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El paso de Rodolfo Gaona por Madrid

Lunes, 01 Jun 2026    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | La Jornada de Oriente   
El público le otorgó la primera oreja al torero mexicano
La primera oreja que se cortó en Madrid para premiar a un torero mexicano no fue oficial, la otorgó el público y no el presidente de la corrida del día de San Isidro de 1916; con el mérito añadido de que el cónclave madrileño se encontraba soliviantado debido a la decepción que le produjo el pobre desempeño de la misma terna apenas tres días atrás, tanto que el paseo de cuadrillas fue acompañado por ruidosa silbatina.

Mas como los alternantes eran Rodolfo Gaona, José Gómez "Gallito" y Juan Belmonte con astados parladeños de Gamero Cívico, ese mismo cónclave, con todo y su carga de rabiosa hostilidad, no tuvo más remedio que llenar, una vez más, el coso de la carretera de Aragón. Cartel éste que haría historia, pues entre 1916 y 17 se dio en Madrid hasta en seis ocasiones. Más que ningún otro, ni entonces ni ahora.

El año anterior, la empresa Echeverría había dejado al mexicano Gaona fuera del abono de Madrid por imposición de Joselito, que era como le gente nombraba al menor de los Gallos. José, mandón absoluto del tinglado con sólo tres años de alternativa, había elegido a Belmonte como el alternante idóneo y solamente admitía como espada más antiguo que él mismo a su hermano Rafael, famoso más por sus espantadas que por sus esporádicas genialidades. En esto de los altibajos Belmonte no le iba en zaga al gitano, aunque cuando el trianero decía aquí estoy yo podía poner boca abajo a todo mundo, Gallos y Gaona incluidos.

Como sea, el clima era adverso para los tres aquella soleada tarde de mayo. Lejos aún la idea de montar una feria en honor de San Isidro, el abono de primavera se significaba por anunciar un ramillete de carteles de máximo atractivo, si no para días consecutivos sí con una frecuencia digna del mes más señalado del calendario festivo y popular de la Villa y Corte. 

Ese fue el contexto de la corrida de 1916 en honor del santo labrador. Y con la pasión taurina de los madrileños a la altura de esa edad de oro del toreo que aún pasarían años para que fuera llamada así, y que abarcó la mayor parte de esa segunda década del siglo XX.

Dos puntos de vista

Así las cosas, y después de que el público se resistiera a tomar en cuenta cuanto hicieron los diestros en sus primeros toros, apareció el cuarto… y resurgió Gaona. Gregorio Corrochano, que nunca fue gaonista, lo explicaba así: "El toro le gustó a Gaona. Lo tantea a la verónica y se echó el capote a la espalda (…) Aquí está nuestro hombre. Hoy ha traído Gaona su capote, perdido después de un año de poco uso. Sus lances con el capote a la espada son –dos de ellos– admirables, girando el cuerpo sin hurtar el pecho, en movimiento natural. Se arrodilla para el primer quite, y al sonar los clarines coge los palos (…) Cita desde el estribo, con el toro muy cerrado, y clava obligando mucho; otro par enorme, cuadrando en la misma cabeza y estableciendo ese paralelismo tan suyo entre las puntas de los pies y las puntas de los cuernos; se cayeron los palos al meter los brazos por tercera vez, y entonces, aguantando mucho, volvió y los dejó en lo alto. Con un gusto, con un estilo que tiene algo de rito indio." (ABC, 16 de mayo de 1916).

