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Eloy, por la Puerta Grande de Madrid

Lunes, 18 May 2026    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | La Jornada de Oriente   
Ocho actuaciones, seis orejas y dos salidas a hombros en Las Ventas
A mediodía del 27 de mayo de 2022, en pleno San Isidro, Eloy Américo Cavazos Ramírez (Villa de Guadalupe, N.L. 25-08-1949), con todo y su elegante traje de saco y corbata, aupado por un grupo de amigos, traspuso en hombros la puerta grande de Madrid que se había abierto a su paso exactamente cincuenta años atrás, ataviado en aquella ocasión de turquesa y oro y luciendo en alto las orejas de "Azulejo", de Amelia Pérez Tabernero.

Fue esa la última vez que un mexicano ha descerrajado el mítico portón venteño por el que tantos paisanos salieron antes en triunfo, desde Armilla, Garza y Arruza hasta Curro Rivera, que acababa de cortarles las orejas a sus dos toros de Atanasio Fernández el lunes anterior (22-05-72). Eloy y Curro representaron ese año a nuestra torería en la primera feria del mundo, y compartieron, aunque en tardes diferentes, un trozo de gloria que durante más de medio siglo ha estado vedado a los manitos, aztecas o comoquiera que por allá nos nombre el pintoresquismo de los revisteros locales. Eloy ya había comparecido, sin mayor fortuna, en la octava corrida de un ciclo al que llegaba como uno de los triunfadores de 1971, cuando él mismo, el propio Curro Rivera y Antonio Lomelín salieron en hombros por la Puerta de Madrid, y se presentó en Las Ventas un encierro tlaxcalteca de San Miguel Mimiahuapam, uno de cuyos ejemplares recibió el homenaje póstumo de la vuelta al ruedo (22-05-71).

El cartel

Sábado 27 de mayo de 1972, decimoséptima corrida de San Isidro. El anunciado encierro de Joaquín Buendía había sido rechazado por los veterinarios y reemplazado por cuatro toros de Amelia Pérez Tabernero y dos de Jaral de la Mira, lidiados en cuarto y quinto lugares. Dos tercios del aforo de Las Ventas estaban cubiertos cuando partieron plaza las cuadrillas encabezadas por el aragonés Fermín Murillo, el linarense José Fuentes y el regiomontano Cavazos. Ya la feria había vivido jornadas de fuerte tensión emocional, desde el polémico rabo otorgado a Sebastián Palomo Linares (22 de mayo) hasta el que, al día siguiente, se solicitó con vehemencia aunque sin éxito para Paco Camino, que acababa de cuajar en gran forma a un toro de Arranz. Las triunfales confirmaciones de Raúl Aranda y Manzanares padre despertaron ilusiones, velados aún los contrastantes porvenires que les aguardaban. Y la Monumental de Madrid olía a tabaco y a toro, entre un runrún de comentarios de todos los colores, sabores y saberes. 

La corrida

Tarde de calor sofocante, ventosa a ratos, en la que el parchado encierro ofreció un juego desigual correspondiendo el mejor lote al mexicano, aunque el segundo de doña Amelia, muy noble, le permitió a Fuentes trazar una faena buena aunque algo fría, premiada con una oreja, mientras el veterano Murillo, de opaco desempeño, pechaba con lo peor del reparto. 

Sin duda, el héroe del día fue Eloy, tan puesto y dispuesto en todo momento que incluso "Sortijero", el insípido tercero, le sirvió para ligar una faena ligera, torera y alegre, premiada con la vuelta al ruedo a pesar de que pinchó. El peso de esa contrariedad lo espoleó a salir por todo con el castaño que cerraba plaza, un "Azulejo" cuyos 600 kilos y respetable cornamenta, lejos de arredrar al pequeño diestro, iban a constituir, por contraste, la materia prima ideal para que el neoleonés pudiera mostrarse a plenitud.

Crónicas

Escéptico a la evidencia y alérgico al estilo del regiomontano, Antonio Díaz-Cañabate, hombre de ideas fijas y mirada usualmente vuelta al pasado, no se anduvo con contemplaciones. Lo vio y lo describió así: "Cavazos es torero efectista. Como casi todos los de corta estatura (...) Le tocaron los dos toros más aparentes para hacer un toreo de calidad, del que está muy alejado el animoso y valeroso mejicano. El tercero, al que le colocó dos muy buenos pares de banderillas Orteguita, lo pinchó cuatro veces. A pesar de esto, el desconcierto del público, cada vez más acusado, le obliga a dar la vuelta al ruedo. En cambio al sexto, al que le cortó las dos orejas, un toro de gran aparato y romana pero dulce como el merengue, lo mató con mucho coraje, con admirable coraje, en el peligroso terreno de tablas. Esta estocada fue lo más relevante que se hizo con los seis toros, que embistieron como empujados por el reflejo de la belleza del sol, sin que empañara esas embestidas la menor nubecilla. Toros sin codicia con los caballos que por esa influencia, para mí indudable, del sol y del azul, nos proporcionaron una muy entretenida corrida". (ABC, 30 de mayo de 1972).


