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Una y una, a caballo y a pie        

Diego Ventura y José María Hermosillo cortaron sendas orejas en México

Más de tres horas y media tuvieron que pasar para que la corrida alcanzara esa cuota de emoción que esperaba el público que acudió hoy a la Plaza México. Y fue con Diego Ventura, tras una vibrante faena al noveno toro de la función, cuando cayó esa oreja in extremis que devolvió el entusiasmo a la gente, que tuvo que tragar varios pasajes de tedio originado por el pobre juego de varios de los toros que se lidiaron.

Porque no parecía, ciertamente, que esta primera tarde se alargaría tanto, pues comenzó a pedir de boca, con una torera faena de José María Hermosillo, que tomó la alternativa con mucha categoría. Y conforme transcurrió la lidia de ese toro de Julián Hamdan que abrió plaza, el único realmente bueno de los que envió el sobrino de Pepe Chafik, el espigado hidrocálido se fue asentando para cuajar una faena estructurada y sobria que tuvo series de excelente acabado.

Los muletazos se sucedieron unos a otros con temple, en tandas donde lució la calidad del toro, y también su fijeza, para acudir a la muleta de José María, que abrochó el trasteo con unos soberbios ayudados por alto antes de ejecutar una estocada modélica que puso en sus manos 
la merecida oreja del noble toro de su doctorado.

Después de este interesante prólogo de toreo a pie, vino Ventura a realizar una faena poderosa ante un ejemplar de Fernando de la Mora que embestía con violencia. Pero el centauro de La Puebla del Río lo enceló con temple y acabó imponiendo su ley con arrojo, en medio de la algarabía de un público que gozó esa demostración de doma y toreo sobre los lomos de los cinco caballos que salieron al redondel del coso de Insurgentes.

La mácula vino con el rejón de muerte, ya que Diego no fue capaz de rematar su labor con eficacia, y se tuvo que conformar con una cariñosa ovación recogida sobre las rayas del tercio.

El quinto fue un toro dócil, perteneciente al hierro de Marrón, con el que Ventura apenas consiguió levantar el ánimo de la gente, luego de que un severo rejón de castigo dejó al toro sin fuelle para el resto de la lidia. Así que, ya entrados en gastos, el rejoneador anunció el regalo de un sobrero, de la divisa de San Isidro, que se movió con entrega y favoreció esa última faena de 
Diego, que sacó a relucir su amplio repertorio para encandilar a los que se quedaron a verlo, que todavía eran muchos, aunque no tantos como en aquella tarde inaugural de la temporada anterior.

El toro tuvo transmisión y Ventura lo toreo a centímetros de los estribos, con esa galanura de lo bien hecho, en distintos terrenos y con varios caballos, entre los que hoy sobresalieron "Bronce", "Dólar", "Prestigio" o "Bombón", figuras de una cuadra tan amplia como variada.

Más tarde, un rejón de muerte poco eficaz lo obligó a echar pie a tierra, quizá de manera un tanto anticipada, pues el de San Isidro no estaba herido de muerte, y le pegó un tremendo arreón del que se salvó de milagro cuando el toro lo persiguió varios metros a la vera de las tablas, afortunadamente sin conseguir alcanzarlo.

Aquellos momentos de dramatismo no restaron emoción al golpe final con el descabello. Sin embargo, ahí perdió Ventura esa segunda oreja que, tras una importante faena, había ganado minutos antes.

Hermosillo no consiguió redondear ante el octavo ejemplar, que sabía bien lo que dejaba atrás. No obstante, el público advirtió en él un deseo de agradar en la tarde más relevante de su carrera taurina.

Y en medio de los triunfos puntuales del toricantano y el caballista, hay que apuntar la solvente y torera actuación de Leo Valadez, que al cuarto de la tarde le dio los muletazos más sentidos y artísticos de la corrida, siempre con mucho asentamiento en las zapatillas, ciñéndose las embestidas a la bragueta, y haciendo el toreo que cala hondo en el tendido.

Al séptimo también lo banderilleó con soltura y facultades, y le hizo otro quite vistoso, prueba de que no desaprovecha ningún instante para agradar a la gente. Y ese toro lo permitió mostrarse un poco más, pues tuvo un aceptable pitón izquierdo, por el que Leo trazó naturales tersos, templados, ligados en un palmo de terreno.

De haber tenido ambos ejemplares un punto más de consistencia en las embestidas, otro gallo le hubiese cantado a Valadez en cuanto al balance final de una prometedora actuación que no pudo rematar con la espada ante el séptimo. Pero no hay que perderlo de vista, porque tiene ambición y pasta de torero bueno.

Antonio Ferrera sorteó el peor lote de la corrida, compuesto por sendos toros complicados que no le dejaron sino mostrar su buena disposición, así como un oficio bien aprendido, del que tuvo que echar mano para solventar la papeleta de la mejor manera posible. Lástima que la mala suerte hizo presa del extremeño, ya que un sector del público esperaba con ilusión al máximo triunfador de la temporada 2019 en la plaza de Madrid.

Ficha
Ciudad de México.- Plaza México. Primera corrida de la Temporada Grande. Media entrada (unas 21 mil personas) en tarde agradable. Un toro de Fernando de la Mora, otro de Marrón, y uno más de San Isidro, para rejones (2o. y 5o., y el 9o. como regalo); éste último, bueno. Y seis de Julián Hamdan (el 6o., sobrero sustituto de uno devuelto por inválido), correctos en presentación, de poco juego en general, salvo el 1o. y el 7o., que tuvieron calidad; otros, como 3o. y 6o. fueron complicados. Pesos: 483, 556, 538, 534, 565, 530, 522, 546 y 500 kilos. El rejoneador Diego Ventura: Ovación, silencio y una oreja en el de regalo. Antonio Ferrera (verde manzana y oro): Silencio y pitos. Leo Valadez (azul celeste y oro): Palmas en su lote. José María Hermosillo (azul marino y oro), que tomó la alternativa: Oreja y leves palmas tras aviso. Incidencias: Hermosillo se doctoró con el toro "De todo corazón", número 37, negro zaino, con 483 kilos. Destacó en banderillas Cristhian Sánchez, te saludo en el 1o. Juan Ramón Saldaña bregó con suavidad al 1o. Sobresalieron en varas Efrén Acosta y César Morales, que picaron bien al 1o. y al 7o., respectivamente. Paulo Campero salió como sobresaliente del rejoneador. La corrida tuvo una duración de 3 horas y 35 minutos.






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