás Rufo en la forma que tuvo de galopar ante el capote y en una apertura de muleta rodilla en tierra en la que el cárdeno se desplazó con toda claridad.
El problema surgió cuando, ya erguido, el toledano se empeñó en citar demasiado encima del de La Quinta, negándole el horizonte y exigiéndole de más, muy tapado y demasiado abajo, lo que no ayudaba a que fluyeran esas nobles arrancadas que él mismo se dedicó a atrancar en el que fue un plano trasteo sin eco.
También los otros dos toros de Román y Rufo tuvieron posibilidades de éxito, pero el tercero, de perfectas hechuras y clara nobleza, acabó aburriéndose del muleteo destajista y escondido del torero de Pepino (Toledo), mientras que el quinto, un fino calcetero, también se sintió agobiado por un planteamiento similar del valenciano, sin que ninguno de los dos trasteos tomaran altura.
Y si a Emilio de Justo le cayó en desgracia ese descastado y serísimo cinqueño que abrió plaza, con el que se dilató con la espada sin grandes recursos para resolver ante un constante gazapeo, el "asaltillado" cuarto, tras unos inicios desconcertantes, sí que agradeció con mejor actitud que el extremeño le citara con mayor suavidad y concreción.
Sólo que eso ocurrió únicamente en una buena tanda de naturales que ya no volvió a repetirse en un largo y declinante trabajo, rematado, eso sí, de una muy buena estocada.
Seis toros de La Quinta, de desigual volumen, aunque todos en tipo de su encaste y con seriedad, salvo el más terciado sexto que, curiosamente, fue el de más clase y calidad. Salvo el primero, un muy serio cinqueño, que fue muy descastado, el resto tuvieron nobleza y mayores o menores opciones de faena.
Ficha Tercer festejo de abono de las Corridas Generales, con algo menos de un tercio de entrada (unos 4 mil espectadores), en tarde nublada y de bochorno, con rachas de viento en la lidia de los últimos toros. Seis toros de La Quinta, de desigual volumen, aunque todos en tipo de su encaste y con seriedad, salvo el más terciado sexto que, curiosamente, fue el de más clase y calidad. Salvo el primero, un muy serio cinqueño, que fue muy descastado, el resto tuvieron nobleza y mayores o menores opciones de faena. Emilio de Justo (de tabaco y oro): Silencio tras aviso y ovación tras aviso. Román (de azul rey y oro): Oreja y ovación tras leve petición de oreja. Tomás Rufo (de plomo y oro): Silencio y ovación. Incidencias: Entre las cuadrillas, Juan Bernal destacó en dos excelentes y medidos puyazos al cuarto, mientras que Víctor del Pozo y Pascual Mellinas se desmonteraron tras banderillear al segundo.