Con muchas patas salió el segundo de San Román y saltó al callejón un par de veces, al notarse lastimado, el público protestó exigiendo que se cambiara, siendo sustituido por un ejemplar de escaso trapío, del hierro de Teófilo Gómez, al que Diego recibió con chicuelinas. Después vino un puyazo muy breve, seguido de ajustado quite por gaoneras. Su trasteo lo inició de rodillas, toreando por alto, y subiendo el tono al torear con temple y lentitud sobre ambas manos.
Nuevo toreo de rodillas exponiendo y con el público a su favor se empezó a pedir el indulto, que a todas luces, no era merecido. El juez, atinadamente, le ordenó entrar a matar después de perfilarse cuatro veces y la gente se oponía. Finalmente, el queretano cobró un estoconazo hasta las cintas que hizo efecto pronto siendo concedidos los máximos trofeos, después que al toro se le diera vuelta al ruedo.
A su descastado primero lo toreó bien de capa con templados lances. Luego se le dio un puyazo de trámite y tras el brindis a la parroquia, comenzó con buenos procedimientos en su labor de muleta, en la que poco se empleó el morito. Diego se mostró con conocimiento, dándole al toro los terrenos de adentro donde se fue el de La Soledad. Pinchó dos veces antes de dejar una estocada entera, escuchando algunas palmas después que había sonado un aviso.
Isaac Fonseca se llevó, en primer término, al de más cara del encierro, ante el que se mostró animoso con la capa y el público lo ovacionó. En el tercio final, "Tortolito" se le empezó a quedar corto y con la cabeza suelta, pero a base de aguante, el moreliano logró momentos de buena ejecución por ambos lados, y el consiguiente agradecimiento del respetable. A la hora de matar, Isaac estuvo desacertado con la espada y se retiró entre palmas tras escuchar un aviso.
La poca fuerza de su segundo fue aprovechada en su labor capotera dándole tres largas cambiadas de rodillas y lances sueltos. Tras el brindis al público, puso todo su empeño por agradar y entusiasmar, llevándose incluso dos sustos topándose luego con la debilidad del toro, que le impidió ligar la faena y lo obligó a salirse por momentos de su estilo. Medio espadazo tendido hizo doblar al ejemplar, aunque el puntillero levantó al toro y vinieron intentos fallidos para descabellar, lo que ocasionó le enviaran dos avisos.
Hubo algunos pitos para el que abrió plaza por su poca presencia, y correspondió al rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza, quien clavó un buen rejón de castigo al estribo. Conforme avanzaba su labor, provocando la arrancada ofreciendo el pecho de la cabalgadura, la gente se fue entregando. Y tras el aceptable desempeño con las banderillas, la falta de acometividad y fuerza del astado restó emoción a la labor del navarro, que pinchó en dos ocasiones con el rejón de muerte y escuchó tibias palmas de aliento al terminar su lidia.
Al cuarto de la tarde, segundo para rejones, del hierro de Teófilo Gómez, Guillermo lo recibió a porta gayola y tras ello apretó al joven caballista que echó mano de su habilidad toreando a la jineta con vistosos recortes que entusiasmaron a la gente.
Más tarde toreó de costado y lució en banderillas saliendo de la suerte ejecutando la hermosina además de quiebros y piruetas, que le coreó el público con entusiasmo. Clavó un par a dos manos conjuntando una buena labor que empañó con reiterados fallos al oficiar con el rejón mortal. Se premió al toro con arrastre lento mientras Guillermo se retiraba en silencio tras un aviso.