Curro Rivera cumple 25 años de aquel infarto sufrido en la ganadería de su padre, que también murió en ese mismo lugar años antes, ambos tocados del corazón y luego de haber cumplido a cabalidad con sendas carreras taurinas que dejaron huella entre la afición, como toreros de dinastía.
Aquel 23 de enero de 2001 Curro había acudido a tentar como parte de sus entrenamientos para los compromisos que tenía en puerta. Luego de haber hecho una exigente preparación física para volver a torear, algo que le llenaba de ilusión, sobrevino su deceso. A sus 49 años, nunca imaginó que la muerte lo iba a sorprender de esa manera tan inesperada.
Desde su debut como novillero, el hijo del maestro Fermín dejó entrever un carisma especial, además de una tauromaquia fresca, en la que combinaba la largueza de su trazo y un valor sereno, amén de su capacidad para entender a los toros, como consecuencia de su bien aprendido oficio.
A ello muy pronto sumó la ambición para llegar a la cima del toreo tras aquella alternativa recibida el 14 de septiembre de 1968 en la vieja plaza de Torreón, de manos de otro titán de los ruedos, Joselito Huerta, y ante la presencia de Jaime Rangel, con el toro "Presidente", de San Martín, divisa que por esos años también comenzaba su andadura en el campo bravo mexicano, con el impulso de Pepe Chafik y Marcelino Miaja.
Y de su prometedor futuro Curro iba a dar cuenta en España en las temporadas del 1972 y 1973, donde cosechó triunfos incuestionables en las principales plazas, en las que, a sus escasos 21 años (había nacido el 17 de diciembre de 1951), anunció que lo suyo iba muy en serio.
Tras una carrera "milenaria" y luego de dejar el pabellón familiar en alto, se despidió en 1992, tanto de la Plaza México como en su querido y centenario coso "El Paseo", de San Luis Potosí, que también lleva el nombre de su padre. Y luego nueve de ausencia, volvió a enfundarse el traje de luces. Sin embargo, el corazón le jugó una mala pasada, aunque murió haciendo lo que más amaba en la vida: toreando.
Curro seguirá siendo esa gran figura del toreo de aquella época de un México taurino que vivió hazañas memorables, entre ellas las que dejó para el recuerdo el inolvidable "Curro Cumbre".