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Desde el barrio: Fuera de la ley

...tanta autenticidad se hace cada vez más difícil de ver en los...

Contra corriente. Al margen del tiempo. Ajeno a la cómoda moda. Al otro lado del redil. Fuera de la ley. Así toreó Fortes el domingo un toro de Victorino Martín en Las Ventas. En una faena atípica de esta época, extraordinaria en el estricto sentido de la palabra, porque se salió de la norma, de lo ordinario, del tono gris y monótono de la mayoría de trabajos que estamos mal acostumbrándonos a ver últimamente.

Y no se trata de sacar de nuevo los tópicos de la pureza ni de los estilos clásicos, sino de sacralizar la  entrega, la más absoluta entrega. De mostrar otra vez como modelo esa condición sine qua non para que el toreo trascienda y genere emociones profundas, como las que se manifestaron en el rugir de la marabunta venteña en cada olé ronco, gutural y masivo por cada natural, por cada ayudado por bajo del toreo malagueño ante "Mucamo".

Las plantas asentadas con naturalidad, el pecho y los muslos dados al cite, y el cuerpo yéndose con cada embestida a ras de bragueta, apretando los espacios al máximo para fundirse con un toro que acude provocado desde la sutileza de unos vuelos al servicio de la lentitud y de la reducción de la velocidad, de la dilatación del momento sublime.

Así abrió Fortes la temporada madrileña. Contra el viento y pese al viento que a veces hacía ingobernable esa muleta obsesionada en la cadencia, pero que ni con desarmes ni con interrupciones logró impedir que por la Monumental se extendiera, invadiéndolo todo, esa inequívoca sensación de autenticidad que marcó la actuación de este hijo de torero y de torera.
Tan apabullante manera de imponerse hizo que, incluso, se viera más toro del que había, que no fue otro que un cárdeno noble y con voluntad de humillar, pero mentiroso en varas –se arrancó fuerte tres veces para cabecear el estribo como si fuera un puchinbol–, afligido en los primeros compases de la faena –la corrida, como tantas otras en este arranque de temporada, acusó con su falta de brío el último mes y medio de lluvias- y con tendencia a salirse por arriba en los remates de los pases.

Y es que la entrega de un torero dispuesto a cumplir con su destino no encuentra nunca excusas, que las había muy a mano, sino que descubre siempre soluciones y argumentos nuevos, como ofrecieron varios toros de una corrida que no resultaron ni mejores pero tampoco peores que el que se prestó y se sometió a la revelación de un torero pulido y madurado en sus convicciones.

Lo preocupante de la cuestión es que tanta autenticidad se hace cada vez más difícil de ver en los ruedos, desterrada de las ferias y de las grandes citas de la temporada, despreciada por esa relación monocorde de nombres gastados que se repiten hasta la saciedad en los carteles de uno y otro lado del Atlántico –ya hasta en los festivales– da igual lo que lo que representen o lo que dejen de prometer, lo que se hayan ganado o lleven tiempo perdiendo sin remedio.

La autenticidad, la entrega, la sinceridad, esas banderas de enganche que siempre hicieron más grande este espectáculo están, como la faena de Fortes el domingo, fuera de la ley tiránica que rige esta época gris, al margen de la norma y de la mala costumbre, justo cuando desde los despachos se usurpan y se malversan los dictámenes del ruedo que siempre fueron la guía espiritual del rito.

Afortunadamente, Fortes no es el único outsider de este tipo que nos queda, sino que hay más –tampoco demasiados- artistas independientes que han decidido transitar por el wild side que bordea los escarpados y áridos alrededores del mercado de la mediocridad, sostenidos en su fe inquebrantable por el buen toreo.

Son esos raros ejemplares de una raza en extinción que, si pese a todo no se rinden, acabarán siendo, para satisfacción quizá de unos pocos, los únicos referentes que le queden al toreo cuando ya todo sea tierra quemada.






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