Establezco una pausa para repasar lo escrito al respecto en el semanario Toros y Toreros –que se decía era subvencionado por Joselito–. Lo firma "Montera", es decir, un incógnito que podía ser cualquier allegado de José. Y que en relación al indio de León dice lo siguiente: "A Gaona le tocaron los parladés más bravos y más suaves, especialmente el cuarto (…) No es posible hallar en los cerrados animalito mejor, en todo y por todo. En los quites no hizo nada notable, y de su toreo de capa al cuarto descollaron dos gaoneras, así como un par de los cuatro que intentó clavar, y decimos intentó porque uno de ellos lo dejó en la arena (…) (…) Rodolfo comenzó su faena con un superior ayudado de rodillas y continuó más efectista que clásico, y aunque el toro era para lucir con él sus condiciones de torero, se limitó a cultivar el desplante con preferencia al arte puro, por lo que en nuestro sentir fueron exageradas las muestras de entusiasmo del público. Al herir pinchó una vez con su procedimiento del tanteo, y cuando se convenció de que no había cuidado, entró con más verdad pero sin exponer nada, largando un sopapo caído que hizo caer al astado" (Toros y Toreros, mayo de 1916).

Terminemos con la reseña hecha por Corrochano de ese cuarto toro de Gamero Cívico: "Con la muleta desafía dos veces; el toro no se arranca; pero él, arrodillado, llega, obliga y da un pase en el que se jugó muchas cosas. Pasa luego por naturales buenos, y sigue valiente, adornado, artístico, exponiendo mucho, pero mucho. Salió el Gaona que esperábamos, el que habíamos previsto cuando en tardes anteriores le censurábamos. Un pinchazo de tanteo y una estocada en la cruz. El toro rueda hecho una pelota. Ovación enorme, petición de oreja, que se corta (…) El presidente no la concedió, el público sí. Al final, se lo llevaron a hombros por la Puerta de Madrid." (ABC, idíbid).

Esa oreja, escamoteada por el palco pero paseada por el torero en torno al anillo por voluntad y fervor de los aficionados que poco antes lo denostaban, mereció de Montera otro tipo de reflexiones: "Si el presidente de la corrida verificada ayer hubiese sido una autoridad enérgica, hubiera mandado detener al banderillero que cortó la oreja sin su permiso (…) Pues Madrid no es Zacatecas ni ningún villorrio mexicano donde las orejas se cortan a capricho o por conveniencia de un espada, que lo mismo regala billetes para disponer de "claque" que paga golfos que se lo carguen en sus costillas, sacándolo a contrabando y a la trágala por la Puerta de Madrid." (Toros y Toreros, idíbid).

La discrepancia entre ambos cronistas es evidente. Y conste que sobran ejemplos de la inquina hacia Gaona del muy gallista señor Corrochano, velada en ocasiones y abierta en otras. Pero sin duda hay en las líneas de don Gregorio ese punto de profesionalidad y autorrespeto del que el tal Montera carece por completo, incluso a riesgo de caer en contradicciones como esa de que Rodolfo entró a matar "con más verdad pero sin exponer nada" (?) o de afirmar, más que insinuar, que tan apócrifa como la oreja exigida por el público fue la salida a hombros del mexicano, sin contar su ofensiva alusión a Zacatecas y otros "villorrios" de nuestro país, cuyos golfos él sabrá mediante qué artes reciben su lanita en México para sacar en hombros a quien les paga... por la puerta de Madrid.

Pareja de tres

Por supuesto, la dupla torera de la época –y de todas las épocas– la integraban Joselito y Belmonte. Sus enardecidos partidarios llenaban las plazas y combinaban la proclamación de su ídolo con recriminaciones exageradas al adversario. Pero esa tarde, en Madrid, el triunfo fue del mexicano, lo que no quiere decir que José no haya estado en su sitio, tampoco que Juan haya pasado por la tarde isidril de puntillas y sin rechistar. Pero vale la pena detenernos en la primera faena de Gallito en la muy elocuente versión de Corrochano que, no olvidemos, era su principal panegirista:

