El casi lleno en los tendidos del coso merideño hizo reverdecer y reivindicar el tirón taquillero de dos toreros con legión de seguidores en esta plaza merideña. Fandi – Colombo han obrado el emocionante merito de casi agotar el boletaje, lo que en una feria de un presupuesto como el planteado este año, literalmente salva los gastos y pone en evidencia que para llevar gente a esta plaza de toros es indispensable toreros con la bendición de la varita de tener un mensaje que decir en el ruedo.
El granadino lo tiene desde hace más de dos décadas en este ruedo, y sus 18 paseíllos y 39 orejas cortadas además de varios toros indultados le hace ser un fijo para el público merideño y garantía de éxito económico para las empresas de turno. El taribense Jesus Enrique, de la misma manera es torero con culto en este redondel, con ese carisma que solo los elegidos pueden tener vestidos de luces.
Por la mañana se había enlotado encierro desigual de San Antonio, con dos remiendos de Campolargo, tras incidencias desafortunadas al momento de su traslado desde la costera población de Yaracal. Al final, los sustitutos astados de Campolargo serían protagonistas de la tarde, pues ambos astados permitirían el éxito a sus respectivos lidiadores. Cada espada se llevo en su lote uno de los pupilos de doña Carmen Rosa Campolargo y a sus alforjas las orejas, simbólicas del último del festejo, tras una dilatada lidia y entregada insistencia de la mayoría de público por ver regresar a toriles el noble burel.
Fandi arrancó con el diapasón a fondo desde el minuto 1 de su compromiso, tras la interesante y técnica lidia que se dispendió ante el nobilísimo "Embajador" de Campolargo, el cual saludó con larga cambiada en el tercio, y luego medido castigo en varas, además de lucido tercio de banderillas compartido con Jesús Enrique Colombo. Facilidad insultante con los palitroques de ambos, para ya en muleta Fandi hacer de las suyas, con la veteranía que le caracteriza, por ambos pitones en especial por la diestra donde se decantó en llevar templado y a media altura las boyantes embestidas del morlaco.
Breve pero intenso fue su intervención por naturales, llevando detrás de la cadera las pastueñas y codiciosas embestidas, para luego rematar con su característico repertorio una faena, por cierto de las mejores que le hemos visto en este ruedo. El espadazo inmaculado en todo lo alto, de efectos fulminantes, dio pie a la concesión sin pega alguna de las dos orejas.
De nuevo tuvo opciones de triunfar a lo grande con su segundo del lote, José Gregorio de San Antonio, al que cuidaría en los tercios de varas y exigido con propiedad en otro tercio de banderillas con la autoridad de uno de los mejores en la historia con los palos. Nuevamente la bolita de la suerte le puso en sus manos el noble pero endeble recorrido de un toro al que llevaría cuidado a media alturita, siempre a favor de potenciar las cualidades que tenía el pupilo de don Edgar Varela, adornándose con un sombrero que desde los bajos de sol le habían arrojado en banderillas. Una pena que los dos pinchazos antes de dejar una estocada entera trasera, y dos descabellos dejaron en poco más que palmas los méritos que atesoró su labor.
El que cerraría lote fue el que menos opciones le brindaría, pues "Papa" se agarraría al piso, muy por encima que ni siquiera le habían castigado en varas, en minúscula sangría del piquero colombiano Carlos Álzate de mero trámite. Fandi le extraería hasta el último aliento en su cansina embestida en una labor donde abundó más lo accesorio que lo elemental, pero en tarde así, el público manda… El espadazo atravesado le hizo al final saludar desde el tercio.
Jesús Enrique Colombo vaya que no tuvo fácil la papeleta desde el principio de tarde pues había sido testigo de las intenciones triunfales del su compañero de cartel, tras irse por delante con dos orejas en su esportón. Hubo de echar mano a una labor de mucho empeño en capote y banderillas, con la variedad y entrega que caracteriza al torero de Táriba. Fue en la muleta en la que Colombo echaría el resto en hacerse con los viajes endebles e intermitentes de "Sortario", que no aguantaría la lidia de un Jesús Enrique que había hecho méritos para por lo menos se le amenizara faena con los acordes del pasodoble torero. Los tres cuartos de acero en buen sitio desataron una petición de trofeo que no sería -con bronca de muchos- atendida por el parco palco presidencial.
Vendría luego el confuso hecho de salir en segundo de su lote, un toro de llamativo pelaje burraco, pero lesionado en toriles del ojo derecho, literalmente casi enucleado, por lo que sería devuelto a corrales. El sobrero del mismo hierro que despachó sería otra historia, pues "el zapatico" que salió de toriles, Colombo tendría que vérselas con un burel en la que las ganas y ambición de triunfo serian elemento indiscutible frente al recorrido con la cara a media altura y a favor de querencia que sacaría partido por ambos pitones el torero taribense, luego de variedad y firmeza tanto en el capote como en las banderillas previamente.
Dilataría más de la cuenta faena, buscando el perdón del indulto para el astado, escuchando dos avisos e incluso aguantársele el tercero, para dejar luego de un pinchazo un espadazo entero, ligeramente desprendido concediéndosele las dos orejas y la vuelta al ruedo a "Sevillano" de San Antonio.
El que cerró plaza vino acompañado de un fría llovizna que hizo que algunos de los presentes se resguardaran en los pasillos internos de la plaza, no los incondicionales "colombistas" que vieron en las condiciones del colorado burel opciones a la faena de la función para Jesús Enrique, como luego lo fue, tras lucirlo con medido temple en el capote, luego en cuidado castigo en varas y posterior en espectacular tercio de banderillas. Con todo dispuesto, banda de música de plaza incluida arrancada a tocar antes de comenzar faena, muleta en mano torero y publico auparon un trasteo muleteril donde de nuevo Jesús Enrique hubo de echar mano a recursos técnicos y mucha conexión con el tendido para no hacer perder intensidad trasteo templado y variado en especial por la mano diestra donde cimentó faena en su mayoría, aprovechando la veta de nobleza de "Merideño".
El público tomaría partido por el castaño toro nuevamente pidiéndole el indulto, incluido el torero que empujaría tal petición en reiterados amagos de perfilarse a entrar para la suerte suprema, repitiéndose la escena del toro anterior, hasta que finalmente desde el palco presidencial, remolonamente se asomaba el pañuelo naranja y con ello de nuevo a los potreros el toro que colocaba la guinda a un festejo donde los presentes disfrutaron de principio a fin una gran función. La masiva entrada de público así lo atestigua.