La última corrida del carnaval de Autlán aportó matices muy interesantes de observar, que seguramente darán de qué hablar en los próximos días, sobre todo por dos hechos concretos: la gran actuación de Diego Silveti, que hizo dos faenas de calidad, y la raza de Héctor Gutiérrez, que se mentaliza para su comparecencia en la Copa Chenel.
Y los dos le pusieron nombre a la tarde, en condiciones diferentes ya que Silveti tuvo en las manos un lote para disfrutar, y Héctor otro para sudar la ropa y pensar la manera de resolver de la manera más adecuada para salir avante.
El segundo toro de la corrida tenía un trapío armonioso, era bajo y reunido, además de recogido de pitones, y tenía esas hechuras perfectas que suele tener el toro que embiste con calidad. Aunque le faltó un punto de chispa, el de San Constantino sacó el fondo que tenía y Diego aprovechó para hacer una faena pausada, torera, en la que se gustó en todo momento. Naturales, redondos, pases de pecho y dosantinas, fueron el muestrario de un trasteo estructurado que no pudo rematar con la espada, sino hasta el tercer viaje, y así dejó escapar una oreja.
El sexto, que era bajo de viga y descolgado, muy en San Mateo, de ascendencia Montecristo, fue un toro que desde su salida apunto que iba a tener clase. Tras el sentido y sincero brindis a Óskar Ruizesparza, la clave de Diego fue consentirlo, darle su tiempo y esperar a que se afianzara sobre la arena, pues había mostrado cierta debilidad de salida. Y gracias a esos procedimientos tan finos, acabó por favorecer que fuer a más y a más, en una faena luminosa, templada, con unos naturales magníficos que provocaron admiración en el público, que siguió atento el desarrollo de la faena sin perder ni un detalle de vista.
Gracias a ese trato que le dio Silveti a "Doctor", que así se llamaba el de San Constantino, pudo deleitarse de mitad de faena en adelante, en el mismo tenor de torería que había desplegado hasta entonces. Y en las postrimerías de esta relevante labor, el público, sensible a la clase del toro, pidió el indulto que el juez de plaza concedió luego de que Silveti preguntó hasta en dos ocasiones qué debía hacer.
Cuando los indultos se dan en estas circunstancias, y un toro como "Doctor" contribuye a la expresión de un torero, son bienvenidos, porque se trata de un triunfo para la tauromaquia, y la enseñanza de que la bravura y la clase, de este toro de encaste mexicano, regrese al campo a disfrutar de una larga vida como semental.
La vuelta al ruedo compartida con el ganadero Juan Pablo Corona fue sumamente emotiva, ya que Diego venía de una cornada en Mérida en año que para él tendrá un significado especial, si las cosas cuajan como las está planificando. De entrada, se podría decir que, de Mérida a Autlán, lo comenzó con el pie derecho y con la satisfacción de llevarse en el alma una faena para el recuerdo.
La película que le tocó ver a Héctor fue completamente diferente, porque tuvo que ponerle el pecho al tercero, un toro serio, enrazado, nada fácil, con un temperamento que hizo vibrar de emoción al público debido a que no regalaba ninguna embestida.
Y el otro hidrocálido de esta combinación se afanó en sentirse dueño de lo que hacía, hasta cuajar una faena de puro corazón y entrega, sin importar las tarascadas del toro y el piso de plaza, al que el año entrante tendrá que hacer una reparación para dejarlo en mejores condiciones.
Los muletazos recios y poderosos que le dio a "Don Carlos", que así fue bautizado el de San Constantino, le dieron moral y la razón de que avanza en el camino correcto, pues a su calidad técnica y artística, Gutiérrez también suma lo que hay que tener para llegar lejos en la profesión. Una estocada entera, un poco desprendida y casi nada delantera, de efectos rápidos, fue el mejor colofón a una faena de esas que satisfacen hasta el aficionado más exigente.
El séptimo fue un toro complicado, que arrollaba y sabía lo que dejaba atrás, así que Héctor decidió abreviar e hizo lo correcto, no obstante que algunos espectadores no entendieron y le recriminaron este hecho. Pero, ciertamente, no tenía ningún sentido cuando, de antemano, un torero sabe que tiene la apuesta perdida, como era el caso con este ejemplar.
Marco Pérez sorteó un lote deslucido, y aunque trató de hacer las cosas bien y de sacarle provecho a sus dos toros, en sendas faenas aseadas, en las que trató de ordenar las embestidas y congraciarse con el público, que estuvo atento y respetuoso durante el debut del salmantino en esta plaza.
En algunos pasajes de ambos trasteos logró algunos muletazos de buena factura, pero que no alcanzaron a tener el eco esperado en el tendido. Al final, los pinchazos al cuarto de la tarde, y una estocada envainada al octavo, no le ayudaron a que su actuación hubiese terminado de otra manera, y pasó inadvertido en una tarde sin trascendencia, pero que le servirá para seguir acumulando experiencia en México, en este que apenas es su primer año en las filas de los matadores.
De la actuación de Juan Pablo Sánchez, el primer espada del cartel, merece la pena resaltar la entrega desplegada delante del quinto, un toro que se paró pronto y lo obligó a pensar delante de la cara, situarse prácticamente en la cuna y sacarle muletazos de valía, en un trasteo meritorio por las cercanías y la técnica que empleó para terminar metiéndolo en la muleta, aunque el de San Constantino embistiera a regañadientes.
En el primero de la corrida, un toro de encaste Domecq (vía Daniel Ruiz) que duró poco, también estuvo centrado, aunque la falta de fuerza del toro no le dejó sino estar aseado y resolutivo, antes de tumbarlo de una estocada modélica, por su ejecución y colocación, la mejor de las cuatro corridas del carnaval.
"Ya veremos a ver", como dicen en España, en la siguiente corrida que va a torear de esta casa en la plaza "Nuevo Progreso" de Guadalajara, programada el domingo 15 de marzo, si la suerte le favorece y le da una alegría a su apoderado, que hoy también hizo las veces de empresario y ganadero; sobre todo, de ganadero que ha apostado con generosidad por la Fiesta, en distintas facetas, con la ilusión de seguir recibiendo satisfacciones como la que le dieron varios de los toros del encierro del día de hoy.
La ganadería de San Constantino lleva una racha triunfal de tres indultos consecutivos en tres meses. Y cuando la felicidad viene a manos llenas, hay que disfrutarla, como lo ha hecho Juan Pablo y su bonita familia el día de hoy en Autlán, pero consciente de no echar nunca las campanas al vuelo y teniendo presente la humildad, la virtud más sabia en esta difícil -y muchas veces ingrata- labor de ganadero.