Ruedo: El contenido de Joselito
Miércoles, 13 Nov 2013
México, D.F.
Heriberto Murrieta | Opinión
La columna de este miércoles en Récord
Joselito Adame armó una auténtica escandalera en la Plaza México. Y las cuatro orejas que cortó, sumadas a las dos que obtuvo este año en Madrid, lo colocan en un sitial de gran importancia en la Fiesta.
Vibrante fue su primera faena de la tarde. Hace mucho tiempo que no se escuchaban esos olés tan estentóreos en el coso metropolitano. Y cuando cobró el estoconazo en la suerte de recibir, un alarido removió los cimientos del coso. Joselito no es solamente decisión y entrega: en su toreo hay contenido. Ha ganado en expresión con el capote y asombra la firmeza con la que signa los muletazos. Su triunfo inobjetable es la comprobación fehaciente de que la preparación en España es hoy por hoy obligada. Una actuación sencillamente extraordinaria, redonda por donde quiera que se le vea.
Mucho mérito tuvo el hidrocálido si tomamos en cuenta que apenas un mes antes había sufrido la fractura del peroné izquierdo al ser arrollado por un toro en Las Ventas. De hecho, se resintió al recibir de rodillas al primero de su lote. Soportando el dolor siguió adelante y construyó un triunfo de apoteosis.
No se quiso quedar atrás un Payo con carácter y sobradas cualidades toreras. Octavio García realizó una faena despaciosa y saboreada. ¡Cómo ha madurado! Se ganó a pulso regresar en el mes de enero.
Reconocimiento
Al mencionar los triunfos de Joselito en España es obligado evocar al maestro David Liceaga, que salió nada menos que cuatro veces a hombros en Madrid.
El torero de Romita, Guanajuato, fue uno de los más completos de la historia. Un diestro fácil, banderillero sensacional, que nunca dejó un toro vivo. Uno de los grandes de la Época de Oro de la tauromaquia nuestra.
Determinante
Ya nos la debía Fernando de la Mora. La calidad de la materia prima de su encierro fue clave en el éxito de la corrida dominical. Tres arrastres lentos, gran resultado, aunque uno de ellos, el del toro de regalo, resultara exagerado.
El primero de Joselito y el primero de El Payo fueron de esos con los que sueñan los toreros. Con clase, emotividad y recorrido.
Ausencia
En el callejón de La México se extrañó la presencia de Armando Gutiérrez, el mozo de estoques y fiel escudero de El Juli. La víspera en Saltillo, Armando se cortó las piernas con un estoque al intentar guarecerse en un burladero tras el brinco de un toro al callejón del coso sarapero. Por primera vez en 20 años no acompañó a Julián a un festejo. Deseamos a Armando una pronta recuperación.
Centenario
El lunes pasado, el escritor taurino Guillermo E. Padilla cumplió 100 años de edad. Radica en Tlalnepantla, Estado de México. Es el autor de libros referenciales como los de la historia de la plaza de toros El Toreo de la colonia Condesa.
En el prólogo del primer volumen, Rafael Solana escribe: “Recordar todas las hazañas en El Toreo, desempolvar unas que ya se nos olvidaban, comprobar otras que vacilaban en nuestra memoria, todo esto podrá hacer, en sesiones llenas de evocaciones y como pies para pláticas muy amenas o como confirmación de recuerdos o como salida de dudas, el lector de este libro que es como un cofre de memorias, cargado de nombres ilustres, de fechas históricas. Un libro que será un tesoro, una enciclopedia y un anecdotario”.
Por su parte, Rodolfo Gaona, a quien Guillermo dedica la monumental obra, anota con su puño y letra en la página anterior al primer capítulo: "Es todo un acierto el libro de Padilla, pues considero que la historia de la plaza de El Toreo constituye el capítulo más brillante de la tauromaquia mexicana. Te felicito y te doy mi enhorabuena".
Y luego, como preámbulo, el acucioso investigador empieza a describir con lujo de detalles cómo era la Ciudad de México en 1906, con los paseos a Chapultepec, las carretelas tiradas por caballos, los primeros tranvías, las mujeres con enormes sombreros adornados con plumas o flores, los "lagartijos" que usaban bombín y bastón, las carreras de caballos en el hipódromo de Peralvillo y la atracción de Joaquín de la Cantolla, que se elevaba en un enorme globo, ante el asombro de las multitudes.
Al año siguiente empezaría la construcción del legendario coso, del que tanto me habló mi querido padre. ¡Felicidades don Guillermo, y que sean muchos años más!
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