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Un aniversario sin pimienta        

Sebastián Castella cortó la única oreja de la tarde

La corrida del Aniversario 72 de la Plaza México no tuvo el brillo esperado, no obstante que los toreros trataron de entusiasmar al público en todo momento. Esa ausencia de mayores emociones se debió, en gran medida, a que ninguno de los toros de Jaral de Peñas rompió a embestir por derecho.

Y salvo el juego mansurrón y noble segundo, al que Sebastián Castella le cortó una merecida oreja, al resto de los ejemplares lidiados en esta larga jornada se les fue en tratar de agradar, cada uno con sus recursos, como los que empleó Jerónimo delante del toro que abrió plaza.

De hecho, esta fue una de las pocas faenas que tuvo su miga, tanto por la expresión del poblano como porque no se amilanó ante ese toro rajado que embestía broncamente, arreando hacia los adentros. Y a base de carácter le hizo un trasteo con algunos pasajes con toreo de reminiscencias antiguas. Así que eso fue, realmente, lo interesante.

La magnífica ejecución de la estocada que colocó Jerónimo se tradujo en una cariñosa ovación de la gente, que reconoció el esfuerzo del poblano ante un toro de los que, en otra época, se hubiera dicho que embestía "a contraestilo".

Con el quinto también trató de agradar hasta donde las deslucidas embestidas, y a veces complicadas, se lo permitieron. Al final, esta oportunidad de poco le valió a Jerónimo, aunque ahí queda, por lo menos, su excelente disposición para resolver la papeleta en una de las tardes de mayor compromiso en su carrera.

Ya se afirmaba que Sebastián Castella fue el que mejor quedó parado con la gente, pues hizo una primera faena inteligente y habilidosa, por su colocación y su temple, y consiguió acoplarse muy bien a la embestida de un toro que embestía por fuera, pero que acudía humillado a su muleta. Y eso ya era una ventaja que el de Beziers no desaprovechó.

Y así le dio varios naturales y dosantinas al de Jaral de Peñas, aprovechándole la querencia de la huida hacia las tablas. Una estocada tendenciosa no fue óbice para que le concedieran ese único -y solitario trofeo- escaso premio a tanta paciencia por parte de la gente.

El sexto se partió un pitón en el peto y fue devuelto. En su lugar salió un toro destartalado, chico y feo, que no debió haber sido aprobado por el juez de plaza. Sin embargo, tuvo docilidad y se dejó torear. Sebastián brindó su faena al consumado banderillero español Pepe Chacón, y luego se dio a trazar muletazos suaves, de toques casi imperceptibles. Quizá pensó el francés que el toro se entregaría si lo acariciaba con los vuelos de su muleta, pero acabó embistiendo muy deslucido y duró poco.

Joselito tampoco pudo hacer casi nada con el primer ejemplar de su lote, porque no tenía nada por dentro. Si acaso, un soberbio y torerísimo recorte en el que se cambió el capote de mano, queda ahí como un chispazo de inspiración a cargo del hidrocálido en su primera intervención.

Pero delante del séptimo se la jugó de corazón con un toro serio y corpulento, que no regalaba ninguna embestida. El quite por gaoneras tuvo impacto, por lo ceñido de los lances a pies juntos, en los que le dio ventajas al de Jaral de Peñas, que acabó desarrollando sentido.

José le plantó cara con hombría en una faena sobria, estructurada y con reciedumbre, en la que tuvo que aguantar miradas aviesas a las que impuso su madurez y claridad de ideas. La gente percibió su entrega, y al terminar su labor, mediante una estocada tendenciosa, y un certero golpe de descabello, le escamotearon el triunfo. Nada nuevo. Algunos le pitaron injustamente. Pero es muy probable que él se haya quedado tranquilo luego de la capacidad y disposición demostrada con ese morlaco.

Andrés Roca Rey también deslumbró a la gente con el trepidante inicio de faena al cuarto, pero aquello fue como una gaseosa que perdió su ímpetu en cuanto el toro se rajó, sin importarle que ahí había un torero con ganas de darle batalla y espectáculo.

Otro tanto ocurrió con el octavo, que no era nada fácil y con el que el peruano no estuvo del todo concentrado, y aunque trató de hacer algo encomiable, la brusquedad de aquellas embestidas se lo impidieron. Ya no estaba la cosa como para pasar demasiadas fatigas.

Haciendo un balance de los 16 toros lidiados el fin de semana, cabe resaltar la bravura del toro "Campero", de Bernaldo de Quirós, al que El Juli le cuajó la faena de ayer. Clase y calidad, fue lo que tuvo, además de un armonioso trapío acorde a la categoría de esta plaza. No es mucho pedir, sobre todo esto último. Lo demás ya es cuestión de genética. Y hoy falló. Así que el festejo careció de ese indispensable condimento de la pimienta.

Ficha
Ciudad de México.- Plaza México. Decimotercera corrida de la Temporada Grande. Dos tercios de entrada (unas 21 mil personas) en tarde soleada y agradable, con algunas ráfagas de viento. Toros de Jaral de Peñas (el 6o., sobrero sustituto de uno que se despitorró), desiguales en presentación y variado comportamiento. Pesos: 492, 485, 508, 518, 505, 545, 547 y 514 kilos. Jerónimo (corinto y oro): Ovación y silencio. Sebastián Castella (azul celeste y oro): Oreja y silencio. Joselito Adame (verde botella y oro): Silencio y ovación con división.  Andrés Roca Rey (gris plomo y plata): Palmas y silencio. Incidencias: Sobresalieron en banderillas Rafael Viotti, que cuajó dos buenos pares al 2o., y Gustavo Campos, que lució en el 6o. Ambos saludaron. Y en la brega, Diego Bricio, que lidió muy bien al 4o. Y también saludaron por partida doble Ángel González y Héctor Rojas, tras parear al 7o. 






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