Desde el barrio: Las Ventas, a corto plazo
Martes, 12 Nov 2013
Madrid, España
Paco Aguado | Opinión
La columna de este martes
Entre los últimos rumores invernales en España, algunos medios han difundido el que señala que la empresa Taurodelta pretende reducir en 2014 el ya exiguo número de novilladas de la temporada madrileña, en favor de la celebración de más corridas de toros de "oportunidad".
De confirmarse oficialmente, tan pésima noticia vendría a demostrar una vez más la absoluta desorientación que sobre la realidad y el futuro de la fiesta de los toros tiene el sistema empresarial que la dirige en estos tiempos difíciles.
Y es que desde hace varios años la empresa de la plaza de Madrid ha convertido sistemáticamente las novilladas en un sumidero de vocaciones, en un muro insalvable para varias generaciones de aspirantes a los que ha cortado el camino hacia el triunfo, a la vez que, directamente, ha ido cegando el futuro del espectáculo.
Y es que para Taurodelta, obligada por pliego a celebrarlas, las novilladas no dejan de ser un simple trámite que cumplir con una patente desgana, y para el que ha empeñado más tiempo rebuscando por el campo utreros a bajo precio y de divisas de escasa categoría que en hacer una buena labor de "scouting", como dicen en el deporte, para descubrir y anunciar a los novilleros mejor preparados o más prometedores del momento.
Ese errático y funesto criterio, esa pésima planificación, ha acabado por dejar la triste evidencia de esas dos solitarias orejas que han podido cortar los novilleros en su ruedo esta temporada, en el que es el peor resultado de la larga historia de la plaza. Monumental.
Y que nadie cargue todas las culpas de tan paupérrimo balance en el debe de los chavales, porque aparte las muchas cornadas registradas, que entran dentro del juego de gloria y tragedia de este espectáculo, tarde tras tarde decenas de novilleros se han ido estrellando con utreros no sólo de desmedido trapío sino de pésimo o nulo juego.
O han sido utilizados como conejillos de Indias de ese fantasmagórico experimento de los encastes en vías de extinción, una sucesión de fracasos y desilusiones a la que asisten, impávidos, unos cuantos cientos de turistas y unos cuantos adictos a los festejos planos.
Nombres prácticamente desconocidos que representan vocaciones aplazadas o huidas adelante a la desesperada son la carne de cañón con la que juega la empresa madrileña para cumplir un trámite funcionarial. Y todo envuelto en una actitud tan hueca de afición como falta de visión de futuro, lógica por otra parte en quienes ya han sentenciado que "a esto le quedan dos días".
Claro que a estas alturas y conociendo el paño, no es de extrañar que quien realmente maneja los hilos de la programación venteña quiera quitar novilladas para dar más corridas de toros de "oportunidad".
Es cierto que ese tipo de festejos, arrasado como está el mercado de las plazas de tercera, es más necesario que nunca para dar paso a una extendida y maltratada clase media que no tiene acceso al gran circuito.
Pero más bien parece que en este caso las "buenas intenciones" de despacho disfrazarían otro tipo de objetivos, como encontrar en esas corridas nueva mano de obra barata para rellenar los carteles de sus otras ferias, un relevo de pretendidos aspirantes a figuras de bajo coste con los que sustituir a los ya utilizados que han demostrando su inconsistencia en las últimas temporadas.
Lo chocante y lo grave del caso es que esta medida coincide en el tiempo con la aparición de la mejor y más ilusionante generación de novilleros de las últimas décadas, esa que necesita ayuda y fomento para dar resultados a medio plazo y tomar el relevo en las cuatro o cinco próximas temporadas siguientes en un escalafón envejecido, tal y como ya está sucediendo en México.
Cuando la de Madrid ha quedado aislada como única plaza de temporada, esa generación necesita de Las Ventas como centro de atención para poder ganar credibilidad y tomar el impulso definitivo hacia una alternativa con suficiente proyección para entrar en las ferias y poder asumir ese relevo.
Claro que para que la monumental vuelva a adquirir ese papel determinante en la Fiesta se hace necesario un plan de verdadero trabajo, empezando por una buena y lógica selección de ganado, tanto por hierro como por hechuras, que ofrezca unas mínimas posibilidades de éxito a los aspirantes.
Como se necesita también una sensata elaboración de carteles, con novilleros realmente preparados y prometedores a la que se premie no ya sus éxitos sino su actitud, volviéndolos a programar en domingos sucesivos para que puedan coger ambiente, como fue hasta no hace tanto en Madrid, y no alejándoles toda posibilidad de ratificarse con una programación hecha con dos meses de antelación para ahorrarse quebraderos de cabeza.
Sólo así, y con una buena labor de difusión en los medios y unos precios asequibles, podrá volver a entrar gente a las novilladas venteñas más allá de los mil y pico de guiris con los que no se fomenta más que el beneficio de las agencias de viaje.
Esa es la única manera de trabajar por el futuro, con una visión, al menos, a medio plazo, por mucho que las actuales empresas taurinas, como se sigue demostrado, padezcan de una aguda miopía.
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