De José Fuentes y su faena premiada, Cañabate opinó que "Algunos de sus pases fueron dignos de la bondad del toro, sobre todo cuatro o cinco en redondo. No fue mala tampoco la estocada. Se pidió, ¿cómo no?, la oreja, Y el presidente la concedió cuando el toro estaba ya en el destazadero”;  en cuanto a la actuación de Fermín Murillo, apenas le mereció estas pocas líneas: "Torero frío, que tiene ya agotada su vida torera, recordó sus buenos tiempos en unos buenos redondos al primero. En todo lo demás anduvo muy por debajo de los toros." (ibídem).

Que el encierro haya mostrado "poca codicia con los caballos" no pasa de ser una frase hecha sin apego a la realidad. Por lo menos a la que muestra la filmación del imponente colorao al que Cavazos le cortó las orejas: tres varas tomó, con tumbo estrepitoso en la primera y empujando de firme en las otras dos, estupendamente logradas ambas por el piquero de turno aunque al cronista del diario madrileño haya preferido ignorarlas en su reseña. En cuanto al "merengue" de doña Amelia se debe aclarar que sus primeras embestidas a la muleta de Eloy fueron con las manos por delante y la cara alta: algo bueno habrá hecho el diestro que, efectivamente, "Azulejo" terminaría metiendo noblemente la cabeza.

Por esas razones me parece más confiable el punto de vista del cronista del semanario El Ruedo, que dejó su nota sin firmar pero a cambio, sin alardes literarios, dio un tratamiento cuidadoso y puntual al desempeño de toros y toreros. Veamos: 

"Era digna de verse la despreocupación del mejicano ante dos toros más altos que él (…) La alegre forma en que se estaba quieto y a pies juntos con graciosa sevillanía, andando con garbo –como debe andar un torero– cuando necesitaba mejorar los terrenos para la continuidad de sus faenas (…) y su forma de entrar a matar, hasta verle salir rebotado sin poder pasar el pitón por falta de estatura.

La faena realizada a "Sortijero" –levantado y astifino, que llevaba la cara alta y al que le corrigió mucho ese defecto con su muleta– fue vistosa, con redondos, trincherillas, adornos, y en ella sobresalió una serie, casi al final, de dos naturales, un alto y el de pecho, dados sin mover las zapatillas, sin enmienda. Terminó doblándose con el toro rodilla en tierra (…) y se tiró a matar en dos pinchazos buenos y media estocada. Sonó un aviso, pero los méritos del espada le consiguieron una ovacionada vuelta al ruedo.

Su triunfo, sin lugar a dudas, vino con "Azulejo" un señor toro de doña Amelia, colorao y serio, al que recibió con tres verónicas y una larga sin enmendarse, y dio luego tres verónicas aun mejores, como lo fue también su quite. Brindó al público e inició la faena sobre la derecha, por alto y en redondos, molinetes para iniciar nuevas series, naturales a pies juntos, trincherillas, más redondos –en uno de los cuales sufre un desarme, pero recupera la muleta del testuz de "Azulejo"-, y remate mariposeando con la muleta frente al toro por delante y por detrás de su figurilla dominadora y torera (La "regiomontana", nota del autor), con una vueltecilla para salir y descararse después en un desplante de rodillas. Una perfecta estocada en la cruz, al hilo de las tablas, de la que el toro sale fulminado y el torero rebotado una vez más (…) desata el clamor de la plaza y el premio de la doble oreja, que se completa con vueltas al ruedo y la salida en hombros." (El Ruedo, 30 de mayo de 1972. Anónimo).

Buenos números

Eloy Cavazos partió plaza en Las Ventas en ocho ocasiones, con balance de dos puertas grandes, una cornada y seis orejas cortadas. Su consonancia con los tendidos madrileños se dio desde que desorejó a sus dos adversarios el día de la confirmación de alternativa (20-05-71, con "Retoñito", de Osborne, apadrinado por Miguel Mateo "Miguelín" y Gabriel de la Casa como testigo); la seria cornada en la axila que a los pocos días le infligía "Noguero", un capacho de Francisco Galache (23–05–71), fue apenas un contratiempo, como hemos comprobado al verle triunfar al año siguiente con los torazos de doña Amelia. Lo reiteraría en su única comparecencia del año 75 con corte de oreja a uno de Antonio Pérez de San Fernando, y, de nuevo, con un ejemplar de Los Bayones al reaparecer a veinte años de su debut en la primera plaza del mundo (01-06-91). Esa afinidad entre torero y afición se confirmó con la cálida ovación de despedida que le brindó el público de Madrid, en tarde de ganado impropio para la cual viajó expresamente desde México (31-05-2002). 


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