"El segundo toro entró a los caballos con voluntad, que se le acabó al sentir el hierro. Gallito había hecho quites suaves, finos, de esencia torera, y el público sin amainar en su hostilidad (…) Había que intentarlo todo, y aunque el toro no estaba para ello, cogió los palos. Un buen par puso de dentro a fuera, medio cambiando los terrenos, y otro buenísimo (…) siguen los pitos. Y entonces José Gómez requiere los trastos, y solo, según costumbre, se va al toro (…) Un pase natural; otro, más ceñido; el tercero, inmejorable el torero, quieto, el toro girando en derredor, y así hasta siete. Siete pases naturales, y no dio más porque el toro se acabó. Ya en el séptimo no pasó; un pase ayudado para igualar, y en seguida a matar; media estocada, y el toro rueda. Sonaron palmas, pero también se oyeron pitos. Lo mismo da, José. Tú sabes que esta es la faena más grande que has hecho desde que vistes el traje de luces. Tú sabes el mérito que tiene dar siete naturales a un toro pegajoso, de mucho celo (…) hasta rendirlo, hasta que el toro no pudo más y dijo: Basta. Tú sabes cómo te lo has pasado por la cintura desde el pitón hasta el rabo (…) Si alguna vez te has sentido grande fue ayer con ese toro (…)

Gaona cortó su primera oreja en Madrid, si no oficial, oficiosa e igualmente válida. Gallito cogió las ocho orejas que tiene concedidas aquí, las lio en su muleta, dio los ocho estupendos pases que anotados quedan, uno por cada oreja, y borró todo lo anterior (…) Como si dijera: ¿Me discutís? Pues borrón y cuenta nueva."  (ABC, idíbid).

En este torneo de dos, Belmonte no se vio. Malos sus toros y él dubitativo. En el tercero sonó un aviso, coincidente con el golpe de descabello definitivo. En el quinto, Gallito invitó a banderillear a Gaona, "¿Qué quién lo hizo mejor? –interroga Corrochano al lector–: "Magritas" (Luis Suárez, gran subalterno madrileño), que cerró el tercio.
 
Gaona en Madrid

Luego de esta oreja, el Indio Grande iba a cortar tres más en el coso madrileño. En realidad, la oreja que tantos años y esfuerzos le costó cobrar ya la habían solicitado para él los madrileños en ocasiones anteriores, y fueron varias sus salidas  en hombros –la primera el día mismo de su confirmación de alternativa (05-07-08)– en un tiempo en que éstas no dependían de la contabilidad sino del entusiasmo de los públicos. No por nada, el Califa de León hizo en Madrid nada menos que 81 paseíllos sólo en la plaza de la carretera de Aragón –también toreó en Vista Alegre y Tetuán de las Victorias, la placita de su alternativa (31-05-08)-.Y si no fueron más se debió a que, tras el desastre de "Barrenero", el correoso ejemplar del marqués de Albaserrada que se dejó vivo (29-05-19), juró no volver a torear en la capital de España. 

Los otros tres apéndices auriculares que Rodolfo paseó por el anillo matritense se los cortó a los siguientes astados: uno de Carmen de Federico (Murube), alternando con Rafael El Gallo y Belmonte (15-04-17); uno de obsequio, de Medina Garvey, en Corrida de Prensa que se estaba yendo al precipicio cuando el leonés la rescató (23-06-18, con Joselito, Diego Mazquiarán "Fortuna" y Julián Sainz "Saleri II" como alternantes), y "Vizcaíno" del Duque de Veragua, un mes antes de la debacle de "Barrenero", llevando por compañeros a Curro Martín Vázquez y José Flores "Camará" (27-04-19).

Y un dato curioso: hubo un mexicano, contemporáneo de Gaona, que sin ser figura y toreando mucho menos  corridas en Madrid cortó allí más apéndices que el Indio Grande: Luis Freg Castro, el torero de Nonoalco que, cosido a cornadas, con más cartel en España que en México, se alzó con al menos media docena de orejas en la capital española. Fue un gran estoqueador, de los mejores de la historia, y hombre de un estoicismo admirable. Por algo se le conoció en la península ibérica con los motes elogiosos de "Don Valor" y "Rey del Acero".  


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