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Colombo inaugura el casillero acalitano

Domingo, 19 Abr 2026    AGS., Ags.    Juan Antonio de Labra | Enviado         
El venezolano cortó la primera oreja de la Feria de Aguascalientes
Una hora y media antes del comienzo del festejo, en Aguascalientes se soltó un viento huracanado, y lo que parecían cuatro gotas gordas caídas en la resequedad de una primavera bochornosa, terminó siendo una intensa tromba huracanada, con un viento que soplaba de manera oblicua y lo alcanzaba todo.

Este panorama tan adverso presagiaba la suspensión de la segunda corrida de feria programa hoy, pero escampó y el personal de plaza trabajó afanosamente para desaguar el acceso al ruedo, por las puertas de cuadrillas y arrastre, donde había grandes charcos, hasta que sonó el clarín con un lógico retraso de 15 minutos.

Los toreros del cartel Leo Valadez, Jesús Enrique Colombo y Alejandro Adame hicieron el paseíllo sobre el serrín que se había vertido sobre la arena y la tormenta caída quedó en anécdota.

La corrida se parchó de una singular manera, pues el hierro titular de José Garfias fue completado con tres toros del que fuera su tío, Marco Garfias, aquel y éste, hermanos menores de don Javier, estuvieron presentes en el recuerdo y representados por sus respectivos hijos: Pepe y Santiago, por parte del primero, así como Marco y Roberto, por el parte del segundo.

Aquel curioso "mano a mano filial y ganadero" no acabó como se hubiese deseado en memoria de tan insignes criadores potosinos, y al final sólo Colombo cortó una oreja e inauguró el casillero del triunfo en esta Feria de Aguascalientes, al cortar una oreja un tanto protestada, pero que vino a resarcir, en alguna medida, el aguante del público antes el panorama provocado por el clima húmedo y frío que imperaba en el tendido.

Y es que la corrida estaba desigual de hechuras y, ciertamente, un par de toros no tenían el trapío que se requiere para una plaza como ésta, en el marco de la Feria de San Marcos, la más relevante de la América Taurina.

Para acabar de completar el cuadro en contra, el primer toro de la corrida, quizá el más hecho, salió del capote de Leo como un rayo tras la larga cambiada de rodillas, en los medios, y se fue a estrellar con la cara alta en el burladero de matadores, donde murió fulminado al partirse el cráneo, como si hubiese sido abatido por un rayo de forma impactante.

Ese detalle vino a querer gafar la tarde, y desde luego, Leo, que toreaba por primera vez sin el aparato que una gravísima infección tras una cornada lo obligaba a utilizarlo, sacó la casta y tuvo una actuación de las que dan moral a los toreros, independientemente de que el triunfo no llegó a sus manos.

Se corrió el turno y lidió al que tenía como segundo de su lote, al que hizo una faena valiente en la que se mostró centrado y torero, cobijado por el cariño del público, que aquilató su entrega en todo momento. Lástima que no tuvo rotundidad con la espada, pero la impresión que ofreció fue más que buena.

El cuarto fue un sobrero de Julio Delgado, de pelo colorado hornero tan característico de esta divisa norteña, y Leo volvió a saludarlo en la boca de riego con otra riesgosa -e impecable- larga cambiada de rodillas en la que el pitón izquierdo del toro le pasó rozando el macho de la montera.

A partir de ahí toreó con el capote con variedad en el quite y luego le buscó las vueltas en una faena de recursos, ya cuando el toro acudía con la cara alta y soseando, lo que tampoco ayudó a la hora de oficiar con la espada. Pero al margen de no conseguir un resultado más favorable, sí que dejó constancia de que lo de la pierna ya quedó atrás y es imperativo mirar hacia adelante.

Colombo venía de torear el Festival de Calaveras con un balance de dos orejas en la espuerta, que fueron las que hoy lo pusieron aquí por derecho propio. Y repitió color el torero de Táchira la tarde de este domingo, pues se mostró fiel a su estilo dinámico, sin dejarse nada en el hotel. Por el contrario, haciendo un despliegue de facultades y buscando agradar a la gente… y eso, siempre, tiene un valor especial tratándose de un espectáculo, como es la Fiesta.

Al igual que sus compañeros, que se invitaron a banderillear en los tres primeros toros, el venezolano anduvo a gusto por el redondel, con esa desenvoltura del que se siente dueño del escenario. Y luego hizo una faena riñonuda con un toro que acudía topando, que tiraba el derrote, como así fue también en el segundo viaje con la espada, donde le dio un fuerte golpe en la muñeca izquierda, y no le permitió mostrar su solvencia estoqueadora, esa que la ha granjeado muchos triunfos de orejas.

En el quinto la película fue parecida: entrega, actitud y buenas vibras, como se dice, con otro toro que no terminaba de definirse no obstante que Colombo porfió por un pitón y por otro, hasta que llegó la hora de la verdad y colocó la única estocada casi entera al primer viaje de toda la corrida. El público, que gozó el segundo tercio y estuvo pendiente de su labor, acabó por pedir esa oreja que vino, como un bálsamo a revertir el ambiente que la lluvia había dejado.

Había interés por ver a Alejandro Adame, otro torero de la "Cosecha del 22", que fue el último en tomar la alternativa en diciembre de aquel año tan productivo para esta nueva camada de espadas mexicanos. Desde entonces, el benjamín de la dinastía que fundó el bohemio Efrén Adame "El Cordomex" ha toreado apenas 20 corridas. ¿Así como va a tener sitio? Porque de oficio, cumple, se defiende, vamos; y valor, también, sobrado para ponerse en el sitio. Pero lo que se dice "sitio", muy poco. Y fue evidente, sin importar que, en la faena al tercer toro, el único que fue bueno, del hierro de Marco Garfias, hizo una faena interesante, con su sello y personalidad tan distinta a la de sus hermanos.

A pesar de que la faena tuvo muchos muletazos de oro, plata y cobre entremezclados, lo positivo fue que sí tiene condiciones de avanzar en la profesión, pero si no le dan toros será más complicado de lo que está siendo desde aquel día en León cuando sus hermanos José y Luis David le dieron "el abrazo".

Por otra parte, que deje lo del tercio de banderillas para otros, pues ni le va, ni le gusta ni le sale bien, así que su papel como banderillero del día de hoy, convidado a clavar tres pares en los primeros tres toros de la corrida, nada tuvo que hacer con la solvencia mostrada por Valadez y Colombo. Al revés.

En el sexto trató de agradar, en medio de una paciente y hasta desanimada mirada del público, que parecía petrificado ahí arriba en el tendido, sin ganas de nada; ni de aplaudir, porque el toro no transmitía, y porque la faena estaba siendo mecánica e insulsa. Y quizá sólo a la espera de ver si se desperezaba luego del frío y la humedad que a esas horas ya calaba los huesos, para irse a dar un baño de agua caliente, si es que a alguno le había tocado la mala fortuna de mojarse antes de llegar a la plaza.

Ficha
Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Segunda corrida de feria. Poco más de un cuarto de entrada, en tarde fresca y húmeda. Toros de José Garfias (5o. y 6o.) y tres de Marco Garfias (1o., 2o., y 3o.) y uno de Julio Delgado (4o.), deslucido. Desiguales en presentación, de poco juego en general, deslucido los que destacó el 3o. por su clase. Pesos: 555, 485, 509, 507, 514 y 528 kilos. Leo Valadez (granate y azabache): Silencio tras aviso y silencio. Jesús Enrique Colombo (sangre de toro y oro): Silencio y oreja. Alejandro Adame (blanco y oro): División tras dos avisos y pitos tras dos avisos. Incidencias: El 1o. toro se mató de salida al estrellarse en el burladero de matadores, y se corrió el turno. El banderillero Jesús de Nazareth sufrió una fuerte voltereta e ingresó a la enfermería para ser revisado de distintos golpes contusos. Sobresalió con las banderillas Jonathan Prado, que saludó una ovación en el 6o. La corrida comenzó 15 minutos tarde debido a que el personal de plaza estaba trabajando para dejar el ruedo en condiciones propicias para la lidia. Después del paseíllo se tocó el himno nacional.


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