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La falsa retirada de César Girón

Lunes, 23 Mar 2026    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | La Jornada de Oriente   
"...Volvería a torear en México, sin emular ni remotamente..."
Hacía cinco meses que César Girón se había despedido triunfalmente del público de Madrid, y exactamente cinco años atrás consumó en la capital azteca la difícil hazaña de cortar en una tarde cuatro orejas y un rabo cuando en la México los trofeos valían oro puro y no devaluado latón.

Señalado esto simplemente para medir la importancia que alcanzó, en la historia universal del toreo, la dimensión artística de este hombre nacido en Caracas (13-06-33), que conquistó España en una fulgurante campaña novilleril, alcanzó con la mayor naturalidad una alternativa a todo lujo –se la otorgó Carlos Arruza en una de las famosas corridas del millón de pesetas que Balañá padre le pagó al Ciclón (28-0952)–, y durante tres lustros pasearía por los ruedos del mundo y los tres tercios de la lidia un estilo a la vez alegre y vigoroso, basado en el poderío, la variedad y la largueza. En lo que a su talante personal se refiere, lo caracterizó una manera de ser altiva y retadora, en principio con sus alternantes de cada día pero que fácilmente podía extenderse a públicos reacios o periodistas incómodos.

Lo cual denota que el más grande torero nacido en Venezuela nunca fue un tipo sencillo y accesible sino temperamental y peleón, líder del escalafón en España y Francia (1954), dueño de la gesta sin paralelo de haber cortado sendos rabos en sus dos actuaciones de la feria de Sevilla de dicho año (27 y 29 de abril), y que, ya millonario y figura, se preocupó menos por sumar fechas que por la categoría de las plazas y ferias y el dinero que exigía para vestirse de torero.  

Como es natural, el anuncio de su despedida en el Nuevo Circo de Caracas provocó verdaderos tumultos en las taquillas de su ciudad natal y conmoción en todo Venezuela, muy a tono con su condición de emblema de la tauromaquia y orgullo nacional unánimemente reconocido y largamente consagrado. El cartel de su adiós era escueto: seis toros mexicanos de Valparaíso, del campo bravo de Zacatecas, y César Girón como único espada. Corrió el rumor, finalmente confirmado, de que asistiría el presidente de la república con su esposa y séquito, así como los padres del diestro que se iba. En su última cuadrilla figuraba su hermano Rafael, alguna vez matador de toros como lo eran también Curro y Efraín y en el futuro lo sería Freddy. Sólo la familia Bienvenida, es decir, los hijos del Papa Negro, contó con tantos hermanos en las filas de los espadas con alternativa. 

Toro por toro

Lo que sigue es lo fundamental del relato firmado por Carmelo de Ronda, corresponsal en Venezuela de El Redondel: 

"De rosa y oro vestía el diestro compatriota, y tras la ovación de gala con que fue recibido, se abrió de capa para enfrentarse a "Azteca", bizco del izquierdo pero que resultó bravo, suave, pastueño y noble. Con él hizo una gran faena, brindad al presidente de la república don Raúl Leoni y la primera dama (…) Recibió dos orejas por unánime petición.
 
El segundo, salió suelto (…) después de brindarlo a su cuadrilla, se dobló muy toreramente con el bovino y lo despachó de dos pinchazos y media tendenciosa. Tampoco hubo suerte con "Peluquero", el tercero, que huía y no quiso pelea (…) cuatro trincherazos para sujetarlo, antes de señalar un pinchazo y media contraria y caída.

"Cojinero" aparece en cuarto lugar. Un cárdeno precioso, bravísimo con el que César bordó un quite apretadísimo por gaoneras. Brindó a su señora madre y, muy valiente, inició su faena en el estribo. El cárdeno iba y venía en los derechazos ceñidos y en los naturales apretados. Después, no sabemos por qué, a César se le vio dudar y, acaso para satisfacer a las masas, toreó por manoletinas que no venían al caso. La faena no tuvo toda la hondura que debió imprimirle la muleta sabia y dominadora del maestro, que la finalizó con una buena estocada y descabelló al primer intento para recibir las orejas de "Cojinero".

Surgió una pausa y apareció la figura gloriosa de Eleazar Sananes "Rubito", quien bajó a saludar a Girón, y los dos, como uniendo dos épocas insuperables del toreo en Venezuela, se abrazaron fraternalmente para dar juntos una emotiva vuelta al redondel (…) la atronadora ovación anudó las gargantas e inundó de lágrimas muchos rostros (…)

 Y tras aquella escena emocionante apareció "Flamenco" sobre el albero, bravo, claro, noble y boyante. A la muleta llegó quedándose en razón de un puyazo trasero (…) César, inteligente, lo cuidó y consintió (…) y poco a poco lo fue encelando hasta tirar de él magistralmente una y otra vez. Y entonces fue surgiendo un César distinto, acompasado y parsimonioso que, seguro de su maestría, redondeó, ahora sí, una grandiosa faena rematada de perfecto volapié, para tumbar a “Flamenco” al segundo golpe de descabello. Y otra vez paseó por el anillo, entre aclamaciones unánimes, con las orejas del bicho en las manos.

"Carbonero", el número 25 de Valparaíso, con 500 kilos, vino a poner punto final a la vida artística de César Girón. Acusó más genio que bravura. César le colocó dos pares de garapullos, superior el segundo –último de su vida torera, si es que cumple su palabra–. Brindó a su padre y salió a pelear con el toro. Se dobló en trincherazos eficaces, y toreó luego por la cara para ahormarle la cabeza al incómodo bicho (…) Pinchó una vez y dejó arriba una entera (…) Así dijo adiós, dignamente y con honra. Su hermano Rafael hace el corte simbólico desprendiéndole el añadido a los acordes de "Alma Llanera", y fue estrepitosa la ovación.

La gente se lanzó al ruedo y entre vítores estentóreos se lo llevaron en hombros por la puerta grande, atravesando avenidas congestionadas de tránsito (…) ¡Salve, maestro!... (El Redondel, 3 de abril de 1966).

Fue, sin duda, una despedida a la altura de la grandeza torera de César Girón.

Retirada en falso

Para César, el arrepentimiento llegó pronto. Se había ido en marzo y para agosto estaba anunciado la vuelta. Lejos de generar entusiasmo, el anuncio produjo irritación. Y no faltaron abogados caraqueños dispuestos a demandar penalmente a su paisano, en cuya despedida no sólo se le rindió homenaje nacional y se le condecoró oficialmente sino gozó, por añadidura, de la condonación de impuestos fiscales. 

De momento, la reacción adversa refrenó en César los deseos de reaparecer. Pero al cabo del tiempo, regresaría a España como comparsa –primer espada– de los "guerrilleros" Manuel Benítez y Sebastián Palomo (1969), en aquel esperpéntico recorrido con abundante cosecha de pesetas que hicieron por cosos menores –incluidas muchas portátiles– en presunta protesta contra la contención salarial acordado en bloque por las principales casas empresariales.

También volvería a torear en México, sin emular ni remotamente sus tardes más felices.